
Sin edad
Pasaron dos años en que Carmen, con sus entonces 94, me pidió que fuera a buscarla al geriátrico para llevarla a votar. Dos años es mucho tiempo para esa edad en la que el pasado ocupa más lugar en la memoria que el presente corto y mayormente esquivo.
Volví a visitarla el sábado en su "paraíso de viejas amigas", como lo llama ella con sorna. "De lo contrario, tendría que admitir que somos un grupo de viejas que están cerca del paraíso", me suele aclarar guiñando un ojo.
No estaba sola. La acompañaba Beatriz, de 90. Hablaban tan animadas vaya a saber de qué asunto que no me vieron hasta tenerme enfrente. "Vino la nena", le dijo Carmen. Debe ser ése el único lugar donde no muero de pudor cuando una persona muy mayor me llama así.
Hechas las presentaciones, Beatriz empezó el interrogatorio: ¿de dónde sos?; ¿qué hacés?; ¿cómo es que conocés a mi amiga? Carmen se encargó de responderle todo. A cada mención de un lugar o época, Beatriz replicaba con una anécdota. "¡Ay. Ahí, en Avellaneda, donde hiciste la secundaria, fui tantas veces a buscar a mis hijos cada vez que había una amenaza de bomba en la escuela!" "Me acuerdo de que los sábados los llevaba a pasear a Gath & Chaves, allá en el centro. Nunca más vi una tienda por departamentos tan lujosa". "Qué emoción cuando voté por primera vez, en el 51. Bah, yo sola no, todas las mujeres. Antes no nos dejaban. Ése fue un gran derecho. Sí señor, como los que puso en práctica Perón, porque vos sabés que la mayoría de los derechos de los trabajadores son anteriores a su gobierno, ¿no?"
Beatriz tiene urgencia por hablar, no por escuchar respuestas. Carmen se contagia de ese entusiasmo y le pregunta: "¿Te acordás de cuando íbamos a ver a la bruja para saber si Martita quedaba embarazada? Pobre, le costaba adoptar...".
De repente, me aclaran: "Son cosas que pasaban". Y la verdad es que no. Me dan ganas de decirles que ahora también hay amenazas a escuelas; que a Gath & Chaves la reemplazaron los shoppings, pero ninguno tan lujoso; que la selección de fútbol consultó a un brujo antes de clasificar; que las mujeres seguimos reclamando derechos y que adoptar tampoco es fácil... Pero ¿para qué preocuparlas con el hoy.
Llega la despedida y Carmen me acompaña a la puerta. Se me acerca al oído. Me descoloca: "Vení a buscarme para votar el domingo. Yo todavía creo que se puede cambiar el mundo". Y, otra vez, allá voy. Seremos tres. Se sumó Beatriz.
"Vení a buscarme para votarel domingo." (De Carmen, 96 años)





