
Un argentino en la corte de Boris Yeltsin
Por Julio Crespo
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ESTA semana, las radios moscovitas dieron la bienvenida a Domingo Cavallo con música de tangos y comentarios sobre la victoria contra la hiperinflación en la Argentina. En medio del caos financiero y la amenaza de la mayor crisis política desde la caída del comunismo, Cavallo encontró una audiencia expectante: más de doscientas personas acudieron a su conferencia de prensa. Mientras publicaciones occidentales, como The Economist y The Financial Times, expresaban su escepticismo respecto de la aplicación a la compleja realidad de Rusia del régimen de convertibilidad de la moneda, los periódicos rusos publicaron amplias reseñas sobre las virtudes del plan implementado en Buenos Aires.
Cavallo, como gurú
Según The Financial Times, Cavallo puede estar en camino de adquirir status de gurú económico en el ex bloque soviético. Esto puede ser un índice de la urgente necesidad de los países que formaban la URSS de volver a su cauce un proceso de transformación que está ahora en plena bancarrota de recursos, de ideas, de dirigentes y de instituciones.
La bancarrota de recursos es consecuencia de cinco años de un régimen económico híbrido, en que la transición hacia el capitalismo se dio sin crear un marco de competencia que actuara como regulador y sin fortalecer la capacidad del Estado para recaudar fondos. Se arruinaron las industrias, la agricultura y los servicios públicos; aumentaron la desocupación y la pobreza y creció el descontento entre millones de trabajadores de empresas estatales y miembros de las fuerzas armadas que llevan meses sin cobrar sus sueldos. La devaluación del rublo hace dos semanas y la caída vertical de su valor en los días siguientes sellaron el proceso de deterioro. "Unos porque ganaron y otros porque perdieron, todos ahora están sacando su dinero de Rusia", comentó días atrás un editorial del St. Petersburg Times.
El colapso financiero marca lo que ya se ve como el fin de la era de Boris Yeltsin. Desde su reelección, en 1996, el presidente sufrió un creciente proceso de deterioro físico, intelectual y político. Los síntomas eran visibles desde hace tiempo, pero eso no impidió que las naciones occidentales le dieran su apoyo porque, aun con todas sus limitaciones, parecía el único político capaz de evitar la vuelta de los comunistas y de conducir al país por el camino de las reformas democráticas y la economía de mercado.
En la turbulencia de esos años de cambio se fortaleció la clase que los rusos llaman los oligarcas, financistas e industriales que se enriquecieron enormemente con la adquisición de las empresas privatizadas y la especulación y a los que el progresivo debilitamiento de Yeltsin da la oportunidad de convertirse en árbitros políticos. Esos grupos, organizados como clanes que controlan medios de información y tienen representantes políticos que defienden sus intereses, tercian ahora en la disputa por el poder alrededor de la sucesión de Yeltsin.
Se dice que la pérdida de criterio político de Yeltsin quedó en evidencia hace cinco meses, cuando -aparentemente sin otro motivo que sus celos políticos- relevó de su cargo a Viktor Chernomyrdin, que durante cinco años había sido su primer ministro. Ahora debió volver a convocarlo luego del interregno del inoperante Sergei Kiriyenko. En una primera votación, la Duma rechazó el nombramiento de Chernomyrdin, y mañana volverá a considerarlo. A pesar de esta inicial negativa, hay pocas dudas de que el cuerpo legislativo terminará por dar su aprobación.
El retorno de Chernomyrdin significó una humillación para Yeltsin y fue impuesto por la elite financiera conocida como la oligarquía, cuyo líder aparente en estos momentos es Boris Berezovsky, una suerte de Berlusconi ruso que se apoya en su imperio de medios de comunicación para convertirse en árbitro de la política. Es posible que se esté preparando la sustitución de Yeltsin por Chernomyrdin. Esto sería una manera rápida de salir al paso de las aspiraciones de Alexander Lebed, general retirado, que en las elecciones presidenciales de 1996 obtuvo el 15% de los votos y este año fue elegido gobernador de la región de Krasnoiarsk.
Villanos y héroes
No dejó de sorprender que importantes miembros de la oligarquía, que habían criticado y hasta vilipendiado a los principales autores de las reformas de mercado, acogieran con entusiasmo la llegada de Cavallo. Justamente Boris Berezovsky, que apenas una semana antes había denunciado a los ex primeros ministros Yegor Gaidar y Sergei Kiriyenko y al ex representante ante el Fondo Monetario Internacional Anatoly Chubais como "villanos que conducían la política económica con métodos bolcheviques", exaltó públicamente a Cavallo y llamó al gobierno a unirse detrás de un plan de estabilización.
En sus exposiciones, el ex ministro argentino insistió en que, junto con la reforma monetaria, era indispensable reformar el sistema de impuestos. Su llamado no podía ser más oportuno. Mientras en Moscú seguía demorándose la solución a la crisis política y financiera, un clamor llegaba de las 89 regiones y repúblicas que forman el país. Algunas amenazaban con suspender el pago de impuestos y los envíos de metales preciosos al gobierno federal.





