Un hombre clave de Macri se prepara para volver

Laura Di Marco
Laura Di Marco PARA LA NACION
El exvicejefe de Gabinete no se bajó de la política y actualmente oficia de coach informal del proyecto de Cambiemos, a la expectativa de un eventual segundo mandato
El exvicejefe de Gabinete no se bajó de la política y actualmente oficia de coach informal del proyecto de Cambiemos, a la expectativa de un eventual segundo mandato Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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22 de febrero de 2019  

"Volver en este turno sería absurdo, pero si Mauricio es reelegido es probable que lo haga", desliza enigmático un Mario Quintana en ojotas, ante un grupo de amigos frente a los lagos de Palermo, en pleno verano porteño. Durante los primeros dos años y medio de Cambiemos, este emprendedor exitoso que nació en Mataderos y llegó a ser más rico que el propio Macri se perfilaba como una nueva promesa de la política. Sin embargo, las turbulencias económicas de la Argentina lo dejaron súbitamente fuera del "mejor equipo económico de los últimos 50 años". Aunque pensó que su salida del Gobierno no iba a afectarlo, lo afectó. "Hice todas las etapas del duelo". Estuvo varios meses recorriendo la costa oeste californiana en retiros religiosos y no religiosos. Es un humanista cristiano, de allí la alianza emocional e ideológica con Elisa Carrió , quien, cuando Quintana quedó fuera del rediseño ministerial, no dudó en definirlo así: "Lo voltearon los laboratorios, se fue el mejor". Su origen humilde -la abuela materna fue mucama con cama adentro- lo llevó a conectar con Juan Grabois , una relación política que primero germinó, pero que finalmente terminó mal.

Pero ¿qué le pasó en este exilio del poder? Luego de meses de ostracismo y meditación, reapareció públicamente a fines de enero en la Casa Rosada como una suerte de mediador entre Carrió y Macri, después de la última pelea entre ambos. ¿Planea integrar la lista de diputados o senadores del oficialismo, como circula? No. Además, afirma que su etapa de empresario terminó. "Desde que me fui del Gobierno me llamaron de todos lados para hacer negocios, pero no quiero. Hoy quiero ir liviano. Me bajé del paradigma de la acumulación", desliza en reuniones con amigos. En septiembre pasado, a la vez que quedó fuera del Gobierno, vendió sus acciones en Farmacity.

¿Por qué se dejó ver nuevamente entonces? Nunca se fue, en verdad. Quintana es una suerte de coach del poder. "Voy a dar una mano en la campaña, como amigo del 'proyecto'". Se le vació la agenda de golpe, no lee diarios, no tiene secretaria ni chofer, pero de lo que no se bajó es de la política. La política le gustó y la realidad es que el exvicejefe de Gabinete sueña con volver en un eventual segundo mandato de Macri.

Como coach informal del "proyecto" reconoce en la intimidad que tiene cinco jefes: Macri, Carrió, Larreta, María Eugenia Vidal y Marcos Peña . ¿Es un contenedor de Carrió, como aseguran los Newman boys, amigos del presidente? "Contención necesitan los locos; Lilita es de lo más previsible", les aclara a quienes están convencidos de que la jefa de la Coalición Cívica es emocionalmente ingobernable e interpretan sus berrinches como un modo de llamar la atención, antes que un aporte político. ¿Y quién no busca mirada y reconocimiento?, retrucará el hombre que charla con Macri sobre una nueva forma de hacer negocios en la Argentina, después de los cuadernos K .

