Sebastián Beccacece: DT de ortografía, pronunciación y fútbol
Los nombres encierran un destino. El fútbol nunca me interesó demasiado, no así los futbolistas. El destino hizo que, a esta avanzada edad, le deba al fútbol o más bien a un futbolista ser quien soy.
En la Argentina, no se puede decir que uno no "es" de ningún club de fútbol de primera división: sería condenarse al escarnio o entregarse a un impulso suicida. Mi instinto de conservación, me llevó, a los seis años, a elegir un club en la lista de los de primera división. Lo hice sin tener en cuenta donde vivía. Por mi barrio (Parque Patricios), me habría correspondido Huracán. En cambio, leí un nombre corto, de dos sílabas, que me llamó la atención por su exotismo y porque no sabía qué quería decir: Racing. Fui un adelantado, un niño profeta, un winner, porque lo elegí en 1947. Dos años después, "mi" equipo ganó el primero de tres campeonatos sucesivos (1949,1950 y 1951). En 1952, un primo que estudiaba inglés me explicó que la palabra "Racing" tenía su origen en el verbo inglés to race (correr).
El apellido fue todo un problema en mi existencia: Beccacece. Nadie que no fuera italiano sabía cómo decirlo en la Argentina. Mi padre y mi madre me explicaron que, en la escuela, debía pronunciarlo "Becacece"; pero que la verdadera pronunciación, la italiana, trasladada al español era "Beccacheche". Me perdonaban que la doble "c" de Becca la dijera como una "c" simple. El "cheche" sonaba vulgar como una broma de teatro de variété. Pero ese apellido tiene un significado. "Becca" deriva del verbo "beccare", es decir "picotear". "Cece", en italiano, es "garbanzo". "Beccacece", por lo tanto, equivale a "picagarbanzo". Quizá sea el nombre de un ave. Pensemos en la becasina. Puede ser también una especie de metáfora o de símil. ¿Un "picagarbanzo" no es acaso el que va por los campos o las ciudades picoteando lo que puede, los garbanzos, para ganarse el sustento?
Otro de los aspectos incómodos de mi sonoro apellido era su origen. Hasta la década de 1970, los nombres italianos eran mal vistos por ciertos grupos sociales en la Argentina. Sólo se salvaban algunos muy ilustres y aristocráticos: Carcano, Visconti, Orsini, Caetani, Colonna.
En Sobre héroes y tumbas, uno de los personajes satíricos de la novela, Enrique, dice sobre el tema: "Si en este país vos te llamás Vignaux, aunque tu abuelo haya sido carnicero en Bayona o en Biarritz, sos bien. Pero si sobrellevás la desgracia de llamarte De Ruggiero, aunque tu viejo haya sido un profesor de Filosofía en Nápoles, estás refundido, viejito: nunca dejarás de ser una especie de verdulero". Y más adelante: "Imaginate que soportás la desgracia de llamarte Pedro Mastronicola. Bueno, no, eso es demasiado, eso no tiene defensa, mismo en la clase media."
Manuel Mujica Lainez me sugirió que cortara mi apellido, que lo dejara en "Bec". "Hugo Bec" es casi elegante. Una compañera de Facultad, sin que yo le sugiriera nada, por vergüenza ajena, le puso un acento grave a la anteúltima sílaba: "Beccacèce".
El hecho de que ciertos apellidos italianos, como el mío, fueran "grasa", según la expresión de Sabato en la novela mencionada, no me atormentaba. Nunca me sentí grasa, aunque es probable que lo sea.
Lo que, de verdad, me preocupaba en mi nombre era que no supieran leerlo y mucho menos escribirlo. Hasta que llegó, tarde, pero llegó, mi salvador, de la mano del fútbol. Sólo el fútbol salva a la plebe en la Argentina. ¡Sebastián Beccacece, el DT de Racing! Sí, de Racing, mi equipo al que he sido fiel, como lo es Mirtha Legrand. Ahora casi todos o la mayoría en la Argentina saben pronunciar a la española Beccacece y hasta hay muchos que lo hacen a la italiana: "Beccacheche". A veces, gracias al San Sebastián de los estadios, nuestro apellido, el de él y el mío, aparece correctamente escrito en ¡los zócalos de la televisión! Miracolo, miracolo!!! En algunas ventanillas públicas, los empleados, en pleno espejismo, me ven parecido al bendito Sebastián, diez centímetros más alto que yo, muy delgado, casi 40 años menor y con una caballera que hubiera hecho feliz a Lady Godiva desnuda a caballo.
Hay un solo problema. De tanto en tanto, surge una confusión. Sebastián es DT de la Academia, es decir, de Racing; y yo soy académico de la Academia Argentina de Letras. En algunas ocasiones, me felicitan o me insultan por las redes cuando el equipo de Sebastián gana o pierde. Él es famoso, popular; y yo sólo sé unir sujeto y predicado (no siempre). ¡Pero qué importan esas pequeñeces! Al fin, soy el que soy, como en la Biblia. Sebastián y yo procedemos de la región de Le Marche. Quizá nuestros antepasados hayan sido parientes en el siglo XIII. Hoy nos unen el apellido y las Academias. Si algún lector de Racing le transmitiera mi reconocimiento a Sebastián, le estaría muy agradecido.









