
Una inversión que apuesta al futuro
El ministro de Educación, Juan José Llach, salió en busca del aporte privado para ayudar a las escuelas más necesitadas. Por medio del flamante Instituto de Financiamiento Educativo aspira reunir este año unos 5 millones de pesos destinados a solventar distintos planes que van desde el apoyo escolar a las familias más pobres hasta la capacitación docente en las escuelas rurales.
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"CREO en la caridad. En el mundo hay otras cosas, aparte del dinero", dijo Martín Varsavsky, empresario argentino radicado en España, momentos antes de entregar al ministro de Educación, Juan José Llach, en marzo último, un cheque por $ 11.282.855 con cargo a la financiación del desarrollo de la escuela virtual en la Argentina.
Creador de varias empresas vinculadas con las comunicaciones (las cuatro compañías en las que aún conserva acciones facturarán este año US$ 1300 millones), este hijo de un científico exiliado por razones políticas en los años setenta es un buen ejemplo del creciente compromiso del sector privado frente a las carencias de un sistema educativo que cada vez garantiza menos la igualdad de oportunidades.
Por eso Llach -de quien se reconoce la preocupación por lograr una educación de calidad para todos, que acorte la notable desigualdad que presenta hoy el sistema- además de dar la bienvenida a aportes como el de Varsavsky, lanzó la idea de conseguir dinero en forma orgánica de las empresas para ayudar a las escuelas más necesitadas y creó, a tal efecto, el Instituto de Financiamiento Educativo (IFE).
"Somos conscientes de que el financiamiento de la educación en el país debe provenir del presupuesto nacional, y no de fuentes privadas. Pero la realidad es que ahora enfrentamos una gran restricción presupuestaria y, por otra parte, nos pareció muy importante comprometer a la sociedad en este proyecto", dice Roberto Cortés Conde, director ejecutivo del IFE.
A decir verdad, la filantropía empresarial en el país suele orientarse con frecuencia a programas educativos. Entre los que pueden destacarse, figura un programa de estimulación lingüística temprana -para chicos de 3, 4 y 5 años- financiado por la Fundación Navarro Viola y otro de apoyo en infraestructura escolar y capacitación docente a 70 escuelas rurales del Chaco, financiado por las fundaciones Antorchas, Navarro Viola y Bunge y Born.
Está en marcha también un programa de la Fundación Acindar destinado a evitar la deserción escolar y los repitientes en zonas de muy bajos recursos económicos, del que pueden participar los alumnos de todas las escuelas de Villa Constitución, Villa Gobernador Gálvez, Arroyo Seco, Pavón y Rosario, en la provincia de Santa Fe, así como de Villa Mercedes (San Luis) y de la capital puntana. Además, en colaboración con la Fundación BankBoston, implementan clases de apoyo en escuelas de la localidad de Villa Soldati, provincia de Buenos Aires.
Según adelanta Laura Dellacasa, coordinadora de proyectos de la Fundación Acindar, durante este año el objetivo -junto con otros proyectos como el de becas de estudio y cursos de perfeccionamiento docente- será extender el proyecto Clases de Apoyo a más zonas, con el fin de cubrir todas las provincias argentinas.
Acortar brechas
Las fundaciones mencionadas, junto con Arcor, Juan Minetti, W. K. Kellog e YPF, integran el Grupo de Fundaciones, que aporta 15 millones de dólares por año en becas, subsidios y donaciones, e impulsa programas de mejoramiento del proceso de enseñanza-aprendizaje, entre otros temas sociales y comunitarios.
Por su parte, el ministro Llach aspira a conseguir el apoyo económico de cuarenta empresas para financiar proyectos innovadores en las escuelas más necesitadas del país. Por ahora ha conseguido el aporte concreto de diecisiete, entre las cuales Arcor, Banco de la Nación Argentina, Carrefour, Cemento San Martín, Irsa, Movicom Bell South, Repsol YPF, Telecom Argentina y Fundación Telefónica hicieron las contribuciones más significativas.
"El IFE es una medida innovadora y creativa para mejorar la calidad educativa de los sectores de más bajos ingresos, una forma de acortar la brecha que hoy divide la educación", dice Carmen Grillo, gerente de la Fundación Telefónica. El listado de aportantes ya confirmados se completa con DuPont Argentina, Establecimientos Las Marías, Indra, Massalin Particulares, Organización Techint, Schering-Plough y Unitan.