Macri llegó al poder en 2015 convencido de que hay empresarios que no podrán reciclarse. Quintana le puso un nombre y le dio carnadura intelectual a esa batalla cultural que quedó sepultada -al menos temporariamente- en 2018 bajo el tembladeral de la macroeconomía. Los llama empresarios surgidos del capitalismo perverso. Capitalismo perverso -expresado en la cartelización de los amigos del poder- versus capitalismo consciente. Quintana se inscribe en el segundo paradigma, que tiene como caballito de batalla las empresas B, una nueva estructura corporativa, incipiente en Estados Unidos y el norte de Europa, que no solo persigue maximizar el lucro de los accionistas -el nudo del capitalismo clásico-, sino que también atiende el impacto social y ambiental. La ley de sociedades de beneficio e interés colectivo (Bic) ya logró media sanción en Diputados. El ex de Farmacity, que hizo trabajo social en villas antes de convertirse en millonario, podría hablar horas sobre la filosofía de ese capitalismo consciente. Pero ¿la familia Macri no fue en su origen producto de ese capitalismo perverso que él ubica como el obstáculo de un desarrollo económico sano? Sí, claro, la trama mafiosa está en el capitalismo de los mercados emergentes. "Pero la inclusión de Mauricio en política no fue para beneficiar a su familia, cuyo poder económico, de hecho, se angostó", suele justificar.

¿Se puede pasar de un capitalismo perverso a un capitalismo consciente en los mercados emergentes atravesados por una trama económica mafiosa?, es la pregunta que lanza el coaching de Quintana frente a Macri, que parece más preocupado por variables más básicas: que no se dispare el dólar, abrir la economía, aspirar al superávit fiscal, achicar el déficit, abrir la economía. El ex hombre fuerte del gabinete elabora anotaciones más sofisticación: es innegable que el capitalismo -o la sociedad materialista industrialista, como él la llama- ha sido el gran generador de riqueza y bienestar del mundo contemporáneo, mejorando todos los indicadores (incluida la expectativa de vida). Sin embargo, contabiliza tres asignaturas pendientes: no logró achicar la brecha entre ricos y pobres, promovió un agotamiento de los recursos naturales y no pudo correlacionar el paradigma de la acumulación con el de la felicidad. Pasado en limpio: satisfechas las necesidades básicas, acumular más bienes no nos hace necesariamente más felices. Bienestar no es igual a felicidad.

La cultura del macrismo -¿quién dijo que Macri no tiene su propia batalla cultural?- jerarquizó la figura del "emprendedor" más como una actitud de vida que como una calificación económica. Justamente ese perfil es el que mejor le calza a Mario Quintana, antes que el de CEO. Nació en el seno de una familia de clase media baja -una situación parecida a la de María Eugenia Vidal-, pero sus emprendimientos lo llevaron a ser más rico, incluso, que muchos millonarios que rodean al propio presidente. Un retazo de su biografía lo demuestra: a los 26 años, con cuatro amigos -entre los que estaba Gustavo Lopetegui-, fundó Farmacity. En paralelo, y mientras trabajaba en la consultora McKinsey, creó la cadena de supermercados Eki, que luego compraría Carrefour. A los 31, fundó el grupo Pegasus, que además de Farmacity sumó a Freddo y Tortugas Open Mall, con participaciones en negocios inmobiliarios, tecnología y alimentos. En pleno conflicto con el kirchnerismo compró acciones de Clarín, que cotizaban a bajo precio y luego multiplicaron su valor.

Quintana es un lector de Carl Jung y, como tal, utiliza el concepto de "sombra". Es decir: todos los aspectos rechazados de nosotros mismos son proyectados como "pecados" en los demás: la corrupción -o microcorrupciones cotidianas-, la mentira, la violencia, la envidia, el autoritarismo, el fanatismo. Las tribus K y anti-K se echan en la cara la "sombra" unos a otros, sin asumir ninguna (en eso son idénticas) Quintana recomienda revertir esa práctica. Lo explica: "Debería ser una política pública revisar esta falsa idea de que toda la luz es de nosotros (las virtudes) y toda la sombra, de los demás". En una Argentina en la que los fracasos económicos son, básicamente, el producto de la falta de acuerdos básicos, el axioma del hombre que se prepara para volver no parece menor.

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