Sara Gallardo: ¡sabrosa desactualidad!

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
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22 de enero de 2016  • 00:39

"Por lo visto, este año flamante resulta ser de especie disparadora, igual o tal vez más que sus predecesores, dotados también de patas veloces. Fíjense, ya pasó la mitad del primer mes. Hay que hacer algo. Si seguimos así, estaremos pasado mañana brindando de nuevo con cohetes y todas esas cosas horribles como el calor y el turrón pegado en el papel, y quizá comiendo helados putrefactos y muriendo como moscas en el hospital, y todo lo que nos da por hacer a fin de año."… Hoy podría pedirle prestado el comienzo de su columna a Sara Gallardo (1931-1988) para empezar la que estoy por escribir sobre… ¡el libro que reúne las columnas de Sara Gallardo! El título es: Macaneos, las columnas de Confirmado (1967-1972), con estudio preliminar, selección y notas de Lucía De Leone. Sólo me faltaría agregar a su principio algunos datos de descalabro económico, el dengue y accidentes ruteros, para equiparar la fecha original al estruendoso debut de nuestro 2016. Pero como sus columnas tratan, según la propia Gallardo, de "desactualidad", nada más mejor que leerlas hoy.

Publicado por Ediciones Winograd, bajo el cuidado estético y literario de Paula Pico Estrada (y sí, también cómplice, tratándose de su hija) es un refrescante paseo literario por una actualidad vivida sin prejuicios, con ganas de tomar apuntes de lo bello y lo arduo. Hay para elegir, porque Sara Gallardo parece haber vivido a fondo su tiempo, disfrutando de los comentarios que la vida suscita.

Abundan personajes, a veces puestos patas para arriba o al bies. Desde Raquel Welch, De Gaulle, Coco Chanel, Audrey Hepburn, Marc Chagall o… Lisandro Vega, quien sería luego el protagonista de una de las novelas más notables de la literatura argentina, Eisejuaz, -sí, también de Sara Gallardo, pero escrita en silencio, cuando lo hacía sin hablar con nadie, o con la lengua de los otros.

En las páginas de este libro, recién publicado, ocurre lo contrario que en algunas de sus ficciones, más recónditas, secretas; aquí se nota el gusto por discurrir en busca de un receptor animado. Creo que es el argumento central para definir estos textos como columnas periodísticas: están dirigidas al lector de la revista. Su hallazgo es la formulación de ese lector: cómplice cotidiano que la acompaña en su decir. Son columnas "dichas" por una escritora, como si Sara Gallardo nos hablara por escrito. No se asemejan a sus cuentos o novelas, más bien parecen el revés de su prosa (insisto: oscura, bella, atemporal). Son columnas alegres, variadísimas, reflexivas e impresionistas, jocosas y también críticas. Crónicas rebeldes y sabrosas.

El título demarca el terreno: Macaneos. Es una manera de librarse de las fuentes, para autorizarse como tal. Y más que fuente, ¡ella es manantial! Sus columnas de opinión o "macaneos" son invitaciones para mirar de una manera particular lo que nos circunda: una película de Batman, árboles en Palermo, zapatos en oferta, trenes o taxis, la lluvia o un buen libro.

Roland Barthes decía, "tengo una enfermedad, veo el lenguaje". Gallardo, en cambio, se sirve del lenguaje para ver. ¡Sus columnas son tan saludables! Más allá de los temas, suelen colarse comentarios del estilo: "La mayor elegancia está en la vocación para el fracaso" (de su columna "Alunizaciones y alucinaciones") o "Seamos sinceros: ¿no es un alivio que alguien se olvide alguna vez de las reflexiones sesudas?" (de "Eros y los automotores") o "Algunos inventaron cosas: los gauchos. Ahora nosotros los inventamos a ellos." (de "¿Merecemos el tero y la medialuna?").

El riguroso estudio preliminar y ordenamiento de Lucía De Leone facilitan y enriquecen el recorrido. El libro comienza con "Yo, contemporánea" (la primera columna se titula "Piedad para los hombres", donde elige una película que no le gustó, para referirse a lo que le fascinó: el odio antimasculino). Y va alternando humores y referencias. De un artículo como "Qué cache la alegría, ¿no, che?", pasa a "últimamente, qué tristeza". El libro también incluye sus viajes, verdaderos paisajes anímicos, sobre todo sus "Reportajes antisensacionales", escritos en Salta.

Quizá su "macaneo" fue una forma de coquetear con la escritura, jugándose por un periodismo audaz: el de la subjetividad como materia de comunicación.

Ya que empecé tomando prestado el comienzo de una de sus columnas, me despido también con un préstamo de otra, donde Gallardo escribió: "Fingiré creer que ustedes alguna vez se dieron cuenta de que una columnista debe arreglárselas dentro de su columna, en la exacta dimensión de su columna, ni una línea más ni una menos."

Yo fingiré que me alcanzó esta columna para alabar sus geniales "macaneos".

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