Trump y Chávez, con mucho en común

Andrés Oppenheimer
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28 de julio de 2015  

MIAMI.- Hay una creencia generalizada de que el candidato Donald Trump es un payaso populista que no va a poder marcar la agenda del Partido Republicano ni obtener la nominación de su partido ni, mucho menos, ganar las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. Pero la creencia generalizada se ha equivocado muchas veces.

El ascenso de Trump de magnate inmobiliario y estrella de reality show a candidato republicano Nº 1 (lidera entre los republicanos con un 24% del voto, seguido por el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, con un 13, y el ex gobernador de Florida Jeb Bush con 12, según una encuesta del Washington Post/ABC News) me trae a la memoria el ascenso del fallecido presidente populista venezolano Hugo Chávez.

Al igual que Trump, Chávez no fue tomado en muy serio cuando empezó su campaña política, a fines de los años 90.

Trump y Chávez, claro, vienen de lados opuestos del espectro político. Trump es el epítome del capitalismo, un multimillonario que proclama "yo soy rico" y propone abiertamente un mundo más capitalista. Por su parte, Chávez era un militar que se proclamaba socialista. Sin embargo, tienen mucho en común: comparten las tres características clave del populismo.

En primer lugar, los populistas siempre crean un enemigo común para poder convertirse en líderes de una causa nacional. Y si el enemigo es extranjero, mejor. Trump ha elegido a los mexicanos como el enemigo, alegando que los indocumentados mexicanos invaden su país. Ha dicho que México está "enviando gente con un montón de problemas; están trayendo las drogas, el crimen". No importa que tales afirmaciones sean erróneas. La gran mayoría de los inmigrantes mexicanos son gente buena y trabajadora, y la inmigración ilegal procedente de México ha caído a mínimos históricos, desde alrededor de 400.000 personas por año hace una década a 125.000 en la actualidad, según la Encuesta Comunitaria de la Oficina del Censo de Estados Unidos. Pero pegarle a México se ha convertido en el eje de la campaña de Trump, y el populismo nacionalista parece estar funcionándole bien.

En segundo lugar, los populistas juegan constantemente a victimizarse, alegando que están a punto de ser asesinados por el enemigo. Por ridículo que parezca, Trump dijo el jueves, durante una visita al ciudad fronteriza de Laredo, Texas, que estaba poniendo su vida en "gran peligro" al viajar allí. "Tengo que hacerlo, amo a este país", añadió melodramáticamente.

No importa que Laredo sea una de las ciudades más seguras de Texas, ni tampoco que las tasas de homicidio, robo y asaltos de Laredo sean más bajas que los de la ciudad de Trump, Nueva York, según datos del FBI.

En tercer lugar, la mayoría de los populistas son egomaníacos. Muchas veces me he referido a Chávez como un presidente "narcisista-leninista". Su palabra favorita era "yo". En un discurso del 15 de enero de 2011, Chávez usó la palabra "yo" 489 veces. Trump no hace discursos de cinco horas, como Chávez, pero pronunció la palabra "yo" 220 veces en el discurso de 42 minutos con el que anunció su candidatura, el 16 de junio.

Hay otra cosa que Trump y Chávez tienen en común: ambos utilizan la misma estrategia de hacer constantes declaraciones escandalosas para capturar los titulares y colocarse en el centro de la escena. Desde que anunció su candidatura, Trump no ha parado de estar en los titulares, ya sea con sus declaraciones incendiarias sobre los mexicanos o con su afirmación de que el condecorado senador republicano John McCain no es un héroe de guerra, o dando a conocer el número de celular de su rival republicano Lindsay Graham en un discurso.

Después de cada una de sus polémicas declaraciones, Trump arremete contra los medios, y los acusa de distorsionar sus comentarios, lo cual a su vez genera una nueva ronda de titulares. Así fue exactamente como Chávez, sin dinero ni maquinaria política, ganó su primera elección en 1998.

Mi opinión: en un mundo ideal, todos nosotros en los medios deberíamos ignorar a Trump, o ponerlo en la sección de entretenimiento, como lo ha hecho The Huffington Post. Pero Trump es una noticia política, nos guste o no. Está en el primer puesto de las encuestas republicanas. Lo más probable es que no gane la nominación, pero es muy posible que marque la agenda política republicana, o -como lo hizo Ross Perot- se lance como candidato independiente y se robe muchos votos republicanos en 2016.

Es hora de tomar en serio a Trump y de describirlo como lo que es: un demagogo nacionalista populista, como Chávez.

Twitter: @oppenheimera

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