
Recelos a la escandinava
Fuertes disputas y desacuerdos por la fusión de empresas telefónicas han hecho visibles para el resto del mundo algo que parecía inconcebible: que noruegos y suecos hagan aflorar sus instintos agresivos en las relaciones comunes. Es un enfrentamiento en el que se mezclan el nacionalismo, la arrogancia y los intereses comerciales.
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OSLO.- PARA el observador no muy enterado, los suecos y los noruegos (los Olsons y los Olsens) pueden parecer intercambiables. Ambos son pueblos prósperos, predominantemente de ojos azules y reservados. En el escenario mundial se encargan de entregar premios mundiales y predicar la cooperación en escala mundial, al tiempo que reservan sus instintos agresivos, si los tienen, para los concursos de esquí.
En la privacidad de su península cubierta por las nieves, sin embargo, Suecia y Noruega últimamente han parecido "dos ciegos dándose golpes en una autopista", en las palabras de un comentarista danés. Oficialmente, ambas naciones están pasando por una etapa de desacuerdos en el ámbito de los negocios.
Una fusión entre las empresas de telecomunicaciones de Suecia y Noruega, ambas de propiedad estatal, se ha enfrentado a un profundo desacuerdo. No oficialmente, esta discordia telefónica ha expuesto una oscura corriente de chauvinismo y agresión: precisamente el tipo de cosa que la nueva era de la globalización supuestamente debería haber hecho obsoleta.
En semanas recientes, el ministro de gobierno de Suecia dijo despectivamente que Noruega era "el último Estado soviético". Altos funcionarios noruegos calificaron de mentirosos a los suecos y se preguntaron si realmente sabían leer. El principal ejecutivo de la compañía que brevemente se fusionó incluso llegó al extremo de derribar de un empujón a un periodista de radio, darle luego un puntapié en la espalda, para explicar después, no muy convincentemente, que "parecía un drogadicto".
Resabios de la era colonial
Las tensiones entre Noruega y Suecia tradicionalmente se relajan mediante el uso del humor. Cuando un periodista sueco culpó a Noruega por el fracaso de la fusión y los problemas subsecuentes, un noruego le replicó, en un periódico: "Espero que aumentes doce kilogramos durante las fiestas de fin de año y que te crezca una verruga en la nariz". En esta ocasión, sin embargo, el humor no funcionó. El fin de año se ha visto agriado por un renacimiento de la dolorosa dinámica de la era colonial.
Los noruegos creían que cada socio de la empresa tendría un peso igual en la decisión de los asuntos estratégicos. De forma que, cuando un dudoso doble voto por parte del presidente del Consejo, un sueco, hizo de la cosmopolita Estocolmo, en lugar del rústico Oslo, la base de la tan importante división de telefonía celular, los noruegos se sintieron traicionados. De hecho, sus sentimientos se remontaron a los recuerdos de hace un siglo, cuando el rey Oscar de Suecia utilizó repetidamente su poder de veto para humillar al Parlamento provincial de Noruega.
En contraste, la designación de la sede de telefonía celular fue aclamada en Estocolmo, donde el tabloide Expressen publicó un artículo con el provocativo título: "¡Ha,Ha, Noruega!" En Oslo, el normalmente dividido Parlamento hizo erupción como un solo hombre para demandar que el primer ministro Kjell Magne Bondevik desmantelara la fusión, lo cual él hizo de inmediato. No está claro todavía en qué forma esto ayuda a los clientes del servicio telefónico de Noruega o al desarrollo de la tecnología noruega, pero como táctica de batalla sí tenía precedentes.
En dos ocasiones en siglos previos, los residentes del pueblo fronterizo noruego de Halden incendiaron su ciudad y sólo dejaron cenizas, para expulsar a los suecos.
El petróleo y el orgullo
En la actualidad, 94 años después de liberarse de la Suecia imperial y 30 años después de descubrir petróleo en el mar del Norte, Noruega, cuya población mayoritariamente rural es la mitad de la de Suecia, que es mucho más urbana, sigue disfrutando de su independencia y en busca de su identidad nacional.
"Noruega todavía se define en términos de su relación con Suecia", dice el escritor noruego Tor Bomann-Larsen. "Ser libre e independiente significa deshacerse de los suecos." En la vida diaria, esta rivalidad tiene tintes mucho más benévolos. A los noruegos les encanta comprar en las tiendas suecas, en tanto que los suecos viajan en busca de la serenidad a las montañas de Noruega. Según Aake Daun, etnólogo de la Universidad de Estocolmo, los suecos ven a los noruegos como "saludables y honestos, confiables y deportivos", aunque, para ser sinceros, no como el material ideal para encontrar socios de negocios.
"Los suecos piensan, sin darse cuenta de ello, que Suecia es la parte más grande, más avanzada y más creativa entre los países escandinavos", dice el profesor Dau. "Cuando hablan a los noruegos acerca de cómo se hacen las cosas en Suecia, es como si fueran un maestro de escuela que describe cómo se hacen las cosas en un mundo de adultos."
La explotación por parte de Noruega de las vastas reservas costeras de petróleo ha dado un gran impulso a su autoestima, pero la mayoría de los suecos considera que la Volvo, por ejemplo, y otras grandes firmas manufactureras suecas son más dignas de orgullo nacional. Para ellos era absolutamente obvio que la sede del servicio binacional de telefonía celular estuviera localizada en Estocolmo, donde la gigantesca empresa de telefonía celular Ericsson podría proporcionar sinergia.
Noruega culpa a la arrogancia sueca, más que el nacionalismo noruego, por destruir lo que hubiera podido ser un ejemplo en escala mundial de la tan publicitada tecnología escandinava de telefonía inalámbrica. Pero el problema entre los noruegos y los suecos también se ha convertido en un problema mayor que abarca a la Unión Europea.
En dos ocasiones, los noruegos han rechazado ser miembros en la Unión Europea pese a los grandes beneficios que cosecharían sus empresas, y su aislamiento del resto de Europa se está acentuando.
Víctor Norma, economista noruego, dice que esta pesadilla de las telecomunicaciones podría aislar todavía más a Noruega, mientras Suecia podría buscar la colaboración de otra ex colonia, Finlandia, en sus planes de telecomunicaciones. Si esa fusión se realizara, podría hacerla merecedora quizá del premio Nobel de la Paz.





