Una ciencia de evaluar amenazas

Por William J. Broad The New York Times
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22 de diciembre de 2001  

NUEVA YORK.- Los aviones suicidas y las muertes por ántrax han sacudido los círculos científicos. Hoy intentan predecir mejor las probabilidades de ataques terroristas importantes, con el fin de poner en claro cuáles son las protecciones más urgentes, dentro de una línea casi infinita de defensas potenciales. Pero esta nueva disciplina, denominada "evaluación de amenazas", los introduce en un mundo lleno de incertidumbres. Más arte que ciencia, depende del conocimiento técnico de lo posible, las inferencias sobre qué recursos poseen los terroristas (dinero, materiales, pericia) y la mayor cantidad de indicios posibles acerca de sus propósitos y objetivos.

"Hasta ahora actuamos por instinto, con algunas desventajas y fallas reales", admite Raymond A. Zilinskas, científico principal del Instituto de Estudios Internacionales de Monterrey, California.

Recientemente, Zilinskas ayudó a organizar una reunión en Washington en la que científicos del instituto, junto con representantes del Departamento de Energía y su Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, comenzaron a evaluar las necesidades en materia de defensa antiterrorista. Este mes, las Academias Nacionales de Ciencias iniciaron un estudio similar que se prolongará hasta bien entrado 2002.

Los militares llevan largo tiempo haciendo evaluaciones de amenazas, con el fin primordial de comprender las probabilidades de éxito de las tácticas y los ataques. Ahora, los científicos estudian las probabilidades de que terroristas armados con gérmenes, computadoras, armas químicas o armamento nuclear intenten masacrar civiles o sembrar el caos en grandes ciudades. En general, tales ataques se consideran poco probables, pero la historia no es particularmente generosa en ejemplos útiles para los teóricos. Ha habido pocos atentados terroristas con armas no convencionales. Por consiguiente, hasta los expertos tienen pocas bases para decidir qué tipos de ataques, si los hubiere, serían más probables en el futuro. ¿Podría propagarse el ántrax con pulverizadores, vaporizadores manuales o fumigadores? ¿Qué es fácil, difícil o probable? ¿Quiénes tienen motivos y capacidad suficientes para cometer masacres? Responder a estas y otras preguntas similares resultará crucial si los planificadores del gobierno quieren determinar qué tácticas deberían adoptarse, entre un número casi infinito de posibilidades. El objetivo general es distinguir entre vulnerabilidad teórica y peligro real.

Ataques posibles

En 1999, la Comisión Gilmore dio un paso preliminar al presentar su informe Evaluación de la amenaza . Allí, este grupo de estudio de la Rand Corporation que asesora al presidente y al Congreso sobre cómo debería responder la nación al terrorismo, describió categorías de ataques posibles, pero no intentó establecer un orden de probabilidades. No obstante, señaló la falta de un enfoque analítico general en los peores casos hipotéticos y pidió que se reparara más en los peligros tal vez menos dañinos pero más probables. Retrospectivamente, fue una descripción justa de los ataques con ántrax, que hasta ahora han dejado un saldo de más de una docena de enfermos y cinco muertos. "Si no aplicamos el pensamiento sistemático, dependemos del criterio y la intuición humanos, sobre cuya falibilidad hay evidencias de sobra", advierte Paul Slovic, psicólogo de la Universidad de Oregon y presidente de la consultora Decision Research.

En la reunión de Washington, centrada en el bioterrorismo, se arribó a un consenso en el sentido de que un perfil de las amenazas y su cotejo con datos históricos limitados y tendencias terroristas podrían ayudar a determinar cuáles son los peligros realistas. "El verdadero desafío es cómo desarrollar estrategias para hacer frente a los riesgos", declaró uno de los participantes, Howard Kunreuther, experto en manejo de amenazas de la Escuela Wharton y científico visitante de la Universidad de Columbia.

Las Academias Nacionales de Ciencias (tal vez, la entidad científica más prestigiosa del mundo), con sede en Washington, está respondiendo a ese reto. En la Academia Nacional de Ingeniería, un nuevo panel, presidido por el físico Alvin W. Trivelpiece, ex director del Laboratorio Nacional de Oak Ridge, se propone clasificar las probabilidades de que los terroristas inutilicen las infraestructuras nacionales y sugerir medidas protectoras. Tendrá entre 10 y 15 miembros y se reunirá periódicamente. Las infraestructuras por estudiar incluyen los ferrocarriles, el transporte aéreo, las comunicaciones y los servicios de gas y electricidad. "Debemos considerar las prioridades y las consecuencias imprevistas de los ataques, por ejemplo, la caída de los sistemas telefónicos por sobrecarga -concluye Trivelpiece-. Tenemos que comprender cómo se correlacionan todas estas cosas."

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