
Un pintado que Menem olvidó
Por Orlando Barone
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YA ha cumplido veinte años y es un caballo "pintado" que aún mantiene ese vistoso look de dálmata de Walt Disney. Hace trece años se dejó llevar de las riendas por un jinete que después sería presidente, pero que entonces era sólo un caudillo riojano que se miraba en el espejo de Facundo Quiroga.
El actual relincho de Martín, mientras pasta por vecinos campos del oeste del Gran Buenos Aires, suena hoy a serena convicción de caballo. No presume de creerse Pegaso, cabalgado por Belerofonte enfrentando a la Quimera. Pero así como a Don Quijote le parecía insuperable su raquítico Rocinante, "que ni el Bucéfalo de Alejandro ni el Babieca del Cid, con él se igualaban", también a Martín no se le igualaba ninguno de los caballos que fueron seleccionados hasta elegirlo. Es un caso excepcional de un equino que tuvo un único día de gloria y lleva trece años de ocaso.
Aquel 30 de agosto de 1987, el repentino chaparrón que cayó sobre Marcos Paz, "El pueblo del árbol", lo había empapado, y también al jinete, por más que trataron de cubrirlo con un paraguas. Se trataba de la primera caravana de campaña de la precandidatura de Carlos Saúl Menem; carruajes y corceles desfilaron al trote por la calle Sarmiento abovedada por los plátanos apenas brotados. Juan Carlos Rousselot, José Luis Barrionuevo y Atilio Bruno eran los escuderos más notorios. Se recuerda que Barrionuevo había llevado una barra de muchachos refinados a los cuales se les veía, debajo de las camperas de cuerina o de nylon, la camiseta de Chacarita.
Según la nota del diario local Realidad del día 2 de septiembre fue un "grandioso acto justicialista". La ciudad tenía como intendente al radical Emiliano Rodríguez, honrado odontólogo que murió sin usufructuar tentaciones; aunque hoy la ciudad es mayoritariamente peronista y sus dos veces reelegido intendente es Enrique Salzmann. "Lo que más me acuerdo -dice un vecino joven que entonces era un niño y que prefiere seguir viviendo tranquilo sin exponerse- es que los caballos dejaban un reguero de bosta al pasar frente al palco."
El pintado, que lucía similar al que se hizo famoso montado por el general Perón en los años cincuenta, esperó a su jinete en el galpón de una quinta vecina al kilómetro 50. Como el poncho que le querían prestar en la cabalgata era tamaño gaucho grande, Carlos Menem prefirió desfilar en campera. En aquella campaña suburbana por el Oeste, sin tener hospedaje acreditado, Menem acabó haciendo noche en la casa del dueño del diario Ambito Financiero, en Parque Leloir, allí cerca. La gestión hotelera la había hecho ante Julio Ramos Juan Bautista "Tata" Yofre, quien luego fue nombrado titular de la SIDE y alcanzó la fama farandulesca al casarse con Adriana Brodsky.
Martin había nacido predestinado en un campo lindero a la quinta de Perón, en San Vicente, y comprado potrillo por el vecino Andrés López fue llevado a Marcos Paz, a un establo cercano a las calles Libertad e Independencia. Su antiguo jinete jamás ha vuelto a visitarlo, pero Martín no lo extraña: aquel cabalgador riojano le tiraba de las riendas cuando había que soltarlas, y al pasar frente a la tienda La Fama tuvieron que agarrarlo para que no se cayera. "Mi caballo hace lucir a cualquiera: tiene un trote que acompaña la música", dice su dueño con retrospectiva nostalgia. "Es un pintado tan verdadero nada más verlo y se nota su pedigree . Lo único falso que tiene es esa historia que se dice fraguaron los radicales", cuenta López que conduce un remis por las calles del pueblo. Le echan la culpa del rumor al actual presidente de la filial local del partido, Alberto Issurebehere, dueño del Café del Ayer y ex concejal. "Ellos echaron a correr la patraña de que mi caballo había sido pintado con pintura", dice López decidido a desagraviar al cuadrúpedo. Esa broma se terminó de instalar en mentira cuando el propio Menem dijo en una entrevista que al terminar el desfile, al desensillar, se vio los pantalones manchados de negro, ya que sus fieles muchachos le habían pintado el caballo. ¡Habían sido tan atentos que quisieron hermanarlo al del general! Acaso reinventar para sí una anécdota falsa pero graciosa a Menem le convenía. Después de todo, su historia triunfal la fue tejiendo con anécdotas que él mismo reelaboraba para involucrarse de modo divertido o heroico, pero siempre con un toque protagónico que incitara a repetirla. ¿Quién iba a hablar nunca de ese caballo si él no propiciaba la mentira de que era trucho? Después de todo, la vida siempre se cierra como una parábola: tuvo que concluir el mandato de Menem para que se descubriera que la leyenda del pintado adulterado con pintura en aerosol era falsa. El caballo de esta historia fue auténtico entonces y es lo único que siguió siéndolo. Aún no había sido inspirado aquel afiche del "Síganme" que incitó a la ya histórica temeridad del votante argentino.
Aquel día, en Marcos Paz, Menem inauguró su carrera al gobierno de la mano de un caudillo local -Osvaldo Masprone-, ex herrero, y a quien la gratitud llevó después a ser miembro del directorio del PAMI y también como frustrado candidato a intendente. Masprone, "El Patón", es quien aportaba y aporta las achuras cada vez que Menem cumple años y lo celebra en Anillaco. Allá va él con sus asadores a prepararle el agasajo.
Y aquí está ahora este caballo que sobrevive sin ningún privilegio de los que hubiera gozado de haber sido humano. Mientras todos estos años él comía sólo pasto, aquellos distinguidos protagonistas del acto se acostumbraron a comer viandas más selectas. Ni siquiera se han dignado a volver a verlo llevándole un regalito: aunque sea una zanahoria de tantas que ellos han estado agitando delante de las narices de los incautos.
Resuenan en los oídos de Martín las palabras de Rousselot desde el palco que anunciaban "trabajar con amor". Pero no las conmueven. "Ya no tenemos tiempo de montarlo -dice López-, así que para que no se achanche tanto lo llevamos al campo." Como todo en la vida, envejece y clausura su ciclo. Junto al futbolista Arruabarrena y el boxeador Sicurella, Martín completa la trilogía más famosa del pueblo.
A los 20 años, vive tranquilo. No milita en ningún partido ni trenza con nadie. No debe considerar ningún mérito haber sido cabalgado por alguien que llegó a presidente. Tiene razón: más mérito es ser caballo.






