
Un mundo sin godos y sin huincas
Un amigo, periodista especializado en temas científicos y con un oído finísimo para los temas de la lengua, cuenta que fue a ver la película argentina Revolución, el cruce de los Andes . "Pero me fui a los diez minutos -aclara-, cuando el adolescente que va a unirse al ejército de los Andes le dice al padre, quien no le da su permiso, algo así como: «Prefiero ser guacho a ser un godo como usted, padre». No soporté la palabra godo ."
Quien esto escribe le relató esta anécdota a otra amiga, una mamá joven que llevó a sus cuatro hijos a ver la misma película, como para que les sirviera de lección de historia rápida. "Ah, ¿se fue por eso? -se asombró-; yo hasta que no pasaron 45 minutos no me di cuenta de qué eran los godos."
Ocurre que, a veces, por exceso de información (y algunos prejuicios a cuestas), o por falta de información (y de memoria), no entendemos todo lo que oímos o leemos.
Es cierto, palabras y acepciones caen en desuso. Sin embargo, para los que cursaron aquí la escuela primaria, y aun la secundaria, hace ya bastantes años, los godos eran cosa de todos los días, y a ningún alumno, padre o docente les hubiera extrañado, o sonado anacrónico, que San Martín, Belgrano o Las Heras pelearan contra los godos. En aquella época, cuando se estudiaban las guerras por la independencia de América, los combates eran así: criollos versus godos.
Lo cierto que godo , en la acepción que conocemos aquí y en los países de América latina donde se peleó contra los españoles, es un americanismo y está muy bien definido en el Diccionario Kapelusz de la lengua española (editado por la editorial Kapelusz en la Argentina en 1979). Es la segunda acepción: "s. m. Arg., Col., Chile, Urug . Nombre despectivo que se daba a los españoles durante las guerras por la independencia".
También el Diccionario de uso del español de María Moliner incluye esa acepción (es la cuarta), pero la entra en bastardilla, es decir, que la considera poco usual: "(Argentina, Chile) Nombre que se aplicaba despectivamente a los españoles durante las luchas por la independencia" .
El Diccionario de la lengua española , por su parte, en el avance de la vigésima tercera edición, tiene en cuenta este significado sólo en la quinta acepción: "adj. despect. Bol . y Chile españo l (natural de España). U. t. c. s. Era u. t. en otros lugares de América".
(Siempre es interesante comprobar que la cuarta acepción es: "adj. despect. Can . Español peninsular. U. t. c. s.". Es decir que, para los nativos de las islas Canarias, los españoles también pueden llegar a ser "godos", aunque por razones bien distintas.)
Este pequeño y siempre insuficiente recorrido por algunos diccionarios simplemente pretende mostrar cuán diferente puede ser una palabra, su significado, en realidad, para los miembros de una misma comunidad de hablantes. De todas maneras, si la película Revolución se exhibe más allá de las fronteras argentinas y recorre no sólo América latina sino también España, es probable que los espectadores no tengan mayores problemas en desentrañar la palabra godo .
¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien preguntara hoy por el significado de la palabra huinca , sin darle un contexto preciso? En el Diccionario del habla de los argentinos , de la Academia Argentina de Letras, está muy bien definida: " huinca . (Del araucano) m. Para los araucanos y otras tribus pampeanas, cristiano y, por extensión, hombre de raza blanca. J. Hernández, Martín Fierro [1879]: "Allí estaban vigilantes / cuidándonos a porfía; / cuando roncar parecían, / Huincá gritaba cualquiera, / y toda la fila entera / Huincá, Huincá repetía".
En la época en que se publicaba la historieta Lindor Covas, el cimarrón en el diario La Razón, pocos lectores necesitaban que se les explicara qué significaba esa palabra, constantemente en boca de los indios. Porque en las guerras contra el malón, las luchas eran así: blancos ( huincas ) versus indios. Las palabras cambian, pero los sucesos humanos tienden a repetirse.
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