Provincias pobres y provincias ¿ricas?

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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7 de noviembre de 2013  • 01:19

El tema del federalismo económico puede resumirse así: aunque muchas provincias pobres siguen recibiendo recursos de otras desde hace al menos 20 años, aún siguen siendo pobres. Las provincias más ricas vienen aportando todos los años sumas enormes de dinero para las provincias pobres y, al cabo de muchos ejercicios de entregar sus recursos, esas provincias ricas también se están empobreciendo. Esto así no puede funcionar. No es lógico que la conducción estratégica del país mantenga esta política de consumir los recursos y que, al final, nos demos cuenta de que no logra resultados duraderos para nadie.

Para poder medir este problema adecuadamente hemos considerado a cada provincia como un estado autónomo. Se han calculado los recursos impositivos que genera cada provincia en base a la producción sectorial de cada jurisdicción. De esta forma se han distribuido los impuestos nacionales a cada estado local. Los impuestos provinciales y municipales se han asignado a la provincia respectiva.

No es lógico que la conducción estratégica del país mantenga esta política de consumir los recursos y que, al final, nos demos cuenta de que no logra resultados duraderos para nadie

Los gastos de la Nación (como no tiene ningún territorio propio) se han asignado a cada provincia en base al lugar de cobro de los empleados nacionales o jubilados y pensionados. Los gastos de inversión nacionales se distribuyeron por provincias según el lugar donde se ejecuta la obra. Los intereses de la deuda pública nacional y los superávit o déficit del gobierno nacional no los hemos asignado a ninguna jurisdicción por falta de datos. Esto no modifica los análisis que estamos haciendo acerca de quién pone o recibe dinero de una u otra provincia.

Finalmente, hemos comparado las provincias que aportan y las que reciben fondos con los niveles de pobreza de cada provincia, tomando el promedio de varios años para poder representar mejor la realidad de largo plazo.

El concepto pobreza que estamos utilizando es el de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) que está relacionado con las condiciones de vida. Para ser pobre, según el Censo, hay que tener algunas de las siguientes privaciones:

  • - Hacinamiento: hogares que tuvieran más de 3 personas por cuarto
  • - Vivienda: hogares que habitaran en una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo)
  • - Condiciones sanitarias: hogares que no tuvieran ningún tipo de retrete
  • - Asistencia escolar: hogares que tuvieran algún niño en edad escolar que no asista a la escuela.
  • -Capacidad de subsistencia: hogares que tuvieran 4 o más personas por miembro ocupado y, además, cuyo jefe tuviera baja educación.
  • El concepto de pobreza por NBI da en 2010 un nivel de 9,1% de la población del país, en tanto que el concepto de pobreza por ingresos para ese mismo año da 28,7%. Consideraremos el menor, pero sabiendo que la pobreza por ingreso e inflación triplica a la calculada por NBI.

    El cálculo fiscal de cada provincia, como si cada una fuera totalmente autónoma es el único método que permite analizar la verdadera realidad de las transferencias de recursos interjurisdiccionales. Las regiones que tienen más pobreza, como Formosa, Salta, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy y Misiones, entre otras, son las que más dinero reciben de las poblaciones radicadas en otras regiones. En este cálculo, el Estado nacional no cuenta, pues todo lo que gasta o recauda se ha distribuido en alguna provincia, aquí no se le puede echar la culpa al Estado Nacional, ¡el problema está en los gobiernos federales!

    El menor nivel de pobreza por NBI lo tiene La Pampa, con un 3,5% y no aporta ni recibe fondos. De acuerdo a este cálculo, Córdoba y CABA, que deben aportar todos los años unos u$s 1500 millones, tienen una pobreza de 6%, ya mayor que la de La Pampa que no desangra nada.

    A Santa Fe, una provincia muy rica que debe entregar todos los años unos u$s 2500 millones, le empieza a crecer la pobreza por NBI, la que llega al 6,5%, casi el doble de lo que tiene una provincia que no desangra.

    Buenos Aires, que aporta casi u$s 3800 millones por año a las demás provincias, tiene una pobreza NBI de 8%, similar a la de Chubut, Neuquén, Mendoza y Santa Cruz (provincias petroleras) que no aportan cifras altas a otras jurisdicciones.

    ¿Cómo es posible que una provincia rica, como Buenos Aires, tenga tan alta pobreza? Se debe a que, tal como está diseñado el esquema fiscal, debe entregar una enorme suma de dinero a otras provincias, las cuales en lugar de crear fuentes de trabajo permanente con ese dinero, dan subsidios - ya sea tomando más empleados públicos que no son necesarios o como subsidios directos o indirectos a las poblaciones que no se orientan, en definitiva, al trabajo productivo-. El clientelismo y las reelecciones en todas las provincias son producto de este esquema político que esteriliza el esfuerzo de los que trabajan y generan riqueza para que otros la consuman sin producir nada. No va más.

    Son u$s 9800 millones por año que se le extraen a las provincias "ponedoras" para darle a las "receptoras". Por eso la curva de pobreza, que viene reduciéndose a medida que bajamos a provincias más ricas, vuelve a crecer para Santa Fe y Buenos Aires, provincias que antes no tenían pobreza, eran ricas. Esta extracción sin tasa las perjudica mucho.

    El clientelismo y las reelecciones en todas las provincias son producto de este esquema político que esteriliza el esfuerzo de los que trabajan y generan riqueza para que otros la consuman sin producir nada

    ¿Qué hay que hacer? No se puede resolver de golpe este problema, pero hay que ponerle un límite en el tiempo, digamos 5 años. En ese lapso las provincias que reciben aportes tienen que crear, con parte de dichos aportes, fondos de inversión provincial para desarrollar empresas que ocupen gente, que sean empresas competitivas, que constituyan una inversión reproductiva.

    Hay que controlar que esos fondos no vayan a parar a las manos de los amigos del poder sino que sean destinados a crear empresas de clase mundial, que en cada provincia generen una constelación de Pymes proveedoras o distribuidoras de esas empresas y que puedan ir ocupando productivamente a toda la población en forma gradual. El Estado provincial tenderá a ser más ágil y más verdaderamente federal.

    No podemos seguir esterilizando fondos de esta manera. Para poder entender lo que quiero decir me basaré en un ejemplo hipotético. El caso sería como si Uruguay tuviera que entregar cada año unos u$s 3800 millones a otro estado sin recibir nada a cambio. ¿Qué pasaría con Uruguay en ese caso? Se volvería pobre también.

    Esto es lo que hacemos nosotros: Buenos Aires, por ejemplo, entrega ese monto todos los años a otras provincias. ¿Lo hacemos quizá sin darnos cuenta? Puede ser, hay una gran maraña legal cambiante en este aspecto, hay pactos federales que modifican las leyes, hay ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que son discrecionales del Poder Ejecutivo, hay incumplimiento de la esperada Ley de Coparticipación Federal que estableció la Constitución de 1994 y también tenemos presupuestos nacionales con metas de crecimiento e inflación dibujados, que permiten después reorientar las partidas.

    ¿Cuál es el resultado mientras seguimos esperando? Creamos pobreza en todos lados, a los que son pobres los mantenemos pobres y a los que eran ricos les sacamos los recursos hasta que se vuelven pobres también. Gobernar significa crear empresas productivas, invertir, para que cada uno, trabajando productivamente, viva cada vez mejor de manera permanente. Lo podemos hacer, pero no se hace solo, hay que pedir cambios a las autoridades y hay que participar hasta lograrlo.

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