
Tierra de ensueño y leyendas
Dedicado a la Selección Argentina de fútbol, subcampeona del Mundial 2026

Es la tierra que forjó la gesta de San Martín y en el gran Tucumán alumbró a Alberdi, profeta del futuro. La que recibió a millones de inmigrantes para cantar a los ganados y las mieses y ser el mítico granero del mundo. Es la tierra de Martín Fierro, jinete bravo de la Pampa indómita, y de Borges, el poeta del universo. Aquella que cantó los tangos más queridos de Gardel y soñó con veladas mágicas en el Colón.

Espíritu ancestral de Pachamama en la quebrada humahuaqueña y hermana del sol en el altivo Aconcagua. Y también es la tierra del chueco Fangio, volador de mil rutas argentinas y del papa Francisco, lazarillo de los cielos. Y del corazón sabio de Favaloro y del superlativo mar de fueguitos de Milstein. Una tierra cuya figura se agiganta en la Patagonia cósmica del sur y palpita en el eterno retorno de los gélidos muros del Perito Moreno. Es la tierra de la gran capital junto al río inmóvil y de los teatros de la calle que nunca duerme y celebra el arte en sus museos infinitos. La misma tierra que se derrama en la maravilla de abismos del Iguazú y custodia mares blancos arcanos en la lejana ciudad austral.
Es tierra de libertad irredenta, de pasiones rebeldes y de locos piantaos, piantaos, piantaos. Que veneran la amistad como el fuego sagrado que enciende cada año el sepulcro divino. Tierra de contrastes acerbos y de empecinados quijotes, y de amores melancólicos que se desarman y sangran y se quedan hasta el alba.

Hoy como nunca en la tierra de la gambeta y el gol, en la tierra de Maradona, una legión de gladiadores nos encendieron de alegría y de la mano de ellos subimos la cuesta hasta llegar al final. Esta vez no se pudo. No fuimos campeones, pero no todo concluye al fin. Agradecimiento y reverencia a Messi, Scaloni y a un puñado de jugadores que nos dieron una lección de esfuerzo, talento y humildad. Gratitud y admiración.
Gracias Selección, que nos has dado tanto.


