Snif, snif, snif: ya nada es lo que era

Carlos M. Reymundo Roberts
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17 de noviembre de 2018  

Anteanoche me encontré en una comida con un viejo amigo peronista, que me saludó con un abrazo cálido y una pregunta tramposa. Es un típico peronista del conurbano bonaerense, de esos que fuman debajo del agua. Los admiro profundamente, salvo ese pequeño detalle de que sean peronistas. "¿Cómo estás viendo al Gobierno, Carlitos?". La trampa estaba en que no le interesaba en lo más mínimo mi opinión, porque ya la conoce: dice que lee esta columna todos los sábados. En realidad, quería solazarse con las críticas de un liberal como yo a un gobierno "neoliberal", como lo llaman ellos. "Lo veo mal, mal, mal, muy mal -le contesté, dándole el gusto-. No pegan una". Mientras mi amigo sonreía satisfecho, agregué: "Pero al peronismo lo veo peor".

¡Tomá mate! (perdón, creo que esta expresión es un viejazo, prometo no usarla más). Disfruté ese momento, y disfruté sobre todo cuando lo vi huir sin presentarme batalla, cabizbajo, derrotado. Peronistas eran los de antes, pensé. A Pichetto esta semana se le rompió el bloque en el Senado , como unos días antes se le había roto su bloque de diputados a Massa cuando Felipe Solo , premio "Coherente del Año", fue a arrojarse a los brazos de Cristina . Y no se descartan nuevas fugas, tan líquido como está el mercado político. Lo gracioso es que el argumento de las rupturas es la búsqueda de la unidad del PJ . Como que te divorciás para salvar tu matrimonio.

Sí, peronistas eran los de antes. Mucho antes. Si Nico Dujovne se animó a decir que un ajuste como este siempre terminaba con la caída del gobierno, es porque sabe que los soldados de Perón no están con fuerzas ni para atarse los cordones. Algo está pasando si Scioli , Alberto Fernández y Felipe todavía se ven con posibilidades de ser candidatos a la presidencia. Marche un psicólogo ahí. Y un encuestador. Lo mismo que si Sampaoli quisiera dirigir al Barcelona. No da. Que alguien llame a esos muchachos a una reflexión sincera y profunda. El fenómeno Bolsonaro está haciendo estragos. Pero, claro, el panorama en el campo popular es aterrador. ¿ Juan Grabois compañero de fórmula de Cristina con la bendición de Santa Marta? No me lo creo. Grabois -que yo recuerde, el único marxista de la historia con cargo en el Vaticano- acaba de decir que la quiere a Cristina presidenta, pero sin corruptos. Ella lo llamó para responderle, y lo único que escuchó Grabois fue una larga risotada. Juancito, de onda: cuando tengas ideas ingeniosas como esas, no las desperdicies tirándolas desde una tribuna. Me vienen muy bien para la columna.

Ya nada es lo que era. Empezando por el Gobierno, que en algún momento consiguió que la economía creciera, que en algún momento empezó a bajar la inflación (5,4% en octubre y acumulado de 39,5% en el año, mamita...), que en algún momento no sabía lo que era una crisis cambiaria, que en algún momento hacía timbreos en todo el país. Hoy, los timbreos los tendría que organizar Patricia Bullrich con un blindaje tipo G-20 . Pero reforzado.

Miremos el bono de fin de año que acaban de anunciar. Está buenísimo, 5 luquitas de arriba, no previstas. Pero se pagará en dos cuotas, que pueden ser más, y a cuenta de las paritarias. La mayoría de las provincias rechazan pagarlo, y se hará efectivo si las empresas no están en problemas, si el Fondo Monetario da el OK, si hay eclipse de luna, si Trump no sube las tasas, si Bolsonaro no se resfría, si Máximo Kirchner sigue adelgazando, si a Lilita le parece bien, si los gremios de Aerolíneas no hacen huelga? Creo que los 5000 pesos los van a cobrar unos 5000 tipos.

También los anarquistas perdieron glamour. De los defensores de una sociedad "sin amo ni soberano" proclamada por el francés Proudhon en la primera mitad del siglo XIX, gente libertaria y revolucionaria que amenazaba a toda autoridad constituida, hemos llegado a estos improvisados que atacaron el mausoleo del coronel Ramón Falcón en el cementerio de la Recoleta. Era una pareja y a ella le estalló la bomba -un artefacto casero muy berreta- en las manos mientras se estaba tomando una selfie. My God. Más que contra Falcón, pareció un atentado contra el anarquismo, que cuando pegaba, pegaba. Mil disculpas, Proudhon, por esta desviación ideológica de la selfie.

El otro atentado de la semana, también con explosivos, fue contra la casa de Bonadio , el juez de los cuadernos de la corrupción. Para el secretario de Seguridad de la Ciudad, D'Alessandro, el hecho está vinculado con la cumbre del G-20. Si así fuera, qué raro que hayan pensado en un juez y no en una embajada. Capaz que le encargaron el trabajo a la misma célula de anarquistas. El ministro de Justicia, Garavano, expuso otra teoría: una forma de oponerse al presupuesto, que se debatía ese día. Macri sospecha que fue obra de los hinchas de River y de Boca , a los que no les permitieron ir a la cancha de visitantes para la final de la Libertadores. Y el fiscal Stornelli dijo que es por los cuadernos. Coincido con él. El ataque fue perpetrado por kirchneristas: una forma de presionar a Bonadio para que llegue a fondo con la investigación.

Ya nada es lo que era. El dólar supo valer un peso, pero no es tan grave: según anunciaron ayer en París, ahora ni el kilo pesa un kilo.

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