
Una dura conmoción
Las denuncias televisivas contra el padre Julio Grassi y su posterior detención, en medio de reiterativas y sesgadas repercusiones mediáticas, conmovieron duramente el ambiente de la Iglesia y de la sociedad.
El viernes, entre las 10 y las 12, varias decenas de sacerdotes diocesanos de Morón y de congregaciones religiosas se reunieron en el seminario de esa diócesis para rezar delante del Santísimo Sacramento expuesto y poner esa situación en las manos de Dios por la oración. El seminario, al igual que la residencia del obispo, monseñor Justo Oscar Laguna, se halla calle por medio del asiento principal de la Fundación Felices los Niños, en Hurlingham, que en sus distintas sedes atiende a más de 6300 niños y jóvenes, a los que da alojamiento, comida y educación.
Orar, no juzgar, fue la actitud dominante en esa reunión en la que se cotejó información y se decidió enviar a Grassi una carta fraterna. El obispo de Morón se había ceñido a una única declaración pública, el día anterior. Precisó allí su falta de relación institucional con la fundación, una entidad civil independiente, y pidió a los periodistas que no se comporten como fiscales ni jueces, esperando que se expida la Justicia, sin temor a la verdad. "El peor juez es más adecuado que el mejor periodista", comentó uno de los sacerdotes asistentes a la reunión.
En su nota, Laguna, que ayer volvió a visitar a Grassi donde está detenido, decía que tuvo muchas dificultades con él a lo largo de estos años. ¿A qué problemas aludía? Fuentes próximas al obispado de Morón indicaron que el obispo le advirtió sobre una excesiva aparición en todo tipo de medios -sin discernir- para recaudar fondos y le aconsejó que no creciera al ritmo en que lo venía haciendo, porque no lo podría sostener. Grassi se manejaba muy autónomamente en su proyecto, sin integrarse demasiado con el clero diocesano. "Tiende a ser muy independiente, le cuesta aceptar la autoridad", comentó un colega, un párroco que respeta su obra. En junio de 2001 Laguna le pidió a Grassi que dejara la presidencia de la fundación -lo que ocurrió- para evitar mezclar la tarea pastoral con la administrativa. Grassi quedó como "padre espiritual" y Laguna lo formalizó en una misa en la fundación.
Pero varias fuentes del clero y del obispado de Morón consultadas sobre esas dificultades señalaron que nunca tuvieron noticia ni pensaron en imputaciones de tipo sexual como las que ahora se formulan al padre Grassi, de las que descreen. "A todos nos tomó por sorpresa", dijo el párroco antes citado, que no duda de su honestidad.
Cuando se roza la fama los medios deben extremar su responsabilidad. Hace poco, el obispo de Añatuya, monseñor Antonio Baseotto, pidió cuidado ante la tentación del rating y calificó de una "burda mentira" lo difundido sobre venta de bebes por un canal porteño. El diario El Liberal, de Santiago del Estero, transcribió declaraciones de la mujer que acusó al fiscal de Añatuya y a una monja ya fallecida. Victoria García confesó que, junto a los del canal, un diputado provincial le había ofrecido ayuda a cambio de que los involucrara: "Me confundieron para que dijera lo que ellos querían".





