
Un símbolo crítico
A sus 86 años el fundador del Frente Amplio, la agrupación favorita para las elecciones del año próximo en Uruguay, critica a su propio partido. Lo acusa de atrincherarse en una cultura de oposición y de no estar aún maduro para hacerse cargo del gobierno
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MONTEVIDEO
Tiene la fuerza del hombre que se ganó un lugar en la historia. Como general retirado, fue el líder que encontró la izquierda uruguaya cuando decidió dejar de lado diferencias ideológicas de años para no ser más una fuerza política testimonial y pasar a incidir en la vida del país. En 1971 nació el Frente Amplio y rompió un bipartidismo que Colorados y Blancos mantenían desde el nacimiento de Uruguay.
Líber Seregni se convirtió en una de las figuras políticas más populares, pero al poco tiempo cayó preso tras el golpe militar de 1973 y no quiso irse al exilio sino que prefirió quedarse en el país, o sea en la cárcel.
Hoy el liderazgo de la izquierda uruguaya es del médico socialista Tabaré Vázquez. Seregni dio un paso al costado en 1996. Vázquez es el candidato presidencial del Frente Amplio (Encuentro Progresista) y es la figura política con mayor índice de popularidad. Pero Seregni es la conciencia crítica de la izquierda.
A un año de las elecciones presidenciales en las que el Frente Amplio es el gran favorito en las encuestas, Seregni dispara advertencias que para la izquierda uruguaya son un trago amargo. Con 86 años y al frente de un instituto de investigación y generador de debates -el Centro de Estudios Estratégicos 1815-, no se calla nada. Es un general retirado, pero no un político retirado.
En su despacho de trabajo de ese centro de estudios, Seregni recibió a LA NACION para hablar sin medias tintas. Dijo que el Frente no está listo aún para el gobierno y que se ha atrincherado en una cultura de oposición. Criticó los referéndum y plebiscitos que impulsa la izquierda y cuestionó el rechazo a incorporar al sector privado en la prestación de servicios públicos.
Sobre un gobierno frentista, advirtió que no habrá milagros ("que nadie espere que las cosas cambien de un día para el otro") y dijo que le preocupan "los radicalismos absurdos". Reclamó que el Frente no se deje arrastrar por los sindicatos de trabajadores porque, a su juicio, eso no significa defender intereses nacionales sino acoger corporativismos, lo que no se lleva bien con la democracia. Reclamó tolerancia interna y capacidad de negociación política externa. Y también rechazó el revisionismo sobre hechos de la dictadura y la insistencia sobre los juicios. El, que fue el principal preso político del régimen militar.
-En 1994 usted advirtió que el Frente había estado a punto de ganar y que tenía que preparse seriamente para ejercer el gobierno. ¿La izquierda aprovechó este tiempo?
-Todo indica que el Frente Amplio-Encuentro Progresista está en las mejores condiciones para alcanzar el gobierno. Se está preparando. Pero críticamente digo que hay que profundizar en la cultura de gobierno, que no la hemos asimilado a todos los niveles. Gobiernos de partidos son impensables en estas condiciones. Para contar con mayorías nacionales que permitan hacer los grandes cambios que el país necesita, hay que buscar acuerdos con los sectores afines. No hay otra forma.
-El Frente está habituado a la oposición. Eso no es lo mismo que estar en el gobierno...
-Desde 1984 se veía que el futuro era -a más corto o más largo plazo- para el Frente. Pero claro, nos habíamos formado en un espíritu de resistencia y de oposición. Y lo que teníamos que hacer era conformar un espiritu de fuerza de gobierno.
-Pasaron 20 años de eso... ¿ve progresos en esa tarea?
-Sí, pero no con la velocidad que quisiéramos. Nos faltó una muy firme acción desde la dirigencia porque la cultura de gobierno tiene que ser impulsada desde la dirigencia y, sobre todo, con un ejercicio diario. Lo he criticado. Eso pasa por el lenguaje y por superar una etapa de oposición. Somos muy fáciles para el "no" y hemos tenido incluso falta de protagonismo político. Entonces (el Frente) no está todavía a la altura de demostrar a la ciudadanía su capacidad de gobierno.
"Lo peor que nos puede pasar es llegar al gobierno simplemente por un proceso de acumulación de elementos negativos del resto de los partidos (tradicionales) y no por excelencias propias. Hay que cuidarse mucho de lo que es fácil, de rendimiento inmediato, como el jugar a la oposición y criticar al adversario.
-¿Puede ser un boomerang en caso de llegar al gobierno?
-Claro que sí, sobre todo en la práctica de ciertas formas de ejercer la oposición como lo hemos hecho, como el ejercicio exagerado del instrumento constitucional de plebiscitos y referéndum.
-Hay varios plebiscitos en marcha: para una reforma petrolera, para mejorar el ajuste de las pasividades...
-Pero es que eso no es materia constitucional. Cuando se propone una reforma constitucional tiene que ser por cosas que tengan un sustento y una trascendencia para convertirse en elementos constitucionales y no responder a contingencias. También se impulsa uno para incluir en la Constitución que el servicio de agua sólo puede ser estatal. En nuestro centro de estudios (CEE 1815) logramos acuerdos de técnicos y cierto acuerdo político. Aunque esos acuerdos no se han transformado en leyes, han dejado un sedimento muy importante en la cultura sobre servicios públicos. Estos deben ser servicios al público , a la ciudadanía. Tiene que brindarse el mejor servicio posible, y eso no es siempre a través del Estado. Hay que ser consciente del momento que vive el mundo y saber que sólo en una conjunción de acuerdos entre el sector publico y el privado pueden superarse los problemas actuales.
