
Señales viales para ciegos
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LA Secretaría de Planeamiento Urbano porteña decidió la instalación de señales en la avenida Corrientes, en sus cruces con las calles situadas desde Reconquista hasta Carlos Pellegrini, con excepción de la peatonal Florida. Se trata de chapas de aluminio adheridas a caños en las cuales se han grabado, en alfabeto Braille, indicaciones acerca de los nombres y las alturas de las calles.
El organismo que puso en marcha la iniciativa requirió la colaboración de la Editora Nacional Braille, que asesoró a la empresa autora de los trabajos. La editorial se encargó de la impresión de las chapas a cambio de una contribución para la asociación cooperadora. El resultado final es un oportuno sistema de señalamiento, de incuestionable valor para los ciegos, que toma en cuenta sus necesidades y les da un sustancial apoyo en sus desplazamientos por el difícil centro de la ciudad.
Muchos cuidados fueron tenidos en cuenta en el momento de realizar las chapas. Se desechó el estaño, corrientemente empleado en las matrices de los libros, porque se altera en contacto con la atmósfera. El aluminio, mucho más insensible a esas contingencias, fue el material elegido para realizar las placas, que se curvan sobre los barrales, sin que se formen salientes o puntos que puedan dañar la piel de quien las va a leer.
Esta iniciativa debe ser no solamente alabada sino también extendida, pues resulta fácil comprender que no son los nombres de las calles las únicas informaciones que necesitan los ciegos para desplazarse en los medios urbanos. Las necesidades potenciales, en esta materia, no tienen prácticamente límites y la forma de atenderlas es, como el exitoso resultado conseguido lo demuestra, simple y de bajo costo.
Los ciegos deben moverse como discapacitados por el simple hecho de que la ciudad ha sido diseñada para personas que pueden ver. Las personas con discapacidad visual se encuentran en una dependencia continua con respecto a las personas que ven, de la cual podrían despegarse.
Estas simples chapas son una demostración de lo que se puede hacer con limitados recursos; más costoso, pero en absoluto imposible desde el punto de vista económico, es el empleo sistemático de la moderna tecnología electrónica, hoy limitada a situaciones especiales o a casos individuales. La sociedad entera está reaccionando, aunque haya demorado mucho en hacerlo, ante problemas que una nueva mirada humanista está observando con ojos distintos. La integración de las personas ciegas a la vida metropolitana es apenas un capítulo de un libro mucho mayor, que apenas se está comenzando a escribir. Se trata de una verdadera novela de amor por un prójimo que en algún mal tiempo fue envuelto por las miradas de la piedad y hoy es puesto a la luz del día que proporcionan las nuevas esperanzas.





