
Regreso al General Belgrano: tumba de guerra
En las próximas semanas, una expedición de la National Geographic Society descenderá a 4200 metros de profundidad para obtener imágenes del crucero hundido en la Guerra de Malvinas. En el buque descansan los restos de 323 marinos argentinos, pero sus familiares y la Armada ya han dado su autorización para la misión, que utilizará la tecnología que permitió el hallazgo del Titanic y del Bismarck
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Todo comenzó con el impacto de dos torpedos en una fría tarde del Atlántico sur. El crucero ARA General Belgrano, herido de muerte, emprendió su último viaje, hacia el fondo del mar, arrastrando en su agonía a 323 marinos argentinos.
En los próximos días, casi 21 años después de la peor tragedia naval de nuestra historia, las oscuras aguas se abrirán para dar paso a una expedición científica extranjera que tendrá como misión obtener imágenes de la tumba de guerra más cara a los sentimientos argentinos.
Ayudada por la tecnología que permitió el hallazgo de leyendas del mar como el Titanic o el Bismarck, la Expedición Belgrano -auspiciada por la National Geographic Society- contará con sólo dos semanas de ventana meteorológica para desarrollar su tarea y, como en otras misiones de este tipo, nadie sabe exactamente lo que se podría encontrar, en caso de que los científicos logren dar con los restos del Belgrano -al que presumen partido- a 4200 metros de profundidad.
La idea de localizar y explorar el crucero argentino surgió hace ya varios años en Washington DC, cuando el explorador submarino Robert Ballard planteó a la National Geographic Society, institución en la que ocupa el cargo máximo de explorador residente, su interés por comandar una expedición al Atlántico sur en busca del Belgrano.
Ballard, de 60 años, es un experto en este tipo de misiones en las profundidades de los océanos. La extensa trayectoria de este doctor en geofísica y geología marina incluye los mencionados hallazgos del RMS Titanic y del temible acorazado alemán DKM Bismarck, así como de la flota perdida de Guadalcanal y de varias naves romanas, fenicias y griegas descubiertas en las profundidades del Mar Negro y del Mediterráneo.
Durante sus 30 años de investigación en el Instituto Oceanográfico de Woods Hole, Ballard participó activamente en el desarrollo de los vehículos sumergibles que actualmente se emplean para la exploración submarina. Son estos minisubmarinos los únicos capaces de llevar adelante la búsqueda de embarcaciones que se encuentran a grandes profundidades, como el crucero General Belgrano.
Sin su alma máter
Pero a pesar de haber sido el alma máter de este proyecto, Ballard no formará parte de la expedición. Desde 2000 se encuentra abocado a un ambicioso proyecto quinquenal de exploración de las profundidades del Mar Negro, que le permitirá reconstruir las rutas comerciales marítimas transitadas desde el auge de las ciudades-estado griegas hasta la caída del Imperio Bizantino.
A pesar de la deserción, la National Geographic Society decidió seguir adelante con la Expedición Belgrano. Aunque todavía no ha hecho público quién estará al frente de las tareas de exploración submarinas.
Según un reciente comunicado de la National Geographic Society, los restos del veterano crucero de la Armada yacerían a unos 4200 metros de profundidad y a casi 100 millas naúticas de la costa de nuestro país, dentro de la zona económica exclusiva argentina. Por ello, se espera que, para los próximos días se puedan cerrar todas la cuestiones legales que suelen envolver las llamadas tumbas de guerra.
Esto se debe a que el sitio en el fondo del Atlántico sur, en donde reposa el buque de guerra argentino y en el que perecieron 323 marinos, fue declarado por el Congreso como lugar histórico nacional y tumba de guerra.
Dicha norma dispone que "los restos de los tripulantes que allí yacen no sean perturbados, mientras que la mayor parte de sus familiares no reclame su recuperación. Se aplicarán idénticas medidas respecto de los restos materiales en relación con su posible remoción o alteración por acciones que se dispusieran en el futuro".
En este sentido, voceros de la Armada argentina confiaron a LA NACION que ya se ha consultado a la mayoría de los familiares de las víctimas que, en principio, mostraron su conformidad para que se lleve adelante esta misión.
El papel de la Armada
Ahora sólo falta un decreto presidencial, luego de las correspondientes evaluaciones legislativas y técnicas, para que se disponga la autorización para que comience la operación. Cumplidos estos requisitos, se calcula que, en un par de semanas, se pondrá en marcha la bautizada Expedición Belgrano.
Oficiales y suboficiales de la marina argentina acompañarán -no se sabe aún si lo harán con buques de la Flota de Mar- a los expedicionarios. Su primera misión será la de controlar que se respete la tumba de guerra, al tiempo que se convertirán en activos colaboradores en las tareas de búsqueda.
