
Turismo, la industria sin humo
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EL turismo es una de las actividades productivas con mejores perspectivas en la Argentina. Las estadísticas demuestran que desde el extranjero se mira con interés al país en ese aspecto, lo cual queda demostrado en forma cabal por el sostenido incremento de la bien denominada industria sin humo. Desde hace muchísimo tiempo los seres humanos tienen la inquietud de migrar, no sólo por razones económicas sino para satisfacer su curiosidad por lo desconocido y para enriquecer su intelecto incorporando a él nuevos paisajes, costumbres y conocimientos. Los viajes de esa clase -además de las peregrinaciones religiosas, las empresas comerciales y las exploraciones- eran frecuentes en la antigüedad.
Entendido como viaje efectuado sin propósitos comerciales, el turismo, complemento del ocio y el descanso, ha crecido vertiginosamente merced al progreso de los medios de transporte. España, Italia, Francia y los Estados Unidos incluyen el turismo entre las más importantes industrias nacionales. Durante 1998 y con el añadido de la concurrencia que acudió a presenciar el último campeonato mundial de fútbol, el país galo recibió, por ejemplo, nada menos que 70 millones de visitantes.
Según el Travel and Tourism Council, en el 2005 esa actividad movilizará 7 trillones de dólares y empleará, directa o indirectamente, a 338 millones de personas. A su turno, las Naciones Unidas informan que se trata del sector de la economía que se está desarrollando con mayor rapidez y mejores perspectivas.
Durante 1990, la Argentina captó 2.116.476 turistas; en 1998, esa cifra ascendió a 4.859.867. Varios factores contribuyeron para que se produjese ese sustancial incremento: la estabilidad monetaria, la desregulación que permitió que el país se incorporase al mundo, la reducción de las tarifas de los pasajes aéreos de cabotaje e internacionales y la revisión de la política de banderas. Asimismo, el formidable aumento de la capacidad hotelera, porque ahora Buenos Aires posee más de una decena de hoteles de cinco estrellas, hay establecimientos de parecida importancia en diversos puntos del interior y a ellos se suman, en calidad de oferta no tradicional, cabañas, moteles, estancias turísticas, posadas, etcétera. Toda esa infraestructura permite que a lo largo y lo ancho de nuestro país -invalorable ayuda para las economías regionales- se pueda escuchar hablar en los más diversos idiomas extranjeros.
Por otra parte, el turismo interno ha sido valorizado por el cambio de los hábitos de los argentinos. Numerosos compatriotas han dejado de pensar en las vacaciones largas y optan por fraccionarlas a lo largo del año. Recurso apropiado para disminuir las tensiones características de la vida moderna y abrir múltiples posibilidades turísticas, tales como los llamados paquetes de fin de semana o de tres días, el miniturismo, el turismo aventura, el histórico, el naturista puro, el deportivo y muchas otras propuestas por el estilo.
Es tan sólo el principio, pero un principio promisorio. El nuevo gobierno debe advertir que queda mucho por hacer en este rubro. Faltan caminos, aeropuertos modernos y seguros, educación vial, señalización, mapas, guías, fomento de la hotelería, mejoramiento de la infraestructura hotelera, precios razonables y educar a la población para que sea cordial con los visitantes y no interprete que puede aprovecharse de ellos.
Asimismo, será primordial que desaparezca el clima de inseguridad en materia delictiva que hoy en día tiene sojuzgada a gran parte del país: un turista francés asesinado al salir del casino porteño o visitantes asaltados dentro de microómnibus que los traía desde Ezeiza no representan, por supuesto, la publicidad más conveniente para exaltar las cualidades turísticas de la Argentina.
Hay aquí 3321 operadores turísticos que por razones de competitividad y escala tienden a la concentración y las alianzas. Se dispone, pues, de positiva materia prima y las autoridades deben entender que la explotación racional y organizada del recurso turístico es un imperativo insoslayable. El turismo está llamado a ser un eficaz recurso para reducir el desempleo, un factor de realización cultural para la población y una fuente de recursos que debería ser consolidada en el 2000, a título de demostración de buen gobierno.





