
Qué partido vas ganando, Javi querido
A ver si nos entendemos: ya sé que la reforma laboral con media sanción del Senado es algo pobretona, le amputaron las alas y bla bla bla. Me dirán, además, que hoy los artículos modificados –modificados por las fuerzas del mal, como la CGT y empresas prebendarias– se les ríen en la cara a los artículos que mantienen su redacción original, un grupete aislado, tristón. OK. ¡Pero vamos a tener ley laboral! ¡Dios existe! Y la vamos a tener sin Banelco: apenas hubo que disuadir con oportunos fondos a unos cuantos gobernadores, porque, ya lo dijo San Francisco de Asís, es dando como se recibe. Ni siquiera hace falta haber leído el texto fraguado en medio de tironeos non sanctos para llegar a una conclusión: si recibió el rechazo masivo del kirchnerismo, ¡es buenísimo! Cualquier argentino mayor de 18 años está en condiciones de ser un extraordinario diputado o senador: espera que voten los kukas y después vota lo contrario.
Fatal crisis la del PJ: mientras sus legisladores se debatían para frenar un proyecto “opuesto a las conquistas del pueblo trabajador”, la pelea de su jefa apuntó a objetivos más profanos: que le restituyeran una jubilación de privilegio y no le limiten las subidas a la terraza. Este último reclamo tiene su miga: si se concreta el decomiso de 141 propiedades de su familia que pidieron los fiscales Luciani y Mola, hasta la prisión de cinco ambientes de San José 1111 quedará para el Estado. En ese caso, ella se haría fuerte en la terraza.
Me olvidaba. Zurditos inquietos expusieron sus razones contra lo que estaba por votarse: fuego, palos, piedras y bombas molotov. Hay que encerrarlos a todos en el cinco ambientes.
Nicolás Balinotti, nuestro experto en la industria sindical, escribió que Javi, al ceder a las aviesas pretensiones de la CGT con tal de que la reforma prosperara, se dio un nuevo apretón de manos con la “casta sindical”. Ninguna novedad. ¿Desde cuándo Javi se pone en exquisito a la hora de saludos y abrazos? Vayamos dejando de lado esa imagen de mesías enviado a esta tierra de pecadores en misión redentora, salvífica. Apenas quiere salvar a su gobierno, lo cual no es poco. En dos años y dos meses de mandato ha estrechado las manos de Spagnuolo, Hayden “Cripto” Davis, Scioli, el exsenador “Valija” Kueider, Lule y Martín Menem, Andrés Vázquez (el jefe de los recaudadores de impuestos, investigado, entre otras preciosuras, de evasión impositiva), tenebrosos espías y cuanto diablillo ande por ahí suelto. Hace muy bien: lo guían designios superiores. Total, después se lava las manos.
Por sus frutos los conoceréis. Gracias a que el Pelu no es excesivamente escrupuloso se hace amigo de inescrupulosos, tipo Trump, amistad que nos rescató en octubre de un abismo financiero. A su proverbial tolerancia –“odio la casta; luego, me asimilo a ella”– le debemos también la monumental ley Bases, la suspensión de las PASO, el presupuesto 2026, y van viento en popa la reforma laboral y la baja de imputabilidad a los 14 años; todas normas paridas con fórceps y que vienen al mundo un poco minusválidas, pero que claramente suponen progresos; tiros para el lado de la justicia. Lo de los 14 años está muy bien, pero, mmm… Algo de cárceles he ido aprendiendo (no por Cris, por Espartanos, un milagro argentino), y me encantaría conocer qué tienen pensado para reencausar a esos chicos, que merecen ir en cana. Como están hoy las cosas en nuestros penales, saldrán más grandes y serán, obvio, grandes delincuentes. En fin. Del León hay que esperar rugidos, el dominio sobre las otras especies (PJ, UCR, Pro, de las que se alimenta), cierto orden en la jungla, una cultura política animal print. No mucho más, por ahora. Se hace lo que se puede, y lo que no se puede se trae barato de China.
El mejor ejemplo: la inflación. Si bien la bajaron de un hondazo mediante disciplina fiscal y, todo sea dicho, caída del consumo, la muy guachita se resiste. Javi le tira con munición power: escuela austríaca, apertura de importaciones, aplastamiento del dólar… Y, en especial, con profecías. Desde que asumió viene poniéndole fecha –casi con precisión de día y hora– al triunfo final y definitivo sobre ese flagelo. “En agosto será 0%”, es su última bienaventuranza. ¿Nos miente? No. Nos ilusiona. Para el 1° de agosto faltan nada más que 168 días. Como que te ponés a ver una serie y cuando termina, oia, desapareció la inflación. Venimos del desastre de enero: 2,9 (en un mes, lo que tienen la mayoría de los países en un año; según el FMI, el promedio mundial en 2025 fue 4,2). ¿Nos melonea el Indec al no cambiar la vieja fórmula de medir los precios? No. Nos da ánimos. “¡Vamos, solo faltan 168 días!”. Harto de que le cajonearan la aplicación del nuevo índice, más preciso, más realista, Marco Lavagna cargó con sus petates y ganó la calle. Desde entonces se ha convertido en mi consultor fetiche. Todos los meses me va a pasar la inflación blue.
Posmodernidad en leyes laborales, calles liberadas de chicos malos, precios que se vuelven aburridamente constantes… Qué partido, Javi. Es un afano, suspendaló.







