
Un nuevo Armagedón brota en el desierto
Por John Noble Wilford The New York Times
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JERUSALEN.- EL año 2000 llegó, pero no el Armagedón. Todo está tranquilo en el campo de batalla que el escritor del Libro de la Revelación habría tenido en mente para el choque milenario entre el bien y el mal, un lugar en el norte de Israel conocido como Megiddó.
Los arqueólogos están familiarizados con casi cada centímetro de esta madre de todos los campos de batalla. Saben desde hace un siglo que un monte de 10 hectáreas casi 30 kilómetros al sudeste de la moderna Haifa es el sitio de Megiddó, una antigua ciudad mencionada ocho veces en la Biblia. La palabra Armagedón , que aparece en el Apocalipsis (16: 16), es para muchos estudiosos una deformación de los términos hebreos Har Meggido , que significan "el cerro o monte de Megiddó".
Pero investigaciones recientes han llamado la atención sobre Megiddó y sus alrededores, un lugar que soportó repetidas batallas durante más de 4000 años, como para confirmar su mística apocalíptica. Los últimos ocho años de excavaciones sistemáticas aportaron además asombrosas revelaciones que amenazan con desencadenar una batalla campal entre los estudiosos de la Biblia, un Armagedón no para poner fin al mundo sino para rescribir la historia de la realeza israelita, posiblemente derribando de sus pedestales a David y Salomón.
Megiddó debe su lugar en la historia y su relación con el día del juicio final a su estratégica ubicación en una de las más importantes rutas militares y comerciales del mundo antiguo, que vinculaba a Egipto en el sur con Siria y la Mesopotamia hacia el norte y el este. En la Biblia y también en textos egipcios y asirios, la ciudad y el adyacente valle de Jezreel son citados como escenarios de sangrientas batallas en las que participaron faraones y reyes, cananeos, filisteos e israelitas.
Las paredes del templo de Karnak, en Egipto, describen la victoria de Tutmosis III en 1479 a.C., cuando lanzó un ataque a través de un estrecho paso en la cadena del monte Carmelo para sorprender al rey Kadesh en Megiddó. Mucho después de que esta ciudad ya en ruinas quedara enterrada, en algún momento posterior al año 500 a.C., los bizantinos, los cruzados, los mongoles y, en fecha más reciente, Napoleón, los británicos en la Primera Guerra Mundial y árabes e israelíes lucharon allí, como ensayando para la guerra mundial definitiva.
Riqueza arqueológica
Mientras examinaba archivos para escribir su libro The Battles of Armageddon ("Las batallas de Armagedón"), que se publicará este año, el doctor Eric H. Cline, arqueólogo de la Universidad de Cincinnati, que realizó excavaciones en Megiddó, contó treinta y cuatro batallas peleadas en la ciudad o en el valle que la rodea. Alrededor de una docena de esas guerras ocurrieron en tiempos bíblicos. "No asombra que el autor del Apocalipsis llegara a la conclusión de que la batalla definitiva entre el bien y el mal tendría lugar allí", opinó Cline en una entrevista. En una de las últimas y más fatídicas batallas peleadas en Megiddó en tiempos bíblicos, se enfrentaron Josías, rey de Judá y último descendiente real de la casa de David, y el faraón Necao II, en el 609 a.C. La derrota y muerte de Josías preparó el camino para el exilio de los judíos en Babilonia, iniciado en el 586 a.C. "Esta derrota plantea también un tema interesante: como el último miembro de la casa de David murió en una batalla en Megiddó, tal vez sea allí donde el siguiente miembro aparecerá en su segunda venida", explicó Cline, refiriéndose a Jesús, del que se decía que era descendiente del rey David.
La evidencia que vincula a Megiddó con Armagedón es totalmente circunstancial, y algunos estudiosos consideran con escepticismo toda asociación del sitio de la batalla con algún lugar específico. Se cree que el autor del Apocalipsis , posiblemente Juan el Evangelista, pensaba en Roma al referirse al imperio del mal que sería derrotado en la batalla, una visión tal vez destinada a consolar a los cristianos del siglo I, asegurándoles que el bien al fin triunfaría sobre sus perseguidores romanos.
Aunque el fin no esté cerca, las excavaciones de Megiddó, uno de los sitios arqueológicos más ricos de Israel y todo el Medio Oriente, han provocado entre los académicos agrias disputas sobre uno de los períodos más cruciales de la historia bíblica. Impresionantes obras arquitectónicas que parecían destacar la gloria de Israel bajo los reinados de David y Salomón habrían sido construidas cien años más tarde, en el siglo IX y no en el X a.C. La nueva cronología, si prueba ser correcta, arrojaría dudas sobre la Biblia como documento confiable de la historia primitiva de Israel.
El reino unificado que David, el héroe, y Salomón, el sabio, supuestamente forjaron a partir de Israel y Judá no habría sido tan espléndido y poderoso como se cuenta. En cambio, el primer reino israelita desarrollado habría surgido en tiempos de Jeroboam I, Omrí o incluso Acab, vituperado en la Biblia como el idólatra esposo de la tristemente famosa Jezabel.
© La Nación (Traducción de Mara Farhat)




