
Todos somos el tercer sector
Por Rodolfo D. A. Borghi (para La Nación )
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MUCHO venimos hablando en este fin de siglo de la importancia del tercer sector y de su articulación con las empresas y con el Estado.
Sabemos que con la expresión tercer sector abarcamos también, a pesar de sus diferencias, otras como sociedad civil , sector social , organizaciones no gubernamentales , organizaciones de la sociedad civil y algunas más que utilizamos para referirnos a este sector, en el que confluyen innumerables iniciativas que permiten a cada persona canalizar lo mejor de sí en procura de proveer a la civilización de algo que ha venido perdiendo: la dignidad humana. Muchísima más gente de lo que públicamente conocemos trabaja por un mundo más justo, por un mundo mejor.
La utopía de lo posible
Hoy el Estado no debe ignorar que no podría garantizar las obligaciones que le competen sin la contribución, entre otras, de las fundaciones, las asociaciones, las organizaciones no gubernamentales. A su vez, la empresa actual está aprendiendo que no puede desarrollar su estrategia comercial sin responsabilidad social, sin preocuparse por su entorno. Convengamos en que el mundo actual no es el que la mayoría queremos: se ha llegado a confundir el concepto de democracia con el de liberalismo económico, que es un sistema que produce necesariamente exclusión social. Pero también conocemos que no podemos desear la utopía del verdadero desarrollo humano sin basarnos en lo posible.
A esta altura de la historia todos reconocemos al Estado y debemos ayudar a edificar un Estado social de derecho. También creemos en la empresa, pues sin ella no serían posibles los bienes y servicios necesarios para la población actual. Pero nos cuesta reconocer la importancia y la existencia del tercer sector. Probablemente haya influido en esto la falta de credibilidad originada en acciones poco claras de algunas instituciones que, amparándose en algunos beneficios impositivos, buscan la manera de obtener provecho para sus titulares y no para la sociedad. Esto derivó en reacciones del Estado, que, simplificando el tema, entre otras medidas, limitó exenciones a las fundaciones.
Todo esto debe cambiar. Las organizaciones de la sociedad civil deben ofrecer garantías concretas e inequívocas de transparencia (se está trabajando en un proyecto de ley para obtener mayor visibilidad e incentivos fiscales) y de acción efectiva hacia el bien común, el de todos nosotros. Y el Estado debe reconocer ese aporte, tan necesario en el sistema actual, donde no podría concebirse el cuidado de la salud, la educación, el trabajo, la cultura, el desarrollo comunitario, la investigación, el medio ambiente, sin la participación incansable de todas estas instituciones que surgen del seno de la comunidad.
Un año especial para la Argentina
Los medios de comunicación se constituyen en un importante motor de la democracia al dejar lugar, con el fin de que se expresen, a todas las formas de construir la realidad.
Para la Argentina, este año es especial: hay elecciones nacionales y los partidos políticos trabajan en la preparación de sus plataformas. Es una buena oportunidad para enriquecer el debate, proporcionando mayor visibilidad a la participación de este creciente tercer sector.
Un grupo de entidades, en el que se reúnen instituciones cuyo objetivo principal es el bien común, estamos convocando horizontalmente a todas las organizaciones de la sociedad civil que conforman este sector para intervenir en estos temas. No debería quedar nadie afuera. El Estado, la empresa y el tercer sector deben funcionar con la articulación adecuada en estas circunstancias cruciales. A todos nos interesa estar de acuerdo en cuáles son los límites éticos de la acción de cada uno de los sectores.
"Algo tengo que hacer"
Hace pocos años, en Brasil, hubo una campaña contra el hambre, liderada por Betinho, que logró personificar la idea de que "el hambre es un problema mío", "dondequiera que yo esté, en el gobierno, en mi casa, en la empresa, en el trabajo, en la calle, donde sea, es insoportable ver lo que veo todos los días, y algo tengo que hacer".
Desde hace tiempo contemplamos o participamos del crecimiento y la energía de este tercer sector que está compuesto por el esfuerzo de muchísimas personas que quieren ponerle el hombro a este mundo para que no se caiga. Esas mismas personas muchas veces trabajan en el Estado o tienen un papel protagónico en empresas. Todos los ciudadanos de nuestro país, de alguna forma, trabajamos en alguno de estos tres sectores y, desde cada una de nuestras actividades, a diario nos preguntamos: "¿Qué puedo hacer yo?" Si alcanzamos un acuerdo sobre el imprescindible uso de altos valores, como ética, esfuerzo y solidaridad, lograremos construir entre todos una sociedad más justa. Y todos somos nosotros.





