Ucrania: la estrategia de Vladimir Putin

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
Aún parece titubear un poco. Pero se está acercando amenazadora y peligrosamente al abismo. Casi asomándose a él
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2 de septiembre de 2014  • 03:08

La estrategia de Vladimir Putin respecto de Ucrania no estaba clara. Hasta ahora, al menos. Pero de pronto todo ha cambiado. Sus objetivos, luego de haberse apoderado de Crimea y Sebastopol, empiezan a definirse.

Ya no se trata sólo de desestabilizar, desangrar y debilitar constantemente a Ucrania . De amedrentarla e intimidarla. Presumiblemente, el propósito ruso inmediato es otro: cercenarle una vez más su integridad territorial. Con una fórmula ya probada. Tanto en Transnitria, respecto de Moldavia, como en Osetia del Sur y Abjazia, con relación a Georgia, todos ellos enclaves con población rusa que han sido seccionados por Rusia de los países a los que, en derecho, pertenecen, recurriendo a la fuerza. La situación en esos enclaves ha permanecido congelada por años porque la amenaza rusa del uso de la fuerza proyecta, por sí misma, disuasión. Sólo Venezuela y Nicaragua , así como algunas pequeñas islas, como Vanuatu, los han reconocido como lo que definitivamente no son: estados independientes.

En Ucrania, con soldados rusos a los que -en violación del derecho internacional- se quitaron las insignias, acompañados de pretendidos milicianos locales, así como de mercenarios y aventureros alquilados, Putin apunta (por segunda vez) a quedarse con el puerto de Mariupol, emplazado sobre el Mar de Azov. Temerariamente, por cierto.

Al tiempo de escribir estas líneas, esa ciudad está todavía "protegida" por el noveno batallón del ejército de Ucrania, que ha quedado relativamente aislado en el terreno. Pero está seriamente amenazada por los insurgentes.

En Mariupol, el 89% de los habitantes habla el idioma ruso. Se trata de una ciudad de medio millón de habitantes, con una industria metalúrgica pesada que genera el 7% de las exportaciones ucranianas. Está ubicada cerca de importantes yacimientos de carbón y hierro, así como de distintos minerales. Tiene acceso al Mar de Azov, en el que desemboca el río Don. Mar conectado, a su vez, con el Mar Negro, a través del estrecho de Kerch.

El avance insurgente y separatista, fomentado por Rusia, hacia Mariupol ha sido veloz.

El Mar de Azov, recordemos, es uno de los mares menos profundos del mundo, de agua dulce. Pero navegable. Adyacente además a la península de Crimea que, con el puerto de Sebastopol, como se ha dicho, ha sido anexada a Rusia, mediante un ilegal -pero eficiente- zarpazo militar.

El avance insurgente y separatista, fomentado por Rusia, hacia Mariupol ha sido veloz. Configura una abierta violación de la integridad territorial ucraniana y del derecho internacional, por ser Rusia un Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas , todo lo que sucede en el este de Ucrania adquiere particular gravedad, porque se trata de un desafío abierto al orden que Rusia, se supone, debiera hacer respetar y proteger. Razón por la cual la confiabilidad de Rusia está en su nivel más bajo desde la caída del muro de Berlín.

Si Rusia se apodera (directa o indirectamente) de Mariupol, controlará una vasta porción del territorio ucraniano en el sudeste del país. Incluyendo presumiblemente a las ciudades de Donesk y Luhansk, donde -desde hace semanas- se libran duros combates entre las fuerzas ucranianas, por una parte, y los insurgentes, apoyados y acompañados por fuerzas rusas que operan en Ucrania, por la otra.

Rusia sugestivamente denomina a la zona ubicada en torno de Mariupol: "Novorossiya". O sea, "Nueva Rusia". Por esto, muchos de los milicianos insurgentes han comenzado a lucir, de pronto, insignias que ahora los identifican como perteneciendo al supuesto ejército de la "Nueva Rusia".

Como reacción ante lo que sucede, Ucrania se apresta finalmente a dejar su condición de "no alineado", renunciando a ella. Y a solicitar luego ser admitida como miembro de la OTAN, proceso que Rusia ha tratado -por años- de evitar. Pero que seguramente no se precipitará, por todo lo que el ingreso inmediato de Ucrania a la OTAN implicaría.

Mientras tanto, la OTAN ha encendido sus luces de alarma por la conducta rusa en Ucrania. Ocurre que está meridianamente claro que las tropas rusas no sólo han intervenido directamente en territorio ucraniano sino que, además, Rusia ha suministrado -y sigue suministrando- toda suerte de armamentos y pertrechos a quienes, con ideales separatistas o anexionistas, combaten contra el gobierno de Ucrania.

