
Rama Yade, la temperamental ministra que le dice no a Sarkozy
Joven, brillante y combativa, verdadero ícono de las minorías étnicas y de una Francia multirracial, la secretaria de Estado de Derechos Humanos es una de las figuras con mejor imagen de la política francesa, con un 60 por ciento de aceptación. Paradójicamente, la virtud más apreciada por la opinión pública es su capacidad de enfrentar al presidente francés
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PARIS
De todos los ministros de Nicolas Sarkozy, Rama Yade es sin duda la más bella, la más libre, la más imprevisible y, por el momento, la más apreciada por los franceses. Por las mismas razones, también es la más envidiada y la más criticada por sus pares del gobierno.
Ramatoulaye Yade, esa brillante y escultural mujer de 32 años de origen senegalés que Sarkozy puso al frente de la secretaría de Estado de Derechos Humanos, representa -junto con su colega del ministerio de Justicia, Rachida Dati, de origen marroquí- la voluntad presidencial de apertura a la "diversidad cultural". Pero si Yade se encuentra hoy en el cénit de los sondeos con 60% de opiniones favorables, superando ampliamente a todos los miembros del gobierno francés -y sobre todo a su mentor-, no se debe a su condición de ícono de las "minorías étnicas o raciales" y los jóvenes. Su virtud más apreciada por la opinión pública es, paradójicamente, su capacidad de decirle "no" a Sarkozy.
Para los franceses, la benjamina del gobierno es ante todo la única que tuvo el coraje de resistir a la orden del presidente de encabezar la lista europea que presentará el gobierno en la región de París. Fue a partir de ese momento que el nivel de simpatía que muestran las encuestas subió como una flecha.
Desde entonces, también, el presidente la puso en cuarentena y los otros miembros del gobierno comenzaron a atacarla. "Sólo existe porque Sarkozy la fabricó. Uno hace una inversión, la hace fructificar y, cuando llega el momento en que se quieren recuperar los beneficios, vean lo que pasa", lanzó el diputado del oficialista partido UMP Christian Estrosi. Más feroz aún, la ministra de Salud Pública, Roselyne Bachelot, dijo con perfidia: "El día que Rama Yade muestre sus verdaderas capacidades, se desplomará en los sondeos".
Pero la razón de ese desamor es otra: cuando todos imaginaban que la inexperimentada funcionaria acataría estrictamente el célebre axioma francés "sé bella y cállate", Rama Yade los dejó con la boca abierta afirmando sus ideas a veces con una extravagante virulencia. "Cuando se formó el gobierno [en mayo de 2007], me disgustó que me pusieran en la misma bolsa con Rachida Dati y Fadela Amara [secretaria de Estado de la Ciudad, de origen argelino], como si estuviéramos en un zoológico. Como si nuestra legitimidad fuera sospechosa. Yo no me despierto cada día pensando ?¡Oh, Dios mío, soy negra!´. Siempre me vi en mi integralidad", suele repetir.
Desde lo alto de su 1,80 m de estatura, Rama Yade tiene la insolencia de la juventud mezclada con la altiva susceptibilidad africana. Guiada por esa necesidad de decir sin bemoles lo que siente, confiesa que su propia audacia a veces consigue sorprenderla.
Su primer acto de rebelión se produjo en el verano de 2007, cuando el presidente la obligó a viajar a Túnez, "el Estado policial del presidente Ben Ali", según ella. Su descontento fue tan visible que Sarkozy tuvo que ordenarle que se callara la boca y evitara reunirse con la oposición. En el avión de regreso, alguien vino a buscarla para advertirle que el presidente la quería ver: "¡Estoy durmiendo!", contestó.
"No seré el primero en decir que tiene un carácter realmente espantoso", reconoce el periodista Jean-Pierre Elkabbach, que fue su director antes de que Rama entrara al gobierno. Su afán por probar su independencia -¿o su deseo de revancha?- la llevó pocos meses después a desatar un escándalo aún mayor. Indignada por la visita oficial del presidente libio, Muamar Khadafy, a Francia, afirmó: "El coronel Khadafy debe comprender que nuestro país no es un felpudo en el cual un dirigente, sea terrorista o no, puede venir a limpiarse los pies manchados por la sangre de sus crímenes. Francia no debe recibir ese beso de la muerte".
Carácter fuerte
En medio del alboroto político que provocaron esas declaraciones, el secretario general de la presidencia, Claude Guéant, se vio obligado a reconocer que "Rama Yade no está al servicio personal del Elíseo". Su osadía, sin embargo, le valió una explicación agitada con el jefe del Estado.
"Tiene un carácter muy fuerte. Hacerle dar la mano a Omar Bongo [presidente de Gabón] fue realmente muy complicado. Rama es como un caballo salvaje", admitió recientemente el primer ministro François Fillon.
Pero Rama es así. El día que la nombró, Sarkozy le advirtió que debía ser menos agresiva. "¡Nadie me habla en ese tono!", le respondió. El presidente no lo podía creer.
Por esa razón, las relaciones entre Sarkozy y su secretaria de Estado oscilan entre la fascinación y el fastidio. Los dos se estiman y se detestan. El presidente quisiera que Rama le estuviera eternamente agradecida por haberla propulsado a la cima del poder, pero ella no deja de tratar de reafirmarse y mostrar al público que está a la altura de su función. Como ningún otro de sus colaboradores, Yade es capaz de hacerle frente y de ponerlo en situaciones difíciles y después tratar de hacerse perdonar con disculpas y cajas de bombones en forma de corazón.
