
Trump: frenos y contrapesos
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La orden ejecutiva del presidente Donald Trump de vetar la entrada a los Estados Unidos de ciudadanos de siete países de Medio Oriente desató, como era de prever, una ola de indignación en los Estados Unidos y en el resto del mundo. La instrucción impartida a las autoridades del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (Uscis, por sus siglas en inglés) impide el ingreso de ciudadanos provenientes de Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Yemen e Irán y suspende el ingreso de todos los refugiados por 120 días.
Las reacciones contra dicha medida no se hicieron esperar. El ex presidente Barack Obama no sólo advirtió que los valores de los EE.UU. estaban en peligro, sino que expresó su apoyo a las protestas que se han realizado en distintas ciudades del país contra las medidas migratorias. No menos categórica fue la canciller alemana, Angela Merkel, quien afirmó que la lucha contra el terrorismo no podía de ninguna manera utilizarse como pretexto para extender la sospecha generalizada contra grupos humanos por razones de etnia, religión u origen geográfico.
Desde el Poder Judicial se le ha puesto freno a esa medida de Trump, calificada de inconstitucional, arbitraria y discriminatoria. En primer lugar, un juez federal del estado de Washington suspendió temporalmente la orden presidencial. Esa resolución fue apelada por el Departamento de Justicia de los EE.UU. buscando reimplantarla, pero una corte de apelaciones negó la solicitud del gobierno por lo que la prohibición de ingreso de los ciudadanos de siete países con mayoría musulmana sigue suspendida, hasta tanto se pronuncien de manera definitiva instancias judiciales superiores.
Por otra parte, Trump ha manifestado su intención de rever los tratados de libre comercio firmados con otros países e imponer altos aranceles a las empresas norteamericanas radicadas en el exterior, entre otras cuestiones. No menos importantes han sido sus oscilantes declaraciones sobre la eficacia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) así como sobre la utilidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Cabe mencionar que Trump no ha dicho ni ha hecho nada distinto a lo anunciado en la campaña presidencial, discurso por el cual lo eligieron sus conciudadanos. Sin embargo, más de la mitad de los norteamericanos que no lo votaron y posiblemente muchos otros que sí lo hicieron, se han manifestado en diferentes ciudades de los Estados Unidos y en varios de sus aeropuertos en contra de aquellas medidas que consideran discriminatorias y violatorias de los derechos humanos.
Es de esperar que la independencia de los poderes, las instituciones y la ciudadanía comprometida fuertemente con los principios de libertad se constituyan, una vez más, en los frenos y contrapesos que desde siempre han prevalecido en la democracia norteamericana.




