
Tristes tribus de trasnoche
Asmodea Peribañez es una emo de reciente hornada: los rasguños y moretones que luce orgullosamente en su espalda y en sus brazos demuestran, con la misma elocuencia que su flequillo verde cotorra, que sus tatuajes y ese arito en la lengua, cuán incomprendida se considera. La palabra "emo" es apócope de la voz inglesa emotional y la tribu de los emos, que sienta querencia en Buenos Aires y alrededores, está compuesta por individuos de sexo difuso que andan en los diecisiete años y que prefieren la autoflagelación a cualquier otra actividad física. Como todo buen emo, Asmodea menosprecia a la gente convencional, se avergüenza de papá y mamá y hace verdadero culto de la automarginación, razón por la cual no estudia ni trabaja. Eso sí: encuentra cierto regocijo emitiendo fieros gruñidos y sacudiendo su osamenta, los fines de semana, en algún boliche no demasiado diferente de Cromagnon.
Asmodea era flogger antes que emo. Los emos no se parecen a los floggers, como no sea por el hecho de que el trabajo y el estudio les resultan fatigosos y porque aman trasnochar. Hay que decirlo: los floggers son más sociables y la cofradía sólo reúne a adolescentes gregarios empeñados en disputar figuración cibernética, en llevar su imagen a los altares de Internet y así acaparar cuanta veneración sea posible. Días atrás, floggers enfrentados en vanidosa rivalidad y atacados de egocentrismo tremens provocaron tal tremolina en el shopping del Abasto que hubo que llamar a la policía para que la gresca amainara. Esa misma noche hicieron las paces, cosa previsible en chicos tan idealistas, y para festejarlo amanecieron en un boliche como Cromagnon, así de parecido. Conviene aclarar que Asmodea, actual emo y ex flogger, hizo sus primeros ejercicios espirituales con los dark (´oscuro , en inglés), y para ello se le exigió mostrar tenebrosa apariencia draculiana. Primos de leche de los punk, los dark cumplen dos consignas básicas: deben admitir que una turbia martingala del destino los depositó en este tiempo y en este lugar, y deben reconocer que en realidad pertenecen a un hábitat de catacumbas, el de boliches no menos tenebrosos que Cromagnon Como a los demás miembros de las tristes tribus porteñas, los caracteriza su impostada indolencia y la atroz ausencia de padre, madre y escuela en sus manifestaciones de comportamiento urbano. La mamá de Asmodea convirtió en sonsonete este interrogante: "¿Cómo puede ser que la nena salga a pasear tan tarde, con esa facha de espectro y con ese collar que enhebra hojitas de afeitar alrededor de su cuello? ¿Estará chiflada?". Y la nena no tiene dudas de que sus padres dan pena de puro vulgares y antiguos.