Esa es sólo una de las tantas contradicciones que signan su personalidad. Para comenzar, Rama Yade pertenece tanto a Senegal como a Francia. La niña nació en Dakar el 13 de diciembre de 1976 y durante 11 años vivió feliz en el seno de una familia de intelectuales. Su madre, profesora de historia, y su padre, secretario personal del presidente Leopold Sédar Senghor, incitaron a sus cuatro hijas a esforzarse en el camino del estudio. A pesar de ser musulmanes, los padres prefirieron para ellas la disciplina de la escuela católica.
En 1987, ese padre diplomático trajo a su familia a Francia, a un barrio residencial de las afueras de París. Pero tres años después se fue, solo, a rehacer su vida en Senegal. "Una constata que se fue y no se hace preguntas. No es como en las familias normales donde te convocan, te dicen lindas palabras y después te mandan al psicólogo", explica. Rama volvió a ver a su padre a los 22 años, cuando hizo una pasantía en el Consejo Económico y Social de Dakar, después de terminar en forma brillante sus estudios en el prestigioso instituto de Sciences Po de París.
Mientras tanto, "luchamos por sobrevivir. Cuando llegamos a Francia no éramos pobres y terminamos en la calle", precisa. Para mantener a sus hijas, su madre, Aminata, trabajó de mucama, cuidó niños y ancianos. Y Rama tuvo que tragar su orgullo y escribirle al alcalde comunista de su ciudad para rogarle que evitara que las expulsen del exiguo departamento en el que vivían. "Fue así desde que tenía 15 años. Pero ¿qué podía hacer? Todo lo que me pedía mi madre era que estudiara. Hoy no miro hacia atrás. Cada vez que lo hago, siento deseos de venganza", confiesa.
En 2000, tras terminar sus estudios, Rama trabajó como asistente parlamentaria de Yves Cochet. El líder verde todavía se declara "impresionado por sus cualidades intelectuales". Después aprobó el examen más difícil de la administración francesa e ingresó a la función pública como administradora del Senado.
Nueva paradoja: mientras su experiencia de vida hubiera debido llevarla a militar en las filas de la izquierda, terminó siendo un ícono de la derecha. "Cuando uno nace en otra parte y emigra a una nación constituida -explica-, se siente naturalmente atraído por las ideas de izquierda. En aquel momento, la derecha encarnaba para mí un modelo nacional paralizado, que no favorecía a los recién llegados". La pasión por la política la haría cambiar de opinión.
Según afirma, ese cambio se produjo cuando conoció a Sarkozy, entonces ministro del Interior. Ese día Rama dejó "de votar en blanco para votar por Sarko". Pero su nacimiento real en política se produjo el 14 de enero de 2007, en el congreso de investidura del candidato oficial a la presidencia. Ese día, Sarkozy le pidió que subiera a la tribuna. "Quisiera demostrar que los jóvenes son el futuro de la UMP", dijo. "Y que nuestro partido se parece a la Francia actual. Puedes decir lo que quieras".
Según el aplausómetro, el discurso de Rama hizo historia. Pero su entusiasmo no le impidió deslizar un consejo que se pareció mucho a un reproche. Según ella, en el capítulo de la inmigración, Sarkozy debería "siempre acompañar de humanismo su acción. Porque siempre es más eficaz respetar las formas, sobre todo cuando se trata de poblaciones de tradición oral. Para ellos, las palabras son importantes", advirtió. La alusión no escapó a nadie. Rama había detestado algunas fórmulas favoritas del futuro presidente como "limpiar [la ciudad] con un Kärcher".
Durante un breve paso por la alcaldía de París, ella, la musulmana "que lleva su tapiz de plegaria a todas partes", según el pérfido ex ministro Michel Charasse, se enamoró de un judío azkenazi, hijo de un cantante yiddish que vive en Dakar. Pero Rama, la militante de derecha, se casó en septiembre de 2002 con Joseph Zimet, de 34 años, un hombre de izquierda, ex discípulo de Dominique Strauss-Khan, el actual director general del FMI. Hoy ambos trabajan en la cancillería.
En los pasillos del poder, la joven secretaria de Estado descubrió las zancadillas, "los círculos de personajes siniestros", "los adversarios" dispuestos a enjabonarle el piso, "los conservadores" hostiles a su juventud insolente, los "quejosos serviles", en las antípodas de su costumbre de hablar claro. Hasta su ministro de tutela, el canciller Bernard Kouchner, confesó que "fue un error" haber propuesto la creación de la secretaría de Estado de Derechos Humanos.
Rama sigue imperturbable. Pese a los pájaros de mal agüero que anuncian su inminente destitución, sabe que su popularidad es su mejor arma. ¿Puede Sarkozy separase impunemente de una ministra emblemática, tan apreciada por los franceses, en momentos en que su propia popularidad está por el piso?
Ella no lamenta nada. "Lo hecho, hecho está", sostiene. Rama Yade mira lejos y apuesta por el tiempo. "No tengo plan de carrera", afirma, pero el triunfo de Obama en EE.UU. fue uno de los momentos clave de su propia vida. "Aunque tenga ambiciones, no diré cuáles son. De lo contrario, no se cumplirán", dice. Digna heredera de sus ancestros africanos, sabe que "las cosas llegan cuando tienen que llegar". Y eso ocurrirá, lo quiera Sarkozy o no.
Quién es
Nombre y apellido:
Ramatoulaye Yade
Edad:
32 años
De Senegal a Francia
Nació en 1976 en Dakar, Senegal, en el seno de una familia de intelectuales. Su madre era profesora y su padre, secretario del presidente Leopold Sédar Senghor. Aunque eran musulmanes, ella asistió a un colegio católico.
De la mano de Sarkozy
En 2000 se graduó en el Institut de Sciences Politiques, de París, y ocupó diversos cargos públicos antes de unirse al partido UMP, de Sarkozy, quien en mayo de 2007 la nombró secretaria de Estado de Derechos Humanos.



