
Sonríe, Argentina
"Vamos a morfar. Vamosa disfrutar de la Ciudad."
(De un afiche oficial porteño.)
Salió el afiche y estallaron las redes. Que es vulgar, que indigna, que es demasiado coloquial, que es inoportuno con una pobreza del 32%, por un lado. Por el otro, que es canchero, que los argentinos hablamos así, que es desacartonado. Que dejémosnos de quejarnos por todo. Que mejor quejarnos antes de que el mensaje sea el medio y no al revés y, entonces, McLuhan se levante de la tumba para tratar de acomodar las cosas en esta extraviada aldea global.
El aviso es del gobierno porteño y dice "Vamos a morfar", e invita a ingresar en la página oficial para enterarse de lo que está pasando en materia gastronómica en el distrito.
Para los más puristas y exigentes, haber puesto "morfar" es una chabacanería, una invitación para que mañana se publiquen otros avisos oficiales con leyendas como "No saques la mugre después de las 21 porque se pudre todo" o "El Pelado (por Rodríguez Larreta) te invita a inaugurar el nuevo Metrobús".
Eso, en el orden local. Si Macri se entusiasmara con la vulgar experiencia porteña, podría ir por más y ya se sabe hasta dónde puede llegar cuando se le pone un solgan en la cabeza. "La Argentina revienta de felicidad", podría reemplazar a "la revolución de la alegría"; un sonoro "vamos carajo", en lugar de "se puede", y "mentime que me gusta", ilustrando una foto de él con la primera ministra británica hablando de soberanía en las Malvinas.
También hay mensajes esperanzadores, pero que no garantizan efectividad. Por ejemplo, aquel programa dental kirchnerista "Sonríe Argentina", tendiente a que "los pobres de este país a los que le faltan los dientes puedan sonreir con dignidad". Ahora nos enteramos de que esa plata se usó para campaña política, que la mayoría de las prótesis iban a Santa Cruz (la Argentina de los Kirchner) y que muchas de las unidades móviles del programa usaron material robado y no tenían ni patentes ni autorizadión oficial.
¿Qué es más grave: el coloquialismo, el imcumplimiento de las promesas o que las promesas se consumen a pesar de todo? No es un planteo delirante. ¡Ni ahí!, siguiendo en la línea de las delicatessen.
José López (el de los dólares voladores) tuvo su propio afiche de campaña a gobernador tucumano como candidato de Alperovich en 2015."Construyendo futuro", decía. Como pasó con los "dientes electorales", ahora descubrimos que el futuro que prometía construir Lopecito era el suyo. Y, encima, en la casa de Dios.





