
Señales de un conflicto candente
"¿Me regala una requisa?" La frase, pronunciada por soldados o policías fuertemente armados en puertas de hoteles o de edificios públicos, puede sonar incomprensible aun para un visitante hispanoablante recién llegado a Bogotá, la capital de Colombia.
Con esa pregunta, piden autorización, en la jerga bogotana, para palpar de armas al visitante, local o extranjero. La frecuencia con la que se efectúan estos controles, que pueden llegar a realizarse hasta en las paradas de ómnibus, muestra que en la capital colombiana aún no se disipó el temor a los atentados pese a que la política de seguridad democrática del presidente Alvaro Uribe mantiene a la guerrilla distante de rutas y ciudades.
Existen otros signos de que el conflicto sigue candente. En Bogotá, llama la atención la cantidad de mendigos mutilados a causa de accidentes con minas antipersonales. Por lo general, son originarios del interior del país y huyen hacia la capital por la violencia de grupos paramilitares o guerrilleros que no dudan en sembrar de minas vastos territorios para defender sus posiciones.
También llama la atención que las empresas de radiotaxis den una clave numérica a los pasajeros para que se identifiquen ante el taxista y se eviten así robos y secuestros, otros de los males que asolan a esta ciudad.




