Una nueva trayectoria histórica es posible

Alejandro Poli Gonzalvo
Alejandro Poli Gonzalvo PARA LA NACION
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2 de noviembre de 2015  

De acuerdo con Ortega y Marías, la pretensión colectiva de un pueblo resume el proyecto de vida en común que le otorga sentido y a cuyo amparo las generaciones se reconocen como parte indisoluble de una sociedad. Por su parte, las posibilidades son el resultado de los recursos y dificultades, que se ofrecen en una circunstancia pero sólo existen como tales en función de una pretensión colectiva determinada. Cuando un pueblo opta por una de estas posibilidades se inicia una trayectoria histórica. Las trayectorias históricas se suceden unas a otras pero las anteriores permanecen latentes y presionando con sus valores, principios, anhelos, logros y fracasos sobre las nuevas trayectorias.

Son cuatro las grandes trayectorias argentinas: liberalismo (1853-1916), nacionalismo (1916-1943), populismo (1943-1983) y democracia (1983-). Cada trayectoria argentina enfrentó a la pretensión colectiva anterior con nuevos valores e ideales, que significaron la pérdida del poder de la clase dirigente hegemónica a manos de nuevas coaliciones de poder.

En 1853, la Generación del 37 con el concurso de Urquiza derrotó al caudillismo e instauró los principios liberales que signarían la gran etapa ascendente de la joven nación, fundando la trayectoria liberal. En 1916, la lucidez de los reformistas liberales superó la resistencia de los grupos conservadores y produjo la revolución por los comicios, inau-gurando con la ley Sáenz Peña la trayectoria posible de una democracia con sufragio universal, libre y secreto. Esta trayectoria posible se tiñó de nacionalismo y colapsó en 1930, abriendo el paso para el retorno de las fuerzas conservadoras merced al abuso del fraude. Pero, en 1945, el populismo de Perón liquidó la trayectoria nacionalista y el poder unido de radicales y conservadores: nacía la trayectoria populista. Durante esta trayectoria, el poder militar surgió para equilibrar un sistema político donde el peronismo gozaba de amplias mayorías. En la década del setenta, el poder militar tuvo la pretensión hegemónica de reorganizar la nación desde una visión mesiánica. Sin embargo y contra todo pronóstico, en 1983 el radicalismo liderado por Alfonsín ganó las elecciones y llevó a juicio a las Juntas Militares, terminando con la prolongada hegemonía de los uniformados. Ante esta sucinta revisión histórica, para que una nueva trayectoria tenga sentido histórico tendrá que conquistar su vigencia en la sociedad argentina superando al poder hegemónico presente, esto es, al peronismo. El peronismo seguiría teniendo un lugar en la política argentina pero sin la supremacía actual.

La pregunta pertinente es simple y directa: ¿existen fundamentos en el presente argentino para postular una quinta trayectoria? Puede decirse que están dadas las condiciones para una trayectoria posible que se entrelace con las trayectorias anteriores, principalmente con la democrática, porque ésta ha dado todo de sí y se degradó en manos del peronismo hegemónico en una democracia de baja calidad y resultados mediocres. Una nueva trayectoria argentina tendría que desplegarse en moldes de un fuerte afianzamiento de las instituciones de la Constitución y en virtud de ello tendría un nombre que habla por sí solo de su contenido: la trayectoria institucional.

¿Es posible una trayectoria institucional? Aun cuando el mundo occidental vive una era de intensas dudas sobre sus valores y enfrenta poderosos desafíos internos y externos, la cosmovisión dominante sigue siendo la democracia liberal y republicana, basada en instituciones sólidas y en el Estado de derecho. Por el lado de los recursos, la Argentina mantiene intacto todo su potencial y el talento y la capacidad de esfuerzo de su población. Compensa estos elementos positivos la presencia de un Estado hipertrofiado en gastos y minusválido en servicios, que es un pesado lastre para la sociedad civil.

No obstante estas facilidades y dificultades, el factor clave radica en evaluar si la sociedad argentina tiene una clara pretensión de dejar atrás la hegemonía peronista para dar lugar a una trayectoria institucional de nuevo cuño. En los cambios de trayectorias de 1853, 1916, 1945 y 1983 existió un factor común: la aparición de líderes que encauzaron pretensiones sociales renovadoras y fijaron el camino para toda la sociedad. ¿Existe un consenso parecido en la actual circunstancia política? A pesar de los resultados de la primera vuelta presidencial, a priori no se observa la presencia de una pretensión colectiva con poder suficiente para garantizar el inicio de una trayectoria institucional. La demanda social por superar la hegemonía peronista todavía no está madura.

Sin embargo, puede haber lugar para una mirada más optimista. La sociedad argentina ha vivido sujeta a los vaivenes de líderes personalistas en cada cambio de trayectoria y ello ha impedido que se logren consensos básicos permanentes. Poniendo la mirada en los candidatos que han competido por la presidencia del país el 25 de octubre pasado, se aprecia que por primera vez en décadas comparten programas e ideas en prácticamente todos los campos de gobierno. Ha llegado la hora de los consensos, económicos, en salud, en educación, en relaciones exteriores, en la búsqueda de la equidad, en políticas de seguridad y en casi todos los campos del quehacer nacional. Sólo la materialización de un inédito consenso entre las fuerzas políticas tendría la potencia suficiente para escapar de la densa atmósfera de la hegemonía peronista-kirchnerista e inaugurar una trayectoria institucional que nos devuelva la esperanza, el progreso y la equidad.

Historiador, miembro del Club Político Argentino

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