
Riesgo sistémico
Como sucede en los EE.UU., donde el problema financiero pasó a ser sistémico, la Argentina tiene un problema político del mismo orden, irresuelto desde poco antes de la era Kirchner. Es decir, padece una situación de vulnerabilidad genérica que permitiría la rápida propagación de una crisis puntual a todo el sistema. Muchas veces estos riesgos se ignoran hasta que estallan: en el caso norteamericano, hace más de un año que economistas como Nouriel Roubini alertan sobre la necesidad de realizar una aproximación sistémica al problema crediticio, para terminar corriendo contra el reloj en el Congreso con el fuego declarado. En el caso argentino, ¿se aprendió la lección de 2001, o se han mantenido en estos años las condiciones para una nueva quiebra del sistema político, sólo eclipsadas puntualmente por el crecimiento económico?
Si la gente comenzó a preguntarse desde hace unos meses sobre las posibilidades de Cristina de terminar su mandato, no es porque desee que ocurra, sino porque secretamente se percibe el riesgo de una nueva insolvencia de la política y de un nuevo retiro masivo de la confianza ciudadana en ella. En realidad, ese riesgo es abonado en forma periódica: en esta sola semana la Argentina fue declarada por Transparencia Internacional como uno de los países más corruptos. Y no parece ser sólo un tema del Gobierno ya que también se ha revelado que los partidos políticos gastan más en publicidad de lo que declaran. Muy poco se ha hecho por la transparencia, la reforma y la democratización de la política y de los partidos.
Así, las causas que llevaron en su momento a implosionar la política siguen presentes, sólo que dormidas, a la espera de que algún evento encienda la mecha. El caso Skanska, el conflicto con el campo, las valijas de Antonini, cada uno de estos hechos hubiera podido por sí mismo convertirse en disparador de una crisis sin retorno. Y así como la sequía aumenta el riesgo de incendios, a medida que el escenario económico se complica crecen las posibilidades de una nueva crisis mayor. La política argentina necesita soluciones sistémicas para una crisis sistémica. Pero si la paradoja en EE.UU. es que los problemas están tratando de ser resueltos por quienes no los vieron venir, en la Argentina buena parte de aquellos que los han causado bloquean abiertamente su solución.
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