
¿Un voto por amor?
Por Juan Gabriel Tokatlian Para La Nación
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En una entrevista con La Nación del día 19, el ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini, afirmó que el voto por el estado de los derechos humanos en Cuba no fue "en contra de nadie, al contrario: la Argentina votó con mucho amor por Cuba". Ahora bien, ¿existe el voto por amor en las relaciones internacionales?
En la política mundial hay cuatro tipos de votaciones. Existe el voto principista, basado en principios firmes e invariables. Los pilares de una práctica principista son el derecho internacional y la ética. Canadá ha mostrado ese perfil en el tema de los derechos humanos; la Argentina no ha tenido recientemente ni parece tener hoy una política exterior sustentada en principios constantes en esa materia.
Censuras y abstenciones
Por ejemplo, el mismo día 18, en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Argentina votó por la mañana por la censura a Irak y se abstuvo sobre la cuestión de las violaciones de derechos humanos por parte de Israel en los territorios árabes ocupados (incluida Palestina), mientras que por la tarde votó a favor de censurar a Cuba y se abstuvo sobre el caso de China. Ya el año pasado, el país había votado censurando a Cuba y absteniéndose en el caso de Irán.
También existe el voto pragmático, basado en la conveniencia propia y de acuerdo con determinadas condiciones internas y externas. Los votos argentinos sobre la cuestión de los derechos humanos en los casos de China e Israel parecen ubicarse en esa perspectiva. Probablemente, Buenos Aires no quiere irritar a un poder ascendente como el chino, espera fortalecer en el futuro los lazos comerciales con China y buscó no dañar el buen estado de las relaciones bilaterales expresado en la reciente visita del presidente Jiang Zemin. Posiblemente, la existencia en el país de un fuerte lobby en favor de Israel y la pésima conciencia oficial ante los magros avances judiciales en los terribles sucesos de la AMIA y la embajada expliquen el deseo de no censurar las violaciones de los derechos humanos cometidas en los territorios árabes ocupados por las fuerzas israelíes.
Asimismo, existe el voto transaccional, guiado por un sentido de intercambio: se concede en un determinado tema que puede incidir en la relación con un país poderoso, a la espera de recibir de este en el futuro una contraprestación, una concesión o un beneficio singularmente valioso.
Finalmente, existe el voto de convicción, es decir, la decisión sustentada en un enfoque ideológico preciso: se actúa en razón de una determinada visión política del mundo.
Relaciones con EE.UU.
El voto argentino sobre Cuba no parece haber seguido una lógica pragmática de orden interno. La mayoría de la Alianza estaba a favor de la abstención; los referentes principales del Frepaso y de la Unión Cívica Radical no querían fustigar a La Habana; en la oposición, justicialistas sostuvieron en el Congreso la pertinencia de abstenerse; todos los partidos de izquierda impugnaron de modo activo el voto; un gran número de intelectuales se pronunció contra la postura del Gobierno en el tema cubano; una amplia cantidad de columnistas, analistas y editorialistas se expresaron a favor de una posición más independiente y equidistante; encuestas de opinión mostraban un sentir contrario a la censura a Cuba. Nada de eso tuvo efecto sobre el Poder Ejecutivo. Es posible entonces que variables externas hayan incidido mucho más que factores de orden doméstico para motivar la votación sobre Cuba. Este era un tema clave para la administración de George W. Bush, que llegó a la Casa Blanca gracias al voto cubano de la Florida.
Tal vez el voto sobre Cuba tuvo connotaciones transaccionales, en especial en cuanto a los vínculos con Estados Unidos en momentos en que el país sufre una profunda crisis económica, ha venido perdiendo capacidad negociadora internacional y carece de opciones de inserción diversificada. Sin duda, el voto sobre Cuba fue producto de una convicción ideológica profunda del presidente Fernando de la Rúa y el canciller Rodríguez Giavarini: ambos rechazan el régimen cubano, reprueban a Fidel Castro y desdeñan las posiciones de izquierda. La Argentina no votó por amor a los cubanos, sino según el talante más conservador de su liderazgo.





