Un argentino nacido en Génova

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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20 de noviembre de 2020  

Esta semana se dio a conocer el hallazgo en la Patagonia de otro espécimen que ayuda a desentrañar la aventura evolutiva de los dinosaurios y su mundo extinguido. Además de la fascinación que ejerce sobre todos correr el telón sobre la historia natural del planeta vuelve a quedar en claro el nivel de excelencia de los paleontólogos argentinos, responsables de algunos de los descubrimientos más resonantes de las últimas décadas. Bagualia alba (como se llama la nueva especie), descubierto por Diego Pol y su equipo del Museo Egidio Feruglio, de Trelew, no es apenas una pieza más para seguir completando este enmarañado rompecabezas, sino una clave crucial para iluminar misterios de larga data, y que adquiere valor gracias a las hipótesis de este grupo interdisciplinario integrado por investigadores de talento y conocimiento indiscutibles.

¡Pensar que si uno va en busca de los orígenes de la disciplina en el país se encuentra con tramas novelescas, y personajes cuyas ambiciones y envidias los llevaron a protagonizar controversias encarnizadas!

Uno de ellos es Florentino Ameghino, que siguiendo los pasos del médico y naturalista Francisco Javier Muñiz, fue una figura rodeada de elogios encendidos y de críticas impiadosas.

Como dice el geólogo Marcelo Toledo, ex miembro de la junta de estudios históricos de Luján, "luego de su muerte en 1911, lo 'ameghiniano' quedó polarizado entre la validez de su teoría sobre el origen del hombre [que, para él había ocurrido en América], la polémica sobre su nacionalidad y la conspiración clerical contra su obra e imagen".

Sus biógrafos, como Bernardo González Arrili (autor de Vida de Ameghino, editado por Librería y Editorial Castellví, Santa Fe, 1954) y admiradores como José Ingenieros (que le dedica su libro Las doctrinas de Ameghino, Elmer Editor, 1919), enaltecen el hecho de que haya sido autodidacta, su vida "heroica", "germen para algunos de una utópica ciencia proletaria", agrega Toledo. Sus rivales, como Carlos Germán Burmeister, fundador de la Academia de Ciencias Naturales de Córdoba y de la Sociedad Paleontológica de Buenos Aires, además de director durante 30 años del actual Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, lo denostaban sin vacilaciones. En un fascículo encargado por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires con motivo del pedido de 5000 pesos para adquirir la casa en la que había residido el naturalista en Luján (La Nacionalidad y la Obra de Ameghino, Imprenta de El Pueblo, 1917), se reproducen algunos conceptos de Burmeister a propósito de los estudios sobre mamíferos fósiles de Ameghino: "Es una lástima para la ciencia paleontológica del país por los muchos errores que contiene", afirma. Y más adelante agrega, con cierto desdén, que solo había recibido educación "en la escuela municipal del 'pueblecito' (sic) campestre de Luján".

Capítulo aparte merece la encendida discusión que se mantuvo abierta durante más de un siglo sobre su lugar de nacimiento, Italia o la Argentina. Precisamente en su artículo publicado hace unos días en El Nuevo Cronista, de Mercedes, Toledo afirma que testimonios de la época, y nuevos documentos de su puño y letra descubiertos por investigadores italianos documentan definitivamente que Ameghino nació el 19 de septiembre de 1853 en Italia y llegó a Luján recién en 1855.

Sí: Fiorino Ameghino nació en Tessi y fue bautizado en la parroquia de San Saturnino. "Simplemente tal vez por comodidad administrativa, amor al terruño, igualdad con sus hermanos [que nacieron todos en la Argentina], y varias otras razones, en su madurez, Florentino prefirió ignorar el iuris solis y el iuris sanguinis y se autonacionalizó lujanense", escribe Toledo. La historia de las rencillas que se sucedieron desde 1911 en torno de este tema no tiene desperdicio, es un reflejo del argentino mismo, el de todos los tiempos.

Por: Nora Bär

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