
Señales que alientan esperanzas de cambio
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LAS voces que alertan sobre la inminente masacre de las estaciones Retiro, Once, Constitución y Lacroze se oyen cada vez un poquito más fuerte, y hacen pensar cuánto ensañamiento se hubiera evitado si la indiferencia no hubiera acompañado a infinidad de asesinatos anteriores, que borraron para siempre del paisaje al Buenos Aires colonial e infligieron daños irreparables en el patrimonio arquitectónico decimonónico.
Hubo excepciones, como las 10.000 firmas que Nicolás García Uriburu reunió en un fin de semana, a fines de los años 80, cuando las topadoras amenazaban con tirar la espléndida casa de la familia Alzaga Unzué, sobre Cerrito -lo que hoy es la mansión del Hyatt-, si bien el artista no tuvo tanta suerte con los árboles del jardín, que sucumbieron entre las sombras de la noche a la mañana.
"Por lo menos se salvó la casa, y logramos que la altura de la torre de habitaciones se redujera a la mitad. Fueron algunas pequeñas victorias, no para uno, sino para la ciudad, porque al fin de cuentas Buenos Aires preserva una de las construcciones más representativas de su época dorada, que de otro modo hubiera desaparecido."
Hay otras señales que hacen alentar la esperanza de un cambio en algunas arraigadas formas de pensar. Incluso artistas y escritores han asumido un papel alternativo en la preservacion de su propia obra.
Un caso saludable fue el de la creación del Museo Manuel Mujica Lainez en Cruz Chica, Córdoba, financiado y organizado en vida por el mismo escritor.
Otro ejemplo es, justamente, Nicolás García Uriburu, que ya donó parte de su colección de arte rioplatense a un museo que lleva su nombre y que funciona, desde el verano de 1998, en el Cuartel de Dragones de Maldonado, en Uruguay, y piensa convertir próximamente en museo su actual taller de artista plástico y coleccionista, en el Pasaje Bollini de Buenos Aires.
También es destacable el lento y meticuloso inventario de bienes culturales que está haciendo la Academia Nacional de Bellas Artes desde 1979 con la dirección de Héctor Schenone, y los intentos de inventario y documentación realizados por Iris Gori y Sergio Barbieri ya que si no se tiene ni siquiera relevado el patrimonio, difícil será establecer políticas para su preservación.
Un paso adelante en ese sentido ha sido la recientemente promulgada ley 25.197 de régimen del registro del patrimonio cultural, que obliga al Estado nacional a inventariar todas las obras y bienes muebles e inmuebles que sean considerados bien cultural.
También vale la pena destacar la valiosa tarea de relevamiento reflejada en la serie Argentina: sus museos , editada por Jorge Alberto Quaranta, con los cuatro primeros tomos dedicados a Buenos Aires, Cuyo, el Noroeste y el Litoral.
Y el anuncio de la próxima inauguración, en Buenos Aires, del Museo Costantini, con 160 obras de arte latinoamericano, que incluyen Frida Kalho, Tarsilia do Amaral, Torres García y Pettoruti, entre otras grandes firmas, hacen encender alguna esperanza en el sentido de que la corriente expulsora de arte que nos caracterizó en las últimas décadas comience, por fin, a revertirse.




