Se vienen años duros

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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5 de noviembre de 2009  

No se trata de alarmar ni de propiciar un éxodo que dejaría así de pequeño al bíblico, pero, hay que admitirlo, la lectura objetiva de lo que está ocurriendo en el país da para suponer que se vienen dos años que pueden llegar a ser terroríficos. Por lo que lo mejor sería salteárselos, ya sea sometiéndose a un método seguro de hibernación, buscando asilo en algún punto más tranquilo del planeta, como Afganistán o Somalia, o tomando un crucero de esos que dan incesantes vueltas al mundo como si se tratara de calesitas marinas. Porque, y de ahí lo grave de esto, lo que se viene no obedece a eventuales estragos naturales o a caídas estrepitosas, que bien pueden darse, de la selección nacional de fútbol, sino a factores que ya se están dando y se ofrecen, por lo mismo, a la vista de todos.

Y vayamos al origen de lo que, aparentemente, es la causa primera de todo esto. Después de haber perdido por puntos el 28 de junio pasado, la reacción K ha sido estremecedora.

Vaya a saber si agitado por los fantasmas de lo que le representaría ser derrotado también en 2011 (befas, escraches, juicios, exilio, cárcel y cadenas), el matrimonio se ha lanzado a una campaña que tiene por objetivo, al costo que resulte, conservar el poder y repetir quién sabe hasta cuándo. Por lo que no ha hesitado, aprovechando la mayoría que aún tiene en la Legislatura y la sensibilidad de algunos opositores a la Banelco, en armar una gran olla podrida o un mayúsculo revuelto Gramajo, que apunta a acentuar el poder K y a mantenerlo firme y seguro hasta el próximo encuentro electoral.

El resultado se advierte catastrófico, porque no sólo los K pretenden pasarle por encima a la oposición, digitar las candidaturas del PJ y manejar la opinión pública a su antojo, sino que además se han lanzado a operar con la guita ajena con una discrecionalidad desatinada. Es así como de pronto parece que da lo mismo el fútbol para todos que el turismo en hoteles cuatro estrellas para jubilados que ganan la mínima o la concesión de un beneficio para los hijos de los pobres. A lo que cabe sumar, para lograr el ciento por ciento de confusión, la urgencia por buscar una salida del default, negociando otra vez con los odiados hold outs y los fondos buitres y abriéndoles la puerta, si bien la de atrás y con la promesa de guardar el secreto, a los inspectores del FMI, con tal de conseguir mil palos verdes a una tasa más razonable que la que se le estuvo pagando a Shylock Chávez.

Todo lo cual tiene su precio, ya que al oler todo esto a liquidación de fin de temporada y a debilidad no sólo circunstancial está alentando a todo el piqueterismo nacional, a todos los pobres y carecientes, a reclamar lo que se está dando a los otros. Por lo que, como ya mismo se está viendo, transitar por calles y avenidas de la Capital o por las rutas argentinas apunta a convertirse, ahora definitivamente, en un juego de azar y en una picadora de nervios.

"Maestro -preguntó a un vecino el reo de la cortada de San Ignacio, luego de asegurarse de que nadie lo estaba oyendo-, mi comadre quiere que, aprovechando el plan del Gobierno, la lleve a veranear a un hotel cuatro estrellas. ¿Usted no sabe si a esos hoteles se puede ir de funyi, pañuelo al cuello, pantalón de cambrona y en alpargatas?" LA NACION

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