
Una olimpíada para Maradona
Por Malena Gainza Para La Nación
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PUNTA DEL ESTE.- ¿Es Diego Maradona el deportista del siglo? Así opinó el Círculo de Periodistas Deportivos, al premiarlo con el Olimpia de Platino, el 20 de diciembre. Sin embargo, o quizás alentado por esta insuflación a un ego enfermo, a los pocos días fue internado por sobredosis de cocaína.
Maradona jugó a manejar la droga en su vida como la pelota en la cancha. Ensoberbecido por la idolatría de fanáticos, adulones y vividores, se creyó, como tantas otras víctimas, invulnerable a su poder insidioso sobre la mente y el cuerpo de quienes osan desafiarla.
Lejos del equilibrio
Superdotado para el fútbol, Maradona lo tuvo todo y, por soberbia o por adicción, todo lo está rifando. Dejó de patear la pelota para patearse el alma, transformado en un "loco zarpado" que corre detrás de la droga, gambeteando entre el golazo de la sobredosis y la meta final del paro cardíaco, ante la dolorosa impotencia de su familia y admiradores sinceros. Gran parte de la opinión pública cuestionó el premio a Maradona, dado que el nombre Olimpia debería reflejar el criterio de los antiguos griegos, para los cuales la función del deporte en la educación de un ciudadano era ejercitar y poner a prueba el valor, la disciplina y la perseverancia del individuo, en consonancia con el concepto de areté o excelencia, indispensable para forjar al "hombre sabio y bueno" del ideal homérico.
Olimpia también evoca el espíritu de los antiguos Juegos Olímpicos, que propiciaban el desarrollo armónico corporal, espiritual e intelectual del individuo (a través de competencias deportivas y artísticas organizadas dentro de un marco religioso), buscando un equilibrio ideal entre la educación del cuerpo y de la mente.
Sin duda, Maradona está lejos de ese equilibrio. Sus proezas deportivas contrastan con sus desmanes en la vida real, donde la fotogenia del arito prevalece sobre la filosofía de la areté , en perjuicio de los jóvenes que aspiran a emular en la vida a sus héroes de la cancha, sin cuestionarlos.
Diego Maradona, como deportista, no cuaja dentro del marco olímpico. Tampoco, por su bien, quisiéramos verlo dentro del circo romano, cual gladiador desahuciado en las fauces de la droga, donde algunos pretenden sentenciarlo.
En el circo globalizado posmoderno de fin de siglo, las fieras rugen en las tribunas. Los jugadores que compiten por la pelota en la cancha ya no son los protagonistas del espectáculo, sino más bien la excusa para el negocio que corre y vuela en torno a ellos, para el culto de la violencia y de las drogas de las barras bravas, para el despliegue de dealers cazadores de adictos.
Ahora, el honor de los deportistas se valora en frascos de orina, el dinero compra gloria, las camisetas de los jugadores promueven el consumo de sustancias tan antideportivas como alcohol y tabaco, los jugadores son canjeados entre clubes como meras figuritas, en la cancha todo se vende y todo se compra, el amor a la camiseta ya no proviene del corazón del jugador sino de su bolsillo.
En este panorama, a Maradona sólo le queda la posibilidad de una durísima maratón final: la desintoxicación lejos del negocio futbolístico (si realmente aspira a una vida plena, debe renunciar a aspirar cocaína). Y así como supo aprovechar sus talentos naturales para triunfar en la cancha, ahora deberá buscar dentro de sí talentos que le permitan triunfar en la vida, con el apoyo de su familia, de sus amigos verdaderos y de un público leal que lo aliente también en este difícil campeonato.
Hombre de carne y hueso
En la Antigüedad, tanto significaron los Juegos Olímpicos para los griegos, que solían medir el tiempo por el intervalo de cuatro años estipulados entre cada juego -una olimpíada- y, para celebrarlos, pactaban treguas en sus guerras.
Y con este mismo espíritu olímpico quisiera pedir especialmente al Círculo de Periodistas Deportivos y a todos los demás periodistas una tregua para Maradona.
Que por cuatro años se olviden de su existencia, a fin de permitirle una rehabilitación en paz, si es aún posible, a uno de los más talentosos futbolistas de nuestra historia. Porque si bien fue héroe en la cancha, es hombre de carne y hueso en la vida real y, aunque merezca el Olimpo por sus hazañas futbolísticas, vive con nosotros en la Argentina.




