Tortura y polémica en la pantalla

Yolanda Monge
Yolanda Monge MEDIO: El Pais
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26 de diciembre de 2012  

WASHINGTON.- Aún no se ha estrenado -llega a las pantallas estadounidenses el 11 de enero-, pero el ruido mediático logrado por la nueva película de Kathryn Bigelow, La noche más oscura ( Zero dark thirty ), gracias a su éxito entre los críticos y las candidaturas a los Globo de Oro, ha reabierto en Estados Unidos el debate sobre la legitimidad de la tortura, polémica sobre una cuestión política y moral que se abrió durante la presidencia de George W. Bush con la creación de Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA.

Bigelow ilustra, como si fuera una crónica periodística alejada de cualquier opinión (o justo por su renuncia, cargada de ella), la década que pasó la CIA tras el fantasma de su enemigo público número uno, Osama ben Laden. ¿Fueron cruciales en la muerte de Ben Laden los brutales interrogatorios a los que fueron sometidos algunos sospechosos? ¿Se le habría dado caza de no haberse producido?

Tanto el ex presidente Bush -en sus memorias- como sus ideólogos de la guerra contra el terrorismo siguen insistiendo en que la fuerza fue necesaria para persuadir a hablar a los miembros de Al-Qaeda que condujeron a los Navy Seals a la guarida de Ben Laden en Abbottabad, Paquistán. John Yoo, uno de los abogados de Bush a cargo de la arquitectura legal que dio luz verde a la tortura en una de las épocas más oscuras de la historia estadounidense, justificaba el uso de las llamadas "técnicas de interrogatorio violentas" dos días después de la muerte de Ben Laden, en mayo de 2011.

"El presidente Obama puede hoy, legítimamente, atribuirse el éxito. Pero se lo debe a las duras decisiones que hubo que tomar durante la administración Bush", escribió Yoo en la revista National Review.

Obama y las organizaciones de derechos humanos han calificado esas técnicas como torturas y manifestado que suponen la traición de principios básicos establecidos en la Constitución de su país. "América no tortura", es la frase que pronuncia el actual presidente de Estados Unidos durante la única aparición que hace en la película de Bigelow a través de una pantalla de televisión. Por lo demás, el mandatario que llegó al poder en 2008 fue muy tímido en su declaración sobre ese oscuro episodio y declaró que había llegado la hora de mirar "hacia delante y no hacia atrás".

En los años que siguieron a los ataques del 11-S, no ha existido sobre la tortura una comisión de la verdad, y el informe que recibió recientemente el Senado -del que no se conocerán detalles en meses- está complicado desde su nacimiento debido a una lucha partidista que ha dejado a los republicanos fuera de su redacción. Hay una excepción en las filas republicanas a favor de ese informe y su exposición pública, la del senador por Arizona y antiguo pretendiente a la Casa Blanca John McCain, quien fue torturado cuando era prisionero en Vietnam del Norte y todavía luce secuelas.

Hay quien considera que la tortura hace hablar, como podría sugerir La noche más oscura , ya que el dolor y el pánico que se ejercen sobre un prisionero en los primeros minutos del film concluyen con la caza y captura del líder de Al-Qaeda al final de la película. Pero lo cierto es que dos prisioneros que han pasado por las cárceles secretas y que ahora esperan juicio en Guantánamo son prueba de lo contrario. Uno de ellos es Jalid Sheij Mohamed, el supuesto cerebro del 11-S y sobre quien se aplicó 183 veces la técnica de interrogatorio conocida como waterboarding o ahogamiento simulado. Mohamed no sólo no dijo la verdad sino que engañó a sus torturadores y los desvió del camino a seguir. Como expuso el vocero del Consejo de Seguridad Nacional, Tommy Vietor, tras la muerte de Ben Laden: "Si el waterboarding hubiera producido resultados en 2003, habríamos acabado con Ben Laden en 2003".

A cambio, lo que queda es una película vibrante, con una imperial Jessica Chastain como agente de la CIA con un único objetivo en la vida: cazar a Ben Laden. Bigelow sigue siendo una superdotada para la acción y se luce en el tramo final, con la recreación de la entrada de los comandos de los Navy Seals en la casa de Ben Laden. La CIA estará contenta: entre La noche más oscura y Argo , de Ben Affleck, está logrando un lavado de cara colosal. Con o sin waterboarding .

© El País

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