
Silenzio stampa
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Entre los anglicismos que están destrozando la lengua española para explicar novedades tecnológicas o simples procedimientos económico financieros se ha colado silenzio stampa. Es tan elemental como decir "silencio de prensa", pero en lengua italiana. Es lo que la selección argentina de fútbol ha dispuesto después de que un periodista radial se preguntase si el jugador Ezequiel Lavezzi había sido excluido del equipo que dos semanas atrás enfrentó a Colombia por haberse fumado "un porro" en la concentración previa al partido. Lionel Messi fue el portavoz de aquella decisión. El director técnico del plantel, Edgardo Bauza, se mostró contrario a la medida, pero dijo entender el malestar entre los jugadores a raíz de las críticas periodísticas que venían recibiendo.
Las primeras declaraciones hechas sobre aquel asunto por el periodista de Radio Mitre Gabriel Anello fueron formuladas en carácter interrogativo, quedando cubierto por al menos una de las condiciones que la teoría jurisprudencial de la "real malicia" prevé para evitar la condena en demandas por injurias y calumnias. Vía Twitter, las palabras de Anello resultaron con las horas más asertivas, acaso por la precipitación con la cual respondió a los jugadores y a la defensa profesional de Lavezzi.
La legislación protege, desde luego, la intimidad de las personas, y con fundamentos de orden constitucional. Sin embargo, ha seguido en las últimas décadas la doctrina sentada por la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Ésta ha determinado que, en lo concerniente a la intimidad de personas de actuación pública suficientemente difundida, aquel derecho ha de convivir con otro, asociado al interés de la sociedad por conocer aspectos que puedan ser decisivos para opinar sobre las conductas respectivas.
En un país como el nuestro, en el que se convierte casi en cuestión de Estado la suerte del seleccionado de fútbol, ¿cómo no habrían de interesar los motivos por los cuales un deportista que juega en el fútbol chino y es convocado al país no sólo queda fuera de la alineación que ingresa en la cancha con la camiseta argentina, sino que tampoco ocupa al final un lugar en el banco de suplentes?
Aun prescindiendo de esos antecedentes, el tema ventilado es de trascendencia pública por lo que importa respecto de la organización del deporte más popular de la Argentina que, por otra parte, atraviesa una grave crisis.
Ha hecho bien el equipo encabezado por Messi en salir en defensa de uno de sus compañeros a fin de que el silencio no prosperara como ratificación implícita de una supuesta verdad. Lo que está francamente mal es haber resuelto el quiebre de cualquier comunicación con la prensa en su conjunto. Nadie puede llamarse a engaño en que se ha aprovechado la oportunidad para responder, en términos inaceptables, a las críticas que se habían formulado al seleccionado antes de su triunfo frente a Colombia por 3 a 0. No son los jugadores, tampoco los dirigentes, quienes deben disponer cuáles han de ser las opiniones de la crítica especializada. Y si cierto crítico cometió algún exceso que pudo rozar la humillación hiriente, para eso está la Justicia a fin de resolver si ha habido difamación o no.






