
Simuladores reales se necesitan
Por Adriana Schettini Para LA NACION
1 minuto de lectura'
Quiero contratar a Damián Szifrón. Supongo que no va a ser fácil convencerlo. Creo que él va a alegar que tiene que cumplir con Telefé. Que a la hora de hablar en plata, me va a enrostrar los 30 puntos de rating que obtuvo el lunes último con el primer capítulo de esta segunda temporada de "Los simuladores". Así y todo, no pierdo la esperanza de persuadir al creador, escritor y director de la exitosa serie. Ya tengo ensayado el speach :
-Mirá, Damián, tuviste una idea excelente al inventar esta suerte de "Misión imposible" de cabotaje. Es realmente original ese cuarteto instalado en la frontera de la legalidad que se gana la vida resolviendo conflictos ajenos. Sin ir más lejos, fue estupendo ver cómo hacían justicia con una empresa de medicina prepaga que se negaba a cubrir el tratamiento de un paciente con el latiguillo de que "lo suyo era una enfermedad preexistente". Esos cuatro mosqueteros urbanos te salieron a la medida de una Argentina donde la burocracia antepone un problema a cada solución, donde impera la ley del más fuerte, el más vivo, el más rápido y el menos escrupuloso. Pero, ¿sabés en qué te equivocaste, Damián? En desperdiciar semejante idea en una trama de ficción. "Los simuladores" están para más: están para funcionar en la vida real. Olvidate de los cuatro actores, que son muy buenos y no va a faltar quien quiera conchabarlos para otro programa. Conseguite cuatro buscavidas histriónicos y asociate conmigo. Yo te aporto clientes de carne y hueso, con problemas reales. Vos hacé de cuenta que son capítulos de la serie y deciles a los buscavidas cuáles son los pasos a seguir para resolver el conflicto de cada cliente. Sacá una cuenta: ¿cuánto ganaste en Telefé por el capítulo del lunes? ¿Te imaginás cuánto podríamos sacar vendiéndoles el servicio de simulación a la cantidad de argentinos a los que la medicina prepaga deja pagando a la hora de la enfermedad?
Es probable que Szifrón me pida detalles sobre mi eventual cartera de clientes. Es lo de menos. Lo que sobra aquí y ahora es gente que se siente atropellada en sus derechos y desamparada en su búsqueda de reparación.
Tengo una amiga que ha perdido la esperanza de hacerse entender en una sucursal bancaria donde alguna vez tuvo una cuenta sueldo. Hace tres años, la dio de baja, inútilmente, a juzgar por los resultados: desde entonces no dejan de enviarle intimaciones de pago por el mantenimiento de la caja de ahorro oportunamente cerrada. Peor aún: sin que ella pidiera ni deseara nada, ahora han emitido una tarjeta de crédito a su nombre. Ella ni siquiera ha ido a retirar el plástico, pero mensualmente le llegan los resúmenes reclamándole el pago de los gastos de emisión.
Vi en la tele a una desocupada de cincuenta y pico. Harta de comprobar que a su edad, el mercado laboral la considera descartable, intentó con la ayuda social pero la sacaron carpiendo: "¿No entendió que por algo se llaman planes `jefas y jefes de hogar´ y que usted no tiene hijos?", la retaron. La mujer se lamentaba: "Si no estuviera menopáusica procuraría embarazarme -decía-, pero en mi situación, ¿qué tengo que hacer, morirme?".
Conozco a muchísimos argentinos que han hecho cola durante horas y han pagado sin chistar para obtener el pasaporte. Al cabo de más de sesenta días, en vez del documento correspondiente, seguían recibiendo una frase desdeñosa: "¿No leyó en los diarios que no hay insumos?".
Szifrón es inteligente y va a ver el negocio volando. Eso sí, le voy a aclarar que el precio que podremos cobrar por el servicio va a tener que ser apto para bolsillos en crisis. Y ni soñar con cotizar a precio dólar con el verso de que "es commodity ". Porque, por mejores simuladores que consigamos, si algo no le podremos hacer creer a nadie es que este servicio de justicia no violenta por mano propia, pueda ser exportado. Es evidente que en cualquier otro país del mundo, "Los simuladores" no podría ser más que una excelente ficción televisiva.





