
Un tiempo de fantasmas temerosos
Todavía no tenemos una buena palabra en castellano para ghosting y su derivado ghostear (¿volverse fantasma?, ¿desvanecerse?, ¿clavar el visto?, ¿bajar a comprar cigarrillos y no volver?). La costumbre de dejar de responder mensajes se convirtió en norma. Un estudio de la Universidad de Georgia señala que dos de tres de sus millennials lo hacen o lo sufren: la mayoría de ellos lo considera una buena estrategia porque es fácil, evita la confrontación y parece más educado que un rechazo duro y frontal.
Pero “al cabo del tiempo el recuerdo de haber sufrido ghosting es más doloroso que el de una ruptura directa. Es muy posible que los que optan por esta salida no sean muy conscientes del daño que provocan a la otra parte”, dice Christina Leckfor, autora principal del trabajo.
Vivimos en una ciudad hecha de ausencias y abandonos. Habitada por fantasmas de amigos, parejas y jefes que nos dejan sin avisar. Y de la ansiedad que provocan estos afectos ausentes que, sin embargo, se niegan a irse. ß
Algo más...
¿Hay razones para el ghosting? Otra investigación, del Dartmouth College, señala entre ellas la falta de habilidades comunicativas para una conversación honesta, la ansiedad y -en el caso de las parejas- el miedo de llevar la relación sexual y emocional a un nuevo nivel. ß






