
Transitar el dolor
El amor y el dolor siempre van de la mano. Podríamos comparar el amor con una tarjeta que tiene una inscripción de ambos lados. De un lado, leemos: “Te amo y quiero que estés a mi lado”; y del otro lado, dice: “Cuando no estés conmigo, sentiré dolor”.
Cuando escogemos amar a alguien, también aceptamos esa tarjeta; de lo contrario, no podríamos entablar una relación. El dolor de una pérdida, sea de la naturaleza que sea, viene a recordarnos que amamos a esa persona que hoy no está con nosotros.
La ausencia del otro, que antes estaba activamente presente, es lo que nos causa ese inmenso dolor. Lo cierto es que la mayoría de los seres humanos si tuviéramos estas dos opciones delante de nosotros: 1) jamás en la vida experimentar dolor pero tampoco ser capaces de amar, o 2) tener la capacidad de amar con el riesgo de tener dolor; muy probablemente nos inclinaríamos por la segunda opción.
Por eso, toda vez que sintamos dolor ante la ausencia de un ser querido, recordemos que en verdad duele pero también fue el riesgo que corrimos al elegir amar. Cuando uno ama, no puede evitar “apegarse”, lo cual implica que la pérdida le causará dolor. Nos entristecemos y lloramos porque hemos amado profundamente.
El amor es el ingrediente que le da sentido a la vida y nos mantiene unidos. El dolor que nace de la pérdida trae consigo algunas de las cosas más significativas. Por eso, a pesar del riesgo del dolor, siempre vale la pena seguir eligiendo amar.
Mitos sobre el dolor
Comparto a continuación algunos de los mitos más comunes sobre el dolor:
- El dolor es un problema que tenemos que resolver. FALSO. El dolor es una emoción que todos en algún momento experimentamos. Ver el dolor como un problema nos conduce a dar consejos tales como “tenés que distraerte”, o “tranquilizate”, o “pronto vas a estar bien”, en un intento por ayudar al doliente a salir de ese estado rápidamente.
- El dolor es una etapa a superar. FALSO. El dolor es algo que se transforma y nos transforma. El dolor jamás se “supera”, debe ser expresado y gastado, hasta que llega un momento (no hay un tiempo específico, pues difiere de persona a persona) que muta y evoluciona, cambia junto con nosotros.
- Hallar la respuesta a “por qué me sucedió esto” alivia el dolor. FALSO. El dolor es una pregunta sin respuesta, un gran interrogante, por mucho que nos esforcemos por explicarlo.
Algunos hechos sobre el dolor
El dolor es un proceso normal de la vida frente a una pérdida y nos iguala a todos. El Dr. Russ Harris, autor de La trampa de la felicidad, describe el dolor como una ola. Al comienzo, los sentimientos dolorosos son como un maremoto pero luego las olas se irán calmando (aunque de vez en cuando aparezcan olas grandes, intensas y frecuentes). Las olas nos envuelven y nos llevan con ellas pero no nos ahogan, siempre y cuando nos dejemos flotar en ellas.
Esto significa que uno no debería hacer nada, sencillamente hay que permitir que el dolor surja y experimentarlo, observarlo sin cuestionamientos, aceptarlo tal cual es. El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional. El dolor es aquello que sentimos frente a la pérdida, el sufrimiento es la manera en que lo interpretamos y lo que hacemos con eso. Luchar contra el dolor o intentar evitarlo solo hace que se convierta en sufrimiento.
El dolor nos dice que estamos vivos. Por tal motivo, nunca debería ser anestesiado; todo lo contrario, hay que permitirse sentirlo hasta que llegue el alivio, pues es parte del camino del duelo. De nada sirve, frente al dolor, el autorreproche o la autocrítica; es precisamente cuando más bondadosos deberíamos ser con nosotros mismos.
Toda pérdida nos deja una enseñanza y nos transforma pero el tema no se agota aquí, pues responde a una multiplicidad de factores que sería imposible enumerar en este espacio. Brindamos aquí solo algunas ideas que esperamos colaboren a considerar el dolor desde otra perspectiva.
¿Cuál es tu experiencia con el dolor?
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com





