
Peligroso capitalismo de amigos
De todos los sistemas conocidos, pasados y presentes, el capitalismo es el más apropiado para expresar en libertad las ambiciones y la creatividad, siempre y cuando funcionen las instituciones democráticas que regulen la actividad económica, que no pueden afectar las libres oportunidades ni deben entorpecer el riesgo y la oportunidad, cuestiones esenciales que suelen no estar presente en la Argentina de estos días.
Sería osado afirmar que nuestro país forma parte -como debería ser-del mundo capitalista, donde deben imperar los negocios claros y la obtención de genuina rentabilidad. Aquí, ahora, el esquema deseado que implicaría la salud en las relaciones entre compañías y personas se manifiesta, por el contrario, con una enfermedad que tiene nombre y apellido: "Capitalismo de amigos".
En ese mundo de "facilidades especiales", la rentabilidad de las distintas actividades no se define por la destreza o la creatividad de los empresarios sino por la cercanía al poder político en todas sus manifestaciones. Ese tipo de capitalismo altera las reglas de la libre competencia porque sus beneficiados obtienen ganancias imposibles de lograr por las vías normales en un sistema donde existe un mercado con libre acceso y con opciones. Unos pocos ganan mucho. La mayoría pierde, quiebra o se mantiene en una meseta.
El capitalismo de amigos está conformado por empresarios cercanos al soberano, que reciben favores muy especiales y sugestivos del "Príncipe". Por ello está obligado a cumplir con devoluciones de todo tipo. Así, el Estado libra batallas contra el libre mercado, altera el clima de los negocios, ofrece ventajas en las licitaciones, perjudica intencionalmente y se vale del silencio, de la información o del hostigamiento. El proceso de acumulación, pilar del capitalismo, pasa a depender del poder político. Un grupo de "amigos próximos" no carga con los costos de lo incierto. El Estado se pone al servicio de esos amigos.
Para los más importantes especialistas, el crecimiento, el desarrollo y el progreso económico constituyen la única vía para satisfacer las necesidades y demandas de los ciudadanos. El capitalismo de amigos hiere a los tres ejes y hasta los destruye, porque maximiza la tasa de ganancia de los "amigos" y no de la sociedad. Ese es el máximo de los peligros: que esos pocos socialicen las pérdidas y privaticen los ingresos y beneficios.
La acepción se origina en los Estados Unidos. Es el crony capitalism , con todas sus variantes. Crony quiere decir amigo, compinche. Y hasta puede ser sinónimo de socio. La expresión alude a la creación de posiciones privilegiadas para determinados agentes económicos a partir del uso de facilidades políticas que, de un modo lícito o ilícito, pueden alterar el normal ciclo de la economía.
En la Argentina, el capitalismo de amigos tiene nombre y apellido y hasta una ventanilla especial a través de la cual algunos se hacen ricos de la noche a la mañana. En Brasil se lo llama "capitalismo de lazos", una expresión que grafica la relación entre empresas e instituciones, sobre todo financieras. Por ella, las empresas obtienen información asimétrica, especial, reservada, que lleva agua al molino de los interesados.
Esas maniobras especiales a veces llegan a una cleptocracia, es decir, el establecimiento de un poder basado en la apropiación de capital mediante la corrupción, que suele derivar en clientelismo político, en nepotismo o en peculado. Los "amigos" suelen rondar las actividades donde el Estado tiene reservas de mercado o que son reguladas por el gobierno. Son negocios muy concentrados, donde se maximiza la tasa de ganancia. Acceder a ellos depende de la voluntad del poder político. Por ejemplo, el sector del petróleo o el energético en general, o el de las compañías que se mantienen expectantes de las tarifas que fija la administración oficial, el del juego y las apuestas.
Las estadísticas confirman que en los últimos 25 años el Estado (o la sucesión de los gobiernos) pasó de manejar el 25% del Producto Bruto Interno al 50.
El capitalismo de amigos siempre se mantiene alerta para meter la cola. Los ex gerentes de las empresas que pertenecían a lo que se llamó la Unión Soviética mutaron en propietarios. En alianza con la KGB, integran hoy la oligarquía rusa, de sesgo mafioso, que se sucede a sí misma como en una rueda mágica. En el pasado no muy lejano de nuestro país, los favores a determinados empresarios estuvieron a la orden del día. Sin embargo, nunca como ahora los amigos del poder se presentan, sin pudor, como verdaderos Houdini, Merlín o Mandrake para multiplicar, casi por arte de magia, sus patrimonios.
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