
Pilares de la nueva sociedad
Por Inés Aguerrondo Para La Nación
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El proceso de mundialización de la cultura y de la economía no es opinable. No se trata de si es bueno o es malo. Es. Existe. Los países tienen dos opciones: o tratan de reubicarse y tomar un nuevo ritmo o el proceso les pasa por arriba y sigue su curso. Nadie va a preguntar si creemos que es justo, si lo consideramos adecuado.
¿Cómo nos ubicamos frente al cambio? Hay quienes, abroquelados en el recuerdo del pasado, repiten slogans conocidos, con los que llegan fácilmente al imaginario social y consiguen considerables adhesiones, pero se quedan cortos en propuestas. Son los profetas del pasado.
Otros tratamos de construir el futuro, resignificando los legados que recibimos, y tratando de encontrar una propuesta desde donde sea posible superar los actuales problemas.
El problema es cómo se construye la nueva democracia. ¿Qué forma debe adoptar hoy "el gobierno del pueblo para el pueblo"? ¿Qué condiciones humanas deben desarrollar quienes serán los ciudadanos de esta nueva sociedad?
Y serán nuestras escuelas, nuestro sistema de educación pública, los que tendrán que hacerse cargo de esta tarea.
El recurso más importante
Son claras las tendencias que indican que ingresamos en la "era del conocimiento". Como dicen los Toffler: "Todos los sistemas económicos descansan sobre una "base de conocimientos". Todas las empresas dependen de la existencia previa de este recurso, de construcción social. A diferencia del capital, el trabajo y la tierra, aquél suele ser desdeñado por economistas y ejecutivos cuando determinan las aportaciones precisas para la producción. Y, sin embargo, este recurso es el más importante de todos". (1) Es el más importante y es el más humano. ¿Y por qué es el más humano? Porque sólo conoce (aprende) el ser humano, pero también porque "el conocimiento tiene virtudes intrínsecamente democráticas. A diferencia de las fuentes de poder tradicionales (la fuerza, el dinero, la tierra) el conocimiento es infinitamente ampliable. Su utilización no lo desgasta sino que, al contrario, puede producir más conocimiento. Un mismo conocimiento, puede ser utilizado por muchas personas y su produccion exige creatividad, libertad de circulación, intercambios, críticas constructivas, diálogo. Todas ellas condiciones propias de una sociedad democrática". (2) Una "sociedad del conocimiento" se perfila, entonces, como una forma social superadora de las actuales, a condición de que el conocimiento, que es la base, sea un bien que esté disponible para todos. ¿Cómo se logra? A través de un sistema escolar que sea el encargado de garantizarlo, al cual toda la sociedad le dé no solamente el mandato de hacerlo, sino también los recursos para lograrlo.
Una ética de la solidaridad
Pero no hablamos del conocimiento como valor último, sino dentro de una sociedad ética, con altos valores que construyan lo público como un espacio donde se resguarde realmente el bien común y la dignidad de todo ser humano.
Una sociedad ética y solidaria, ya que solidaridad es lo mismo que responsabilidad, y ésta se traduce en compromiso ético ante la historia. Por mucho que nos pese y reconociendo factores positivos al capitalismo, una de sus consecuencias negativas ha sido el individualismo a ultranza y la competencia (muchas veces desleal) en la que se ha basado.
A lo largo del desarrollo de la humanidad, el instrumento pacífico más potente para lograr esto ha sido la educación. La educación rompe el círculo vicioso de la pobreza, ya que es el determinante fundamental del empleo y, desde allí, del acceso a todos los bienes materiales y culturales que la sociedad ofrece.
Profundidad del proceso de cambio
Dos condiciones básicas parecen importantes frente al futuro: conocimiento y valores. Ambos se distribuyen desde el sistema educativo, desde las escuelas. Es así como "la profundidad del proceso de cambio social que tiene lugar actualmente nos obliga a reformular las preguntas básicas sobre los fines de la educación, sobre quiénes asumen la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones y sobre qué legado cultural, qué valores, qué concepción del hombre y de la sociedad deseamos transmitir". (3) Esto es lo que hace hoy a la escuela democrática. Una escuela que ponga al alcance de todos los habitantes del país, sin distinción de riqueza, raza o religión, el conocimiento y los valores necesarios para participar en una sociedad competitiva y solidaria.
De la ley 1420 a la 24.195
Por esto, cambiar la educación hoy en la Argentina está siendo un imperativo absoluto. No basta con intentar saldar las deudas del pasado. Se requiere un salto hacia adelante. Hemos tenido un excelente sistema de educación cuya condición fundamental para el papel importante que desarrolló fue su condición de pública; es decir, de resguardar la igualdad y la solidaridad, pero también puso el énfasis en su calidad. Por eso fue una respuesta válida para las generaciones pasadas.
Para que la escuela cumpla con los principios que la hicieron válida en el siglo pasado, se está transformando. No se trata sólo de "cambiar los programas". Se ha cambiado la estructura de sistema educativo abriendo espacio a una nueva escuela, un nuevo docente, un nuevo marco para una nueva educación.
Este marco es la ley federal de educación (24.195) que está avanzando en su aplicación en toda las provincias, cada una dentro de sus opciones y posibilidades. Una nueva estructura para la educación (educación general básica -EGB- y polimodal), nuevos temas en todos los grados y años, nuevas actividades, nuevas formas de encarar la enseñanza, nuevos sentidos para la tarea docente, aunque no son generales forman parte ya de la realidad de muchas escuelas.
Es la base de un nuevo sistema educativo basado en una nueva idea de escuela pública, de gestión estatal o privada: una escuela para todos, sin exclusiones, con una oferta de calidad.




