
Porque todo tiempo futuro será mejor
No hay que quejarse. "Todo tiempo futuro será mejor", escribió alguna vez José Ingenieros, que era positivista (por aquello del espíritu de época), pero que no se equivocaba.
¿Acaso no vivimos el mejor de los tiempos posibles para el idioma español, por ejemplo? En 2013, cuando la Real Academia Española cumpla 300 años desde su fundación, la fecha la encontrará más hermanada que nunca con las otras Academias americanas, y con algunas tareas cumplidas: la Nueva gramática de la lengua española (Morfología y Sintaxis), la nueva edición de la Ortografía, el Diccionario de americanismos , probablemente la 23» edición del Diccionario y el tomo dedicado a Fonología y Fonética también publicados, y algo más de 450 millones de hablantes del español en todo el mundo.
Aunque hasta ahora muchos de los integrantes de esta congregación multitudinaria y variopinta se vienen mostrando un poco reacios a los últimos cambios. Los pronunciamientos han variado, de acuerdo con el temperamento, el género y hasta la profesión, y van del rechazo más indignado a las dudas razonables. En un correo electrónico, una lectora de esta columna, Mónica Vila Echagüe, expresa así su situación: "Con respecto a los nuevos cambios en nuestro idioma, probablemente no siga la mayoría de las «recomendaciones», pues es difícil cambiar hábitos arraigados desde la infancia. Sin embargo, hay uno que me desconcierta y es la supresión del acento en truhan . Supongo que la supresión en palabras monosílabas como guion tiene su lógica, pero truhan es realmente monosílaba? Sería más lógico modificar la grafía suprimiendo directamente la h ".
El escritor español Javier Marías también se ha puesto en "rebelde" y ha escrito dos columnas seguidas en El País Semanal , tituladas "Discusiones ortográficas I" y "Discusiones ortográficas II", respectivamente (que se pueden leer completas en esta misma página). En la primera, coincide casi textualmente con la lectora Vila Echagüe: "Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir «guión» está forzándome a decir esta palabra como digo la segunda sílaba de «acción» o de «noción», y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga «guion». Tampoco que pronuncie «truhán» como «Juan», que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo «truhan». De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice «truan» y es un monosílabo?)".
Y así sigue y arremete contra muchas otras, a su juicio, contradicciones académicas. Marías aclara también que hace estas críticas a pesar de su pertenencia a la RAE. No quedan dudas de que no integró el equipo de redacción de la Ortografía , coordinado por Salvador Gutiérrez Ordóñez y Helena Hernández Gómez.
De las 800 páginas de la Ortografía , todo el capítulo II (66 páginas) está dedicado a "La representación gráfica del acento: el uso de la tilde". En la página 231, en el párrafo 3.4.1.1, "La acentuación gráfica de las palabras monosílabas", se explica que "las palabras de una sola sílaba no se acentúan nunca gráficamente, salvo en los casos de tilde diacrítica [la que diferencia en la escritura ciertas palabras de igual forma, pero distinto significado]: mes, bien, sol, ve, ya, son, fe, fue, vio, dio, guion ". Y en un recuadro aparte advierte: "Así, se escribirán siempre sin tilde palabras como guion, truhan, ion, fie, liais , etc., aunque para una parte de los hispanohablantes (los que articulan con un hiato las secuencias vocálicas que contienen) estas voces sean bisílabas en su pronunciación".
Desde las públicas discusiones de Andrés Bello y Sarmiento (del cual mañana se cumplen, sin demasiadas alharacas, 200 años del nacimiento) que académicos y hablantes no se ponen de acuerdo. Es que hablar y sobre todo escribir bien un idioma, aunque sea el materno, no es sencillo.
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