Los resultados de esta convergencia pública y privada serán que por cada peso que aporten las empresas -y por el que no recibirán beneficios fiscales o impositivos- el Estado pondrá otro peso. Llach aspira así a reunir este año unos 5 millones de pesos, que se utilizarán para financiar proyectos previamente seleccionados por un comité integrado por seis prestigiosos educadores y presidido por él mismo.
La iniciativa, sin embargo, es mirada con cautela por quienes, como el Grupo de Fundaciones (GDF), tienen una larga trayectoria en el tema donaciones. "Hay que tener en cuenta que el IFE está pidiendo apoyo para financiar proyectos que aún no están seleccionados", dice Fernando Esnaola, vocero del GDF. "En general, las fundaciones, que tienen una práctica de análisis previo de aquello que apoyan, seguramente podrán sumarse en una instancia más precisa; es decir, con proyectos seleccionados, montos establecidos, propósitos e impactos previstos y mensurables", afirma.
De todas maneras, Esnaola aclara que, si bien el grupo como tal no se comprometió a hacer aportes al IFE, cada fundación es autónoma para resolver su participación o no en la iniciativa del ministerio. Cortés Conde, por su parte, comenta que ya hay un primer grupo de siete proyectos en instancias de aprobación, tres en Jujuy, dos en Entre Ríos, uno en el Chaco y otro en Córdoba.
"Hemos tomado en cuenta que la gente pide cosas muy básicas, como la capacitación docente, o ayudas escolares para chicos que provienen de hogares donde la estimulación es nula, por motivos socioeconómicos y culturales", dice.
Como se sabe, la pobreza está asociada con bajos niveles educativos, y esto afecta también a los padres de familia. "Su limitación cultural puede conducir a una menor valoración de la educación de los hijos", dice María Echart, economista de FIEL y miembro del directorio del IFE, que debe evaluar los proyectos. "Incluso cuando se aprecie cabalmente la importancia de la educación, esos padres seguramente no estarán en condiciones intelectuales de asistir a sus hijos ante la menor dificultad y, por razones económicas, tampoco podrán contratar clases particulares, como es frecuente en otros grupos sociales que cuentan con más recursos", agrega. Para estos casos, el IFE estudia apoyar la implementación de contraturnos con maestros fuera del horario escolar.
Por otra parte, el instituto ha encarado la articulación de su trabajo con organizaciones -como la Fundación Leer, Misiones Rurales, Caritas y el SES (Solidaridad, Educación, Sustentabilidad)-, que tienen una fuerte inserción en las zonas más pobres "y nos ayudarán a descubrir más rápido las escuelas que necesitan un apoyo prioritario", reconoce Cortés Conde. Aunque se rehúsa a dar cifras, reconoce que los recortes ya realizados -y los anunciados, por concretarse- sobre el presupuesto educativo aprobado a fines del año pasado, convierten su papel de recaudador en prioritario.
La ley federal de educación, de 1993, establecía el compromiso de que la Nación duplicara antes del año 2000 su inversión educativa, que en ese momento alcanzaba a menos del 4 por ciento del PBI o, por lo menos, tomara como ejemplo la máxima inversión consolidada -lo que gastan la Nación más las provincias- en educación. Pero este objetivo, como se sabe, no se cumplió.
Con la ardua búsqueda de comprometer a las empresas -muchas veces más entusiasmadas en solventar sus propias iniciativas- la función del IFE apunta, por el momento, a subsanar lo urgente.
Proyectos por considerar
- Cantidad: se trata en total de 16 proyectos, divididos en dos grupos, el primero de 7 y el segundo de 9, que serán evaluados para su aprobación por un comité integrado por 6 educadores y presidido por el ministro de Educación.
- Provincias: hasta ahora todos los proyectos están destinados a Jujuy, Entre Ríos, Chaco, Córdoba, Buenos Aires, la Capital Federal y Neuquén.
- Objetivos: la mayoría está orientada a estimular el desarrollo de la lectura y escritura, capacitar a los jóvenes para su inserción en el mercado laboral, mejorar la calidad educativa de los sectores de bajos ingresos, introducir la informática y utilizar la educación a distancia para llegar a los rincones más alejados del país.