Oficialmente, para el gobierno ruso, las tropas rusas que se han desplegado en Ucrania son -sarcásticamente- apenas: un grupo de "voluntarios que están en vacaciones", lo que es una torpe burla a la verdad. Hablamos de unos dos o tres mil soldados que están acompañando -con riesgo de vida- las acciones violentas de la insurgencia local, que ya lleva cuatro meses de combates.

Rusia ha suministrado -y sigue suministrando- toda suerte de armamentos y pertrechos a quienes, con ideales separatistas o anexionistas, combaten contra el gobierno de Ucrania

No obstante, Rusia aún no ha recurrido a utilizar abiertamente su aviación militar. Pese a lo cual, no puede soslayarse ni disimularse que ese país debe ser tenido como partícipe responsable del cobarde derribo del vuelo comercial "MH 17", de Malaysia Airlines , episodio realmente brutal que causara centenares de víctimas inocentes y generara consternación y un unánime repudio universal.

En Rusia, las sanciones económicas ya impuestas por los Estados Unidos y por la Unión Europea , así como el consiguiente aislamiento del país, han comenzado a generar malestar. Por ahora manifestado en una corrida contra el rublo, que está cotizando a unos 37 rublos contra el dólar norteamericano, evidenciando una fragilidad que la moneda rusa no tuvo, al menos desde los años 90, cuando la hiperinflación azotara al país.

Esto puede empeorar puesto que, si Rusia no deja de desestabilizar e intervenir, más o menos solapadamente, en Ucrania parecería evidente que las sanciones económicas aumentarán y se expandirán, cada vez más, aumentando el nivel de tensión que la crisis proyecta.

¿Estamos ya realmente frente a una "invasión" rusa a parte del territorio ucraniano? En gran escala y a cara descubierta, todavía no. Pero, en los hechos, la invasión -mal disimulada- existe. Y flota la sensación de que ella podría, en cualquier momento, aumentar en intensidad transformándose en indisimulable. En castaño oscuro, entonces.

Lo cierto es que los hechos bélicos recientes -y la actitud desafiante y provocadora de Vladimir Putin- actúan cada vez más a la manera de señal de que la situación en Ucrania puede deteriorarse significativamente. En cualquier momento. Amenazando, aún más, la paz y seguridad del mundo.

Por esto, varios de los vecinos de Rusia están justificadamente inquietos. Incluyendo a Polonia, que acaba de negar el tránsito a través de su espacio aéreo al ministro de defensa ruso, y a los pequeños países del Báltico, cuyas peores pesadillas -aquellas que rememoran el profundo horror del pasado soviético- se han intensificado. Y no sin razones.

Entre las que se incluye la sensación de que los Estados Unidos tienen un liderazgo indeciso y están, por el momento, concentrados en los temas gravísimos de Medio Oriente , con las manos llenas. A lo que se agrega la existencia de una extendida percepción que supone que la capacidad efectiva de reacción de la OTAN, después de veinte años de existencia, está osificada.

Lo cierto es que los hechos bélicos recientes -y la actitud desafiante y provocadora de Vladimir Putin- actúan cada vez más a la manera de señal de que la situación en Ucrania puede deteriorarse significativamente

El cúmulo de tácticas que -desde hace años- Rusia ha estado utilizando respecto de Ucrania conforma una categoría bélica nueva: la de la llamada "guerra híbrida", que incluye ciertamente el músculo militar, pero también acciones concertadas y coordinadas en otros planos.

Como son, a modo de ejemplo: (i) las presiones comerciales (como las ejercidas sobre Ucrania desde el 2008, con relación al abastecimiento de gas natural ruso); (ii) la captación de países y dirigentes extranjeros para enrarecer las reacciones externas; (iii) la prédica constante del nacionalismo; (iv) la manipulación de la información y su prima hermana, la desinformación; y (v) hasta la constante agresividad intimidatoria en el trato, todo como parte de una acción amplia, con perfiles nítidos de hostilidad.

También debe sumarse la guerra cibernética, utilizada por Rusia contra Ucrania desde 2010. Cuando los rusos infectaran los sistemas y las computadoras ucranianas con el virus bautizado como "Serpiente", se puso una gran parte de la información confidencial del gobierno ucraniano directamente en manos de los servicios de inteligencia rusos.

Putin aún parece titubear un poco. Pero -cebado y audaz- se está acercando amenazadora y peligrosamente al abismo. Casi asomándose a él. Lo que equivale a caminar al borde mismo de la fatalidad.

La fragilidad de la situación en Ucrania -de la que Rusia es responsable- es cada vez mayor. Y genera creciente preocupación en la comunidad internacional. Quizás por lo del proverbio árabe que dice: "la primera vez que me engañas, la culpa es tuya; la segunda vez, la culpa es mía".

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