
Reconocimiento a Ricardo Monner Sans
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Muchas personas e instituciones vinculadas al ejercicio del derecho en estos días han manifestado su gratitud y reconocimiento a la vida y trabajo del doctor Ricardo Monner Sans.
Solo deseo asumir la representación de quienes fuimos sus compañeros y amigos egresados del Nacional de Buenos Aires en 1954.
Justamente estamos cumpliendo 70 años de bachilleres. Hemos batido el récord de reunirnos siempre, y desde hace unos treinta años los encuentros se prolongaban por dos días, con cama incluida, y la asistencia de algunos compañeros que viajaban desde el exterior para no perderse estas reuniones que nos permitieron mantener vivas nuestras inquietudes sembradas por el Colegio en nuestra adolescencia y juventud.
La temática tenía que ver con la realidad nacional. Ricardo tuvo asistencia perfecta.
Alguna vez fue el orador principal. Siempre un participante atento y deseoso de esclarecer la problemática abordada.
Tanto él como todos nosotros nos hemos sentido muy agradecidos a la formación recibida en el Colegio. Nunca nos hemos resignado a ser simples espectadores de la vida argentina. El Colegio no nos enseñó solo literatura, matemáticas, historia y geografía.
Ante todo nos ayudó a ser personas inquietas y preocupadas por el mundo que nos tocó vivir.
Ricardo aportó muchísimo en su vida. Asumió una tarea ímproba en la lucha contra la corrupción. No me voy a detener en sus acciones concretas, simplemente voy a transcribir lo que publiqué sobre él hace tiempo en algún libro: “Siempre he dicho que si este fuera un país normal, Ricardo debería haber sido, al menos en algún gobierno, defensor del Pueblo. Creo que es una de las personas que más ha trabajado en pro de una ética pública y contra la corrupción”.
Para el final, dos pensamientos. El primero es que si he podido redactar estas líneas, en gran parte ha sido porque tuve como exigente profesor de castellano al padre de Ricardo, el doctor José María Monner Sans… la única materia que puntualmente llevé a examen en todo mi bachillerato.
Y por fin un homenaje al valor de la amistad. Cuando escribo sobre cuestiones religiosas con frecuencia cito esta frase de Jesús dirigida a los apóstoles: “Yo no los llamo siervos, sino amigos”. Ricardo era agnóstico, y yo sacerdote… y creo haber sido uno de sus mejores amigos.
Querido Ricardo, “tus hermanos en el aula y en la vida” te despedimos con las lágrimas asomando en nuestros ojos y un hondo sentimiento de gratitud en nuestros corazones.
Obispo emérito de San Isidro





