
Pecados nuevos
En los primeros tiempos de la catolicidad, los pecados capitales eran ocho, pero hace algo más de 1400 años se suprimió uno -el orgullo-, por lo que el papa Gregorio I oficializó una lista de siete: la envidia, la codicia (o la avaricia), la pereza, la gula, la soberbia, la ira y la lujuria.
La BBC de Londres opina que esa tanda perdió casi toda vigencia, ya que resulta, hoy, muy poco representativa de las vergüenzas fundamentales de la humanidad. Filósofos británicos creen, por ejemplo, que la pereza, en tanto pecado, constituye una vulgar zarandaja del ánimo, una antigualla costumbrista del todo venial e incompatible con las corrupciones que la civilización ha sabido auspiciar.
La BBC es una cadena de emisoras radiales y canales de televisión y llevó adelante una encuesta que comprendió a todo el Reino Unido y que arrojó conclusiones de este porte: el 63 por ciento de los británicos estima que aquella primitiva nómina rebosa colosal ingenuidad y que, vista como un compendio de pecados, podría integrar cualquier catecismo de aprendiz de político o de aspirante a pez gordo en el proceloso universo de las finanzas.
En cuanto a la soberbia y la envidia, esto afirma el prestigioso pensador Woodrow Peribáñez, parroquiano habitual de las tabernas de Picadilly Circus: "Guste o no, la soberbia forma parte de las virtudes cardinales de cuanto sujeto empuña la sartén por el mango, máxime si se trata de un inconformista voluptuoso e insaciable. Y la envidia, ¡ah, pobrecita!, se ha vuelto una indispensable carta de crédito para todo individuo con ganas de superar su condición de triste proletario".
De acuerdo con la compulsa, los pecados capitales decididamente out resultan ser la ira y la gula, entendidos como rasgos normales de la personalidad de cuanto sujeto transita el estresado tiempo presente. Y Peribáñez, de pronto ceñudo, hace saber que la lujuria es también un pecado obsoleto: "Es muy raro de experimentar, como no sea mediante las burdas ensoñaciones que suele proponer el chateo cibernético".
Sociólogos londinenses juzgan que, a quince siglos de establecidos, no parece descabellada la idea de armar una nueva lista de pecados capitales. De los tradicionales sólo debería permanecer el opíparo pecado de la codicia, y en reemplazo de los otros podrían ingresar la crueldad, el fanatismo (incluso el fanatismo religioso), la violencia, la hipocresía, el enriquecimiento obsceno, el armamentismo, la pobreza ocasionada, el hambre infligido?
"La modernidad, de tan generosa, quizá contribuya a que los pecados capitales no sean apenas siete", musita Peribáñez, muy socarrón al cabo de su tercer Bloody Mary.