-El Frente usa como mal ejemplo el caso de la Argentina, donde la privatización fue muy cuestionada.
-El ejemplo argentino es malo. Ha sido un ejemplo negativo porque lo que ahí se hizo fue hipotecar y vender la riqueza nacional argentina sin la contrapartida de la necesaria vigilancia del Estado para el cumplimiento de los cometidos y la finalidad de los servicios públicos. Las privatizaciones que se hicieron en Argentina no se han traducido siempre en absoluto beneficio para el pueblo argentino. Hay que tomar conciencia de los errores que se cometieron en otros lados.
-La gente está golpeada por la crisis y muchos tendrán sus expectativas puestas en el triunfo del Frente. Si gana, la izquierda enfrentará el reclamo de mejoras lo más rápidamente posible. ¿Los uruguayos vivirán mejor, en lo inmediato, si gana el FA?
-No. Pero algo de esto ya se ha hablado desde tiempo atrás y Tabaré Vázquez ha sido insistente en ello. Que nadie espere que las cosas cambien de un día para el otro. La recuperación es lenta. De ninguna manera el simple acceso del Frente Amplio al gobierno va a resolver todos los problemas. Un muy buen ejemplo es lo que está haciendo el gobierno de Lula en Brasil.
-¿Cómo manejará el Frente la relación con los sindicatos?
-Hay que reafirmar la condición de Frente sobre el poder sindical y no estar siguiendo -como se ha seguido mucho- a los reclamos sindicales. Los reclamos tienen por esencia mucho de corporativismo. Y el corporativismo es el gran enemigo del ejercicio de la democracia para satisfacer las necesidades de las mayorías nacionales.
La tolerancia
-Usted comenzó la vida política pública, tras su retiro como militar, en momentos dificiles para la democracia, de poca tolerancia. El Frente se quejó de eso en aquella época. Y ahora en el Frente se busca silenciar a los sectores internos moderados que no comparten la línea dominante.
-Apuesto a la superación de ese problema. Una fuerza política se desarrolla, crece y se supera a través de la integración de las distintas corrientes. El verticalismo es el enemigo de la democracia. Identifico a la democracia con pluralismo y tolerancia. Eso exige reconocer que hay otra gente que piensa distinto, lo que no inhibe el diálogo para superar la diferencia.
-¿Qué cosas le preocupan en caso de que el Frente llegue al gobierno?
-Hay que superar los radicalismos absurdos y ser capaz de imponer una posición política -y vuelvo a eso porque es muy importante- a lo que pueden ser apetencias y reclamos de tipo sectorial y fundamentalmente sindical. La gente a veces se olvida de que los sindicatos son por esencia organizaciones corporativas. La finalidad del sindicato es defender a su afiliado, pero esto no conlleva una visión nacional. Hasta donde el Frente Amplio sea capaz de imponer una visión política por encima de reclamos sindicales, ahí estará el éxito.
"Lo otro es inculcar desde ahora que acá no hay milagros. Que todas las cosas cuestan, nada se hace de un día para otro. Y que la verdadera revolución se construye a pasos sucesivos, no con cambios súbitos... La revolución no es un acto, es un proceso. Y nosotros queremos vivir en el marco de la institucionalidad.
El revisionismo
-¿Como político, como militar retirado, como ex preso de una dictadura, cómo ve el empuje del revisionismo y los juzgamientos a los responsables de aquellos gobiernos, las posibles extradiciones a España?
-En eso soy terminante: con el mayor de los respetos por la personalidad del juez (Baltasar) Garzón, yo afirmo que está en la historia y en la manera de ser de los uruguayos el principio de la territorialidad. Principio que sólo cede cuando hay un acuerdo supranacional que cuente con apoyo de los dos países en cuestión. A la Corte de Roma, a los tribunales, sí. A los tribunales nacionales, por más respeto que tenga, ¡no! Nuestra situación es distinta de la de la Argentina. Yo respeto mucho este proceso y la acción que impulsa desde la presidencia (Néstor) Kirchner. Pero repito: yo estoy afirmando que se cede la soberanía nacional sólo si hay un acuerdo entre países.
-En estos días declaró ante la justicia el ex presidente Juan Bordaberry (dictador mientras Seregni fue preso político). ¿Cómo ve que por las hendijas jurídicas de las leyes de aministía se busque castigar a figuras de la dictadura?
-Yo no lo veo prometedor. Por supuesto que hay apetencias a satisfacer de alguna manera y ésta es una vía para eso. Pero no es una vía que conduzca a la parte positiva. Esta época es fundamentalmente, más que nunca, para mirar hacia el futuro, no hacia el pasado.
-¿Cuando la población ratificó por referéndum la ley de caducidad, quedó terminado el tema?
-Nos opusimos a esa ley (de amnistia a militares y policías) porque creímos que era una mala solución. Pero fue la que aprobó el pueblo oriental. Y después que se aprobó, no hay otra posibilidad.






