Que nos salve Papá Noel

Por Juan Cambiaso Para LA NACION
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15 de diciembre de 2001  

EL ataque asesino contra las Torres Gemelas actuó de diversas formas. Una de ellas fue como reloj despertador que nos arrancó de algunos sueños que sólo la racionalización, como proceso mental opuesto al razonamiento, nos permitía sostener. Nos guste o no, la Argentina no aparece hoy en el radar de los países centrales ni como objetivo ni como obstáculo.

La falsedad e hipocresía de los considerandos de las normas recientemente dictadas por el Gobierno, cuyo autor es por muchos conocido, es escalofriante. Han llegado hasta la eutanasia: negarles el acceso al salario a los más débiles y demorarles el pago a los viejos jubilados en el mes de las Fiestas. El déficit cero, que es una sanísima norma de vida, cuando los pródigos la aplican a sus propias víctimas después del dispendio es falta infinita de justicia, de seguridad, de educación, de defensa y de salud pública. Aquí y ahora, punto y raya.

Como se acercan las fiestas de fin de año es menester parar en seco la queja lastimera, contener temporariamente el enojo y la furia, y darle espacio al espíritu navideño. Navidad es en parte una fiesta religiosa y en parte una concelebración universal y laica.

El nacimiento que festejamos puede ser el del Redentor para los creyentes en su divinidad, o meramente el de un joven revoltoso, como lo ve el judaísmo, o el de un profeta o precursor, como lo considera el islam. Pero siempre se trata del nacimiento de alguien que cambió la historia del mundo, murió por sus ideas y entregó por ellas hasta su última gota de sangre.

Un generoso amasijo

En la suma adversidad en la que estamos, sólo el amor al prójimo, la paciencia hasta con el cajero del banco que no nos paga y que tampoco cobra porque está igual que nosotros, la mayor cantidad de pequeños gestos cordiales que el malhumor nos permita, la caricia, el abrazo, la palmada, el apretón de manos y el beso nos permitirán mantener el espíritu a flote. Gran contribución al bienestar del prójimo será la postergación del comentario "bajoneador" por unos días.

Cuando era un adolescente, mis padres frecuentaban a un dominico que, con acento ibérico, les decía: "Amaos y amasijaos", usando el segundo verbo con la acepción que hoy damos a franelearse .

Este fin de año tratemos de hacer en nuestras casas las mejores fiestas familiares que la austeridad permita, cocinemos las mejores cenas con lo que tenemos, seamos tiernos con el prójimo, démosles nuestro tiempo a los amigos que estén peor que nosotros y tomemos fuerza de los que están mejor.

Porque, como todos sabemos, Papá Noel no existe, o, mejor dicho, somos nosotros mismos. Y si no nos salva Papá Noel, si no nos ayudamos nosotros mismos y entre nosotros, perderemos una formidable ocasión. Como decía el cura dominico cuya frase saltó del último cajón de mi memoria al escribir estas notas, sólo un generoso amasijo de amor nos permitirá atravesar esta grieta dolorosa. Nada nuevo, algo así dijo un judío revoltoso hace dos mil años y uno. Paz, shalom , salam .

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