
Psicogénesis
1 minuto de lectura'
"MI hermanito, que tiene siete años, está todavía en la etapa presilábica", afirma la adolescente, definiendo, de una manera técnica supuestamente reservada a los especialistas o los docentes, la situación de desarrollo de la criatura con respecto a la lectoescritura inicial. La chica pertenece a una familia humilde, de clase media baja (o algo menos), que vive en una zona pobre del Gran Buenos Aires.
En los periódicos aparecen, sobre todo en los tiempos iniciales del año escolar, avisos en los cuales se piden maestras especialistas en psicogénesis. Esta expresión se ha vuelto popular entre nosotros, al punto de trascender los límites de los cursos para docentes o el material bibliográfico especializado.
Hace ya varios años que un gran movimiento de transformación en los métodos de enseñanza de la lectura y la escritura inicial viene difundiéndose en nuestro país y también en otros lugares del mundo. El fenómeno se ha generado con escasa o nula participación de los poderes públicos.
Fue poco lo que hizo falta para que los docentes se informaran; algunos libros o materiales de trabajo dedicados a estas nuevas orientaciones tuvieron múltiples ediciones. A través de cursos o mediante la comunicación boca a boca, las propuestas psicogenéticas fueron cobrando alas.
Las novedades introducidas en la manera de enseñar a leer y escribir han dado lugar a polémicas importantes. Los padres se sienten a veces confundidos con lo que sus chicos hacen en primer grado. Algunos se admiran con los resultados. Otros, producen fuertes críticas.
La semana última se realizó, en el salón de actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, un congreso en homenaje a Jean Piaget, en el centenario de su nacimiento. Piaget promovió sin proponérselo, en vida y después de su muerte, ocurrida en 1980, un movimiento que intenta reinterpretar los problemas del aprendizaje.
En el encuentro participaron figuras extranjeras y también especialistas nuestros. Estuvo la argentina Emilia Ferreiro, radicada en México desde hace años, investigadora del problema y visible inspiradora de estas transformaciones metodológicas.
Ferreiro afirma que el fracaso escolar no está democráticamente repartido. Son los chicos de los niveles socioeconómicos más bajos los que más dificultades afrontan en el aprendizaje, en general, y en el de la lectoescritura, en particular. Por eso es que formula propuestas que intentan atacar esos problemas.
Los chicos que aprenden a leer y a escribir con estos nuevos esquemas son llevados a explorar el lenguaje escrito. Los estudiosos que trabajan en la línea piagetiana insisten en considerar lo que los niños hacen por sí mismos, incluso antes de su ingreso en la escuela. Para estudiarlo han desarrollado elaboradas investigaciones.
Lo que se ha descubierto es la existencia de etapas en la evolución hacia el dominio de la lengua escrita. Estas etapas no se rigen por lo que los adultos pretenden, sino por lo que los chicos quieren y pueden hacer.
Las investigaciones realizadas han puesto a la vista el largo camino que lleva al niño a relacionarse con el idioma escrito. También muestran que los chicos, lejos de ser meros imitadores de lo que ven hacer a los adultos, son activos investigadores que buscan sus propias rutas.
Emilia Ferreiro dice que no se debe temer ni al error ni al olvido. Los chicos que aprenden con métodos de base psicogenética escriben con una libertad que incluye la persistencia de errores, como la escritura corrida, sin separación entre palabras.
La suposición básica de estos investigadores consiste en aceptar que la actividad espontánea, descubridora y exploradora del lenguaje escrito, acabará por eliminar estas fallas. Esto es cierto en muchos casos, pero no en todos, especialmente cuando el hábito erróneo le gana a la inteligencia.
Algunas referencias conocidas hacen suponer que son los chicos de niveles económicamente más bajos los que más problemas encuentran en superar los problemas. Esto repite, de alguna manera, lo que pasa en los hogares cuando el niño habla mal y no recibe correcciones.
Ferreiro sostiene la necesidad de respetar al niño, tanto cuando habla como cuando escribe; pero hay problemas cuando el hombre que sucede a ese niño debe salir a buscar trabajo.



