¿Réquiem por la bizarría perdida?
Muchos años atrás, entre los textos de bibliografía obligatoria para la cátedra de Lingüística de la carrera de Letras (Facultad de Filosofía y Letras-UBA), uno sobresalía: era de Benedetto Croce. Con lucidez y sentido común, decía Croce que, cada vez que hay un cambio en la lengua, del tipo que sea, siempre hay que aceptar que hubo un primer hablante que lo puso en marcha. No importaba mucho quién había sido ese primer hablante, pero lo cierto era que, una vez salida de su boca la novedad, ésta se hacía imparable. Croce reconocía el mérito de la individualidad en cambios a veces fundamentales.
El recuerdo de esa lectura surgió vívido ante la siguiente carta de lectores que el editor de esa sección juzgó a bien rescatar para Línea Directa. Escribe el lector Miguel Ángel Crespo: "Envío esta carta para hacer un comentario con respecto al título de un artículo aparecido el 7 de mayo, en la sección Espectáculos: «El musical más bizarro», sobre la obra Pimpinela, la familia.
"En los últimos tiempos se emplea erróneamente el vocablo bizarro como sinónimo de «grotesco». Es probable que se deba a que en inglés la palabra bizarre quiere decir «grotesco, caprichoso o fantástico». En cambio, en castellano, bizarro significa «valiente, esforzado, generoso o lucido»".
El lector lleva parte de razón; en su apoyo está la entrada en el Diccionario panhispánico de dudas : "En español significa ?valiente, esforzado´: « Llega el capitán Andrés Cuevas, un bizarro combatiente al mando de un pelotón » (Matos, Noche [Cuba 2002]); y ?lucido, airoso´: « Vuestra juventud reverdec erá más bizarra y galana que nunca » (Luján Espejos [Esp. 1991]. Debe evitarse su empleo con el sentido de ?raro o extravagante´, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre: «- Es un nombre bizarro. -No cuando se ha nacido en Sídney y se es australiana» (Leyva Piñata [Méx. 1984]. Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ?rareza o extravagancia´."
La edición del DPD es de 2005. Pero ya en la edición de 1981 de su Diccionario de uso del español, la magnífica María Moliner, tan lúcida y tan pionera como Croce, definía así la palabra: "Valiente. No se aplica corrientemente más que a militares, frecuentemente como epíteto humorístico, y los que lo usan le dan más bien sentido de «apuesto»: ?La acompañaba un bizarro militar´". Como segunda acepción, Moliner repite la del DRAE, pero en la tercera, en bastardilla, escribe: "Ahora se encuentra alguna vez usado en el periodismo con el sentido del «bravo» clásico que tiene en francés: extravagante, sorprendente o gracioso: ? ¡Bizarra idea!´"
Como se ve, hay una diferencia de criterios. Ahora bien, en 1999, en el Diccionario del español actual , sus autores, Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, definen así "bizarro": " adj (lit) 1 Valiente o gallardo. 2 Airoso o lucido. 3 (raro) Extravagante. Pla Des 6.173, 7: Una gran parte de los intelectuales argentinos .. lo calificaron [a Borges] de bizarro (en el sentido francés de la palabra), de extravagante, de marginal y separado".
Nos encontramos hoy en un punto interesantísimo de la historia de esta palabra, a mitad de camino entre un significado primero y aceptado académicamente, y un significado "más moderno", para la apetencia esnob de muchos. Por eso, volviendo a Moliner, repitamos con ella que "la posición purista a ultranza es insostenible. Tal vez el equilibrio en la pugna entre puristas e innovadores consista en recomendar a los unos que no se desazonen rastreando, para fulminar anatemas contra los que las usan [expresiones nuevas], palabras de uso general que no ofenden su instinto lingüístico más que por el hecho de no figurar en el DRAE; y a los otros, que antes de usar un neologismo conscientemente de que lo es, se aseguren de que les aporta más claridad, precisión, elegancia o naturalidad que cualquier palabra ya consagrada". Así sea.
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