Una cita de tango y espanto
El jueves pasado había empezado a escribir la columna para el día de hoy. Iba a ser sobre el documental Breaking Music 01, Benjamin Appl, que se pasará por Films & Arts el domingo 25 y el sábado 31 de octubre a las 22. Ese documental tiene como protagonista al varias veces premiado barítono alemán Benjamin Appl, radicado en Londres.
Appl vino a Buenos Aires en enero de este año a investigar las semejanzas y diferencias entre el Lied y el tango, patrocinado por un mecenas anónimo que le propuso ese tema de investigación y una estadía de seis días, además del registro cinematográfico del viaje. Durante ese lapso, el cantante debía ofrecer un recital de Lieder en la casa de Victoria Ocampo en Rufino de Elizalde y, a su regreso a Europa, habría de presentarse en un concierto en el Theater im Adelphi, de Berlín. Allí cantaría canciones de los dos géneros y comentaría su experiencia porteña. Fue precisamente cuando yo estaba escribiendo sobre ese concierto que, en busca de una información en Wikipedia, descubrí algo, de un tono muy distinto, que me conmovió. Cambié de idea: resolví dedicar la columna de hoy a ese hallazgo por una cuestión de puntualidad (ya se verá). El comentario de todo el documental será tema de otra nota.
Casi al principio de la película, Benjamin Appl, de vuelta en Alemania, le habla al público del teatro berlinés sobre los temas preferidos de las letras de tango porteñas: la melancolía, la traición, el abandono, el sufrimiento, la desesperanza. De pronto, saca una carta inesperada en esa confrontación de Lieder y tangos. Cuenta que, tiempo atrás, grabó una canción, ejemplo de esperanza: el tango-habanera Ich Weiss bestimmt, Ich werd’dich wiedersehehn ("Lo sé seguro, te volveré a ver"), del compositor checo Adolph Strauss y del letrista austríaco Ludwig Hift, ambos de origen judío.
Strauss estudió música en Praga, pero completó sus estudios en Leipzig donde alcanzó cierto renombre. Se convirtió en el director de orquesta del teatro de variété Kristallpalast. Cuando Hitler asumió el poder en 1933, Strauss debió renunciar a su trabajo y, con su esposa María, también música, volvieron a Checoslovaquia. En la ciudad de Cheb, abrieron un negocio de zapatos, atendido por María. Strauss, en la trastienda, componía operetas y canciones. Durante la guerra, el matrimonio fue enviado al campo de concentración de Theresiendstadt.
Strauss compuso su tango, de un romanticismo melancólico y, a la vez, esperanzado, en 1944, en Theresiendstadt, donde estaba internado con su esposa Maria y con Hift. La traducción de la letra, copiada del subtitulado español del documental, no sigue la división en versos:
"Cuando te vi por primera vez, quedé hechizado por tu mirada. Y tu sonrisa me pareció un faro de sol y felicidad. Y busqué estar cerca de ti, si pasabas a mi lado. Me sentía tan afortunado. Y supe de inmediato que pronto la primavera del amor nos sonreiría. Lo sé seguro, te volveré a ver. Y podré abrazarte. Te veré de nuevo. Todo en mí es regocijo. ¡Qué lindo será besarte todo el tiempo! Lo que solía ser se ha hundido y olvidado. Ninguna sombra oscurece la luz del sol. ¿Quién puede entonces juzgar nuestra suerte? Y siempre estaré contigo."
El trasfondo de horror del que brotó esa canción hace que, por momentos parezca un sarcasmo autoinfligido. Poco después de haberla compuesto, Adolf Strauss fue trasladado a Auschwitz. El mismo día de su llegada, el 28 de septiembre de 1944, lo mataron en una cámara de gas. Hoy se cumplen 76 años de su muerte.