"La Armada tiene personal altamente capacitado para participar de este tipo de operaciones y está dispuesto a colaborar en esta misión", confió un vocero de la marina. También se agregó que los gastos que le demande a la Armada esta misión serán solventados por la institución científica norteamericana.
Tampoco se descarta que en esta expedición embarquen sobrevivientes y familiares de las víctimas del Belgrano, pero aún no saben quiénes y cuántos podrán hacerlo.
La National Geographic Society, según trascendió, ya estaría por cerrar un contrato con una empresa de transportes navales argentina, para que uno de sus buques se ocupe de todo el soporte logístico durante las operaciones de superficie.
Búsqueda a ciegas
Justamente en esta nave se montarán los instrumentos técnicos y mecánicos necesarios para la misión. Se contará con un sonar lateral de última tecnología, que servirá de plataforma desde la cual se controlarán los movimientos de un minisubmarino equipado con cámaras y diversos dispositivos diseñados para la recolección de datos.
La localización de una nave como el crucero General Belgrano, a casi 4200 metros de profundidad, no es una tarea sencilla.
La paciente localización de los restos de la nave se realizará desde la superficie mediante modernas técnicas de sonar. Se estima que la ubicación demorará entre siete y diez días.
Asimismo, se considera que el tramo más arduo de este trabajo de exploración estará en manos del minisubmarino.
Una vez bajo el agua, este vehículo habrá de desplazarse al emplear la información que, desde la superficie, le envía el sonar como única guía en esas profundidades, donde la luz del Sol es desconocida.
Aunque este minisubmarino está equipado con poderosos reflectores, éstos sólo alcanzarán a emitir delgados hilos de luz que se desvancerán en esa cerrada oscuridad del fondo del mar. Estos reflectores serán útiles únicamente en el caso de un encuentro cara a cara con el Belgrano.
Los especialistas norteamericanos estiman que debido a la gran envergadura del navío -el crucero tenía una eslora de 185 metros, una manga de 21 metros y un desplazamiento, con su carga completa, de 12.600 toneladas-, el ARA General Belgrano pueda estar fracturado a la mitad. El crucero argentino, cabe recordar, fue hundido por dos torpedos lanzados por el submarino atómico británico HMS Conqueror, en la tarde del 2 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas.
Campo de escombros
Las dos partes estarían separados a una distancia considerable y entre ellas habría un llamado "campo de escombros". De ese terreno, si todo marcha tal lo planeado, podrían extraerse algunos elementos simbólicos del crucero, que la Armada argentina colocaría en exhibición en su museo naval, en la ciudad bonaerense de Tigre.
Consultado por LA NACION sobre la realización de esta expedición, el último comandante del crucero General Belgrano, capitán de navío (R) Héctor Bonzo, se mostró conmovido.
"Todos saben que tengo un fuerte sentimiento por todo lo que rodea al buque y, por ahora, por una cuestión de respeto, prefiero no hacer comentarios. Tal vez los haga si se produce el hallazgo."
De Pearl Harbor a Malvinas
El General Belgrano es considerado todo un símbolo para la Armada. En sus primeros años en aguas argentinas, tras sus orígenes en la marina norteamericana como USS Phoenix, tiempos en los cuales sobrevivió en Pearl Harbor al ataque japonés y participó luego activamente de la Segunda Guerra Mundial, tuvo la distinción de ser el buque insignia de la Flota de Mar argentina y luego, en sus 30 años de servicio en la Armada, miles de marinos forjaron su carrera en las cubiertas del legendario crucero que, para la mayoría, fue su segunda escuela.
Tal vez por ello, por la valoración cultural de la memoria histórica y por toda la carga simbólica que significó su hundimiento durante la Guerra de Malvinas, es que los especialistas de la institución científica norteamericana lo buscan ahora para mostrarle al mundo esa parte de nuestra historia que todavía está oculta en el fondo del mar austral.
Pero este ansiado encuentro con el buque argentino no es algo seguro.
A las dificultades técnicas mencionadas se suma el hecho de que los exploradores contarán tan sólo con alrededor de algo más de 15 días para efectuar la búsqueda. Pasado ese período deberán volver a tierra firme, ya que muchos de los equipos de alta tecnología que llevarán a bordo son alquilados.
De todos modos, la esperanza de encontrar el crucero General Belgrano estará encendida hasta el último minuto de la última inmersión, justo antes de que el minisubmarino reciba la orden de regresar a la superficie.
Quienes se dedican a rastrear naves perdidas en el fondo del mar saben que es algo frecuente que el hallazgo se produzca el último día de expedición, minutos antes de emprender la retirada.
Así ocurrió nada menos que con el Titanic. Y la historia bien podría repetirse.





