Río Cuarto, la ciudad que no esperaba justicia por Nora Dalmasso
CÓRDOBA.- Río Cuarto, a unos 200 kilómetros de Córdoba capital y la segunda ciudad más poblada de la provincia, siempre se sintió relegada en su protagonismo. Su carácter independiente le valió el apodo del “imperio del sur”; en el 2000, el entonces gobernador José Manuel de la Sota la reconoció como capital alterna. Seis años después saltó a los medios de todo el país y fue centro de los comentarios de la opinión pública por el crimen de Nora Dalmasso. Aquel ruido no se repitió el martes pasado, cuando ese asesinato quedó impune.
Cuando comenzó el juicio con el viudo Marcelo Macarrón como único acusado, el fiscal Julio Rivero dijo: “Desde el 25 de noviembre de 2006, Nora fue víctima de un crimen y luego, de un asesinato mediático social, con ensañamiento y alevosía. Cuando vendían una remera de ‘Yo no estuve con Norita’, la estábamos matando”. Tres meses y medio después se abstuvo de acusar por no contar con los elementos para hacerlo. Al no haber querellantes, los jurados populares no debieron deliberar.
Y en Río Cuarto, como en el resto del país, no pasó nada. Los habitantes de la ciudad que en su momento fue invadida por móviles de televisión, por fotógrafos y periodistas, siguieron su cotidianeidad. Es que esperaban que en el juicio “no pasara nada”, que el crimen quedara impune.
Los rayos que emitió el caso Dalmasso alteraron, durante varios años, la vida de esa ciudad. Los Dalmasso eran conocidos por tener una casa fúnebre; Macarrón por ser traumatólogo. La pareja se movía en un círculo de gente con alta exposición; cenaban en lugares de moda, disfrutaban del club, viajaban.
El asesinato transparentó situaciones de las que no se hablaba, aunque eran conocidas por varios. Infidelidades, traiciones en negocios, amistades interesadas, apetencias de ascensos políticos. Nada distinto de lo que ocurre todos los días en todos lados, pero sin un crimen de por medio.
Después de 15 años, de aquel grupo hay amigos que ni se saludan; mudanzas decididas para salir del centro de la escena; matrimonios que son ex y hasta un suicidio que, en 2013, se leyó como un “misterio” más de la causa. Durante el juicio se ventilaron algunos detalles más y hubo pases de factura públicos, pero el tiempo transcurrido hizo que perdieran el efecto que antes generaban. No hubo sorpresas y nadie esperaba que las hubiera.
Como no había expectativas, no hubo desilusión con un juicio que solo fue un trámite a cumplir. La farsa de la investigación había sido asumida por los ríocuartenses antes de que Macarrón entrara a la sala de audiencias acusado de haber pagado para que mataran a su esposa.
En los tres meses y medio de audiencias, la Fiscalía pareció no querer defraudar la idea instalada de que el crimen quedaría impune. Más allá del resultado que podría haber provocado, evitó preguntas que sonaban obvias y acordó no convocar a testigos que, por su vínculo con el matrimonio, deberían haber declarado.
Si la imputación era porque, supuestamente, el viudo había pagado a sicarios y el eje de las peleas era una futura separación del matrimonio, cómo no profundizar cuando uno de los golfistas habló de los dólares del exvocero de Macarrón o cómo no llamar a los amantes comprobados de la pareja. Ningún argumento puede sostener esas decisiones; la vida privada de los protagonistas ya había estado en boca de todos.
A ningún vecino le llamó la atención que la convocatoria hecha para pedir “justicia” por Dalmasso y otras víctimas de femicidio, generara el rechazo público del hijo de Nora, Facundo. Tampoco que Juan Dalmasso fuera y se quejara por los errores que hubo en la causa. “El sistema judicial corporativo estuvo y está en deuda”, dijo.
En un comienzo de la causa, Delia Grassi y Enrique Dalmasso, los padres de Nora, fueron querellantes con un abogado a quien despidieron después de enterarse que se había reunido con Miguel Rohrer, “el Francés”, a quien los hijos de la víctima apuntaron como “sospechoso” en el juicio. Siguieron con la querella con un abogado oficial; el papá murió y la madre renunció a ser querellante semanas antes del juicio. Los hijos de Nora no se presentaron aunque alguna vez lo anunciaron. Podían realizarlo sin tener que apuntar a Macarrón. Todos decidieron no ser parte del juicio por esa vía.
Juan Manuel Llamosas, el intendente de Río Cuarto, habló después de que terminara el juicio: “Frustración. Me parece que, ante esta situación, los vecinos y vecinas de Río Cuarto sentimos que volvimos 16 años atrás, que la verdad no llegó y que lo que supone que siempre debe llegar cuando se sustancia un juicio, que es el esclarecimiento de la verdad, aquí no se ha dado. Entonces estamos frustrados, desesperanzados y creo que no se ha hecho justicia, porque no se esclareció la verdad”.
El cuerpo de Nora Dalmasso está en el cementerio Parque Perpetual; hace 15 años se había convertido en una atracción para curiosos. Ya no lo es. La asesinaron; no tuvo justicia. Quince años después nadie esperaba que la tuviera.